Uno (no) cosecha lo que siembra…

De libros:

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Uno cosecha lo que siembra, dice la frase popular, y en general me parece cierta y atinada (en el patio de atrás arrojamos los desechos orgánicos y ya creció un árbol de aguacates). Sin embargo, creo que esto en las letras no aplica. He conocido mucha gente (no diré nombres) que son capaces de citar de memoria algunos textos de los más grandes autores (El citador más grande del mundo, el libro que no escribió Og Mandino), frases de grandes pensadores y que, además, parecen haber leído todo lo que las buenas consciencias de la literatura actual recomiendan. No obstante, a la hora de leer los textos que ellos producen, uno se pregunta a dónde se fue todo eso que leyeron y saben: frases cursis, ripios de alto octanaje, historias triviales y poemas que suenan a declaraciones de amor adolescentes llenan las páginas de sus más de 200 mil libros. Uno no siempre cosecha lo que siembra, o no siembra tan profundo como parece, aunque la semilla sea buena (aunque suene a parábola bíblica) o simple y sencillamente el terreno no es tan fértil como podría parecer.

2
Bolaño recomienda, en su Prólogo: consejos sobre el arte de escribir cuentos

1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

…Y hace ver como cosa fácil eso de no repetirse uno mismo hasta el hartazgo.

Pero eso de no repetirse uno mismo está difícil, y a veces lo hacemos más que por maldad, por estupidez. Escribir tandas de dos o tres cuentos, de un solo golpe, se dice más fácil de lo que se hace, y no sé si a Bolaño le daba por hacerlo así o era capaz, o simple y sencillamente se comportaba como el hombre que, cerveza en mano, le pide a su hijo que nunca beba. Lo mismo aplica, creo, para los ensayos, poemas y crónicas: hay que escribirlos en tanda, para no estar ida y vuelta, vuelta e ida, sobre los mismos temas (como los revolucionarios que se hacían burgueses en la obra de Carlos Fuentes, o como las críticas a ese respecto en esta columna).

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En botánica:
Un pájaro picotea una guayaba, emprende el vuelo y defeca en el aire (pero el aire le cede el honor a la tierra y es ella quien recibe el paquete); entonces, luego de mucho tiempo, el excremento desaparece y sólo permanecen las semillas: crece ahí un árbol. Natural.

En “literatura”:
Un novel escritor (sic) lee a Onetti, emprende el vuelo (¡Oh, musa, canta la cólera del que cree que escribe bien!) y defeca en la hoja, que guarda junto a otras hojas similares, hasta formar un libro; entonces, luego de mucho tiempo, el excremento se erosiona y no crece ahí nada que se parezca a Onetti, aunque el autor (y su abuela y su pareja) crean que sí. Natural. Y lo mismo una y otra vez.

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Mensaje para los que no sabemos escribir bien:
Por educación, como en la mesa, no repita.

De lobos:

Algún alma caritativa subió a Youtube un par de capítulos de Misterios sin resolver, la serie que marcó (entre otras cosas) mi infancia. Y ahora que los vuelvo a ver, me doy cuenta de que son historias sumamente interesantes (no todas son sobre ovnis y fantasmas). El caso más interesante (que, lamentablemente, ha sido borrado de la red por cuestiones de copyright) es el del Queen Mary, un barco fantasma. Creo que hay muchas claves del buen narrar en la estructura del programa.

En Youtube, de igual forma, puede encontrarse Las horas del día, de Jaime Rosales (sin parentesco), una película en la cual también, creo, hay claves del buen narrar.

Si Bolaño decía que los cuentos se trabajan de dos o tres, también las recomendaciones.