Sobre Tanuki y las ranas

La escritura es una materia que admite la plastificación, lo que comúnmente se ha denominado “estilo”. Proyectarla hasta el punto de volverla irreconocible es la tarea que se propone —incluso sin saberlo—, quien aborda las formas de su ejercicio con una aspiración de orden estético. La otra escritura, la que sólo se fabrica para olvidar el paso del tiempo, queda atada a moldes reconocibles, asentados en una geografía vuelta normalidad, por lo que son libros que se terminan más por disciplina lectora que por un auténtico interés en atestiguar cómo el autor cierra la pinza.

En medio de la pasarela actual de normalidades vitoreadas por el mercado, César Cortés Vega (Ciudad de México, 1976) intenta la disgregación de la forma antes que su dilucidación. ¿El resultado? Tanuki y las ranas, un volumen de escritura que debe visitarse a tientas para distinguir, si esto es posible, en qué momento la realidad se confirma estrambótica en medio de la sobriedad más incorruptible. La anécdota que sirve a Cortés Vega se relata en pocas palabras: una mujer hace una invitación abierta para sostener relaciones sexuales a ser grabadas en video. Con eso despliega el menú de lo que será el andamiaje narrativo: la tecnología al servicio de la nueva carne, la metafísica de las costumbres de un siglo que amanece, así como la virtudes del mirón y la posibilidad de quitarse la etiqueta de “pervertido”.

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La narración avanza en su voluntario precipicio y renuncia a la transparencia para adentrarse en las opciones que ofrece el lenguaje para diluirse. En su felicidad circular se coloca una bomba en el pecho y la anécdota languidece para dar nacimiento a pliegues que ganan cobijo en pixeles de una pantalla que no deja de transmitir. El debate que nunca termina sobre la moralidad de la pornografía, ni siquiera inicia debido a la contundencia de considerarlo otro objeto al uso. Por otra parte, el azar que gobierna los acoplamientos, sean regulares o esporádicos, ya no tiene cabida en un entorno que escasamente distingue entre lo que sucede en los monitores y la realidad fenomenológica de apariencia colectiva.

En los atributos de su contención, el libro es una celebración carnavalesca del contacto en un medio que se subraya digital y, por lo mismo, no pasa de largo ante la opción de consignar la necesidad del otro, así sea a través de esa forma malévola de interacción social que es el avatar, o sea a través de la forma canónica que implica un roce de las emociones. Cindy Sherman o David Cronenberg leerían animados este libro, anticipándose a la búsqueda casual de los dos personajes principales para filmar una película. En la estética de la “nueva carne”, la prótesis es indistinguible de la corporeidad biológica y ambas se asimilan en una fusión cuyo grado de sofisticación hace pensar en el devenir de la humanidad. Sin ser propiamente de ciencia ficción o “weird fiction”, Tanuki ofrece un interés singular a los perseguidores de las atmósferas de J. G. Ballard y, en lengua española, a los de Mario Bellatin, que van tras ese detalle que pasa desapercibido y que fuera de contexto termina por erizar el espinazo.

Cortés Vega, del que entiendo es un tránsfuga de otras artes, además de la propiamente literaria, logra una síntesis de formas que se sueltan nada más sostenidas con la punta de los dedos. Tal es su fugacidad o soltura. Tanuki… entra en el imaginario de los lectores con un formato de pesadilla y se rehúye a la dictadura del alfiler que intenta fijarlo en una pared con fines de catalogación. Otra de las virtudes del libro es su transformación espejeante, que busca escapar de los nichos que le permita volverse el “libro de referencia”, a la manera de “la novela del sexenio de…”, “el libro más radical sobre…” “el retrato más verídico de…” y demás formas de la comodidad narrativa, tan extendida en estos días. Esto es, cuando la imaginación está encendida, no hacen falta juegos de artificio para iluminar un cielo negro. En la actual lluvia de balas de salva, Tanuki… alcanza un objetivo aunque jamás será el que se había proyectado. Es su naturaleza y eso lo hará caminar más allá de las intenciones de Cortés Vega.

Cortés Vega, César. Tanuki y las ranas. México: Librosampleados, colección Textitlán, 2016.