La vida escondida aún, de Alfredo Lèal

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

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Existen condicionantes que definen la lectura de un libro: el género literario al que pertenece, la formación y contexto del lector, conocer o no al autor… La vida escondida aún, de Alfredo Lèal plantea otras variables. La misma obra las vislumbra: “no llamar, aún, no nombrarla todavía, a ésta, ‘reflexión poética’, ‘ensayística’, ‘novelesca’, pues ese es precisamente uno de los problemas de los que me gustaría hablar”.

1. Novela: ésta es la narración de un autor que aún sin tener nada que decir, lo dice. No es la creación de una novela a partir de la aceptación de la imposibilidad de escribir una novela, sino la exploración de temas, de personajes, de obsesiones, que hacen a un autor plantearse la posibilidad de escribir y publicar un texto, los fragmentos de un texto. En este sentido, el autor/protagonista es un escritor y traductor preocupado por las condiciones extratextuales que permiten que un libro sea publicado. Un libro, en este sentido, no entendido como una historia única, sino como la opción de unir retazos y fragmentos y lograrlos hacer pasar como una unidad: “dejar ir los fragmentos de los libros inconclusos”, señala en algún punto. En este sentido, la obra de Lèal son varias historias amarradas o unidas gracias a este escritor que se repite una y otra vez una frase del escritor y diplomático francés Romain Gary: “La lucidez total es la muerte y la autodestrucción. La felicidad está hecha, en gran medida, de beata ignorancia”. Alrededor de él están sus amigos; una traductora; sus reflexiones en torno a la academia de la UNAM, de la Facultad de Filosofía y Letras; su incapacidad por sentirse integrado con otros escritores que enaltecen lo contemporáneo, pues él vuelve una y otra vez a Proust, Canetti, Ortega y Gasset, Salinger, Joyce, Dostoievski, Balzac… Es la novela de ‘Alfredo Lèal’, el personaje, que se cita y reflexiona respecto a sus libros anteriores. En este sentido puede calificarse como autoficción, pero al recrear a otros personajes, a otras obras en marcha, la conceptualización de la obra se queda corta.

2. Ensayo: dice la estudiosa Liliana Weinberg, a quien ‘Alfredo Lèal’ cita, que todo ensayo tiene dentro de sí una “caja negra” que permite comprender cuál es su intención: con quién debate, qué pretende imponer, el punto de vista desde el cuál debe acercarse el lector a su objeto de estudio. La vida escondida aún da entonces una pista al citar a Fellini: “todo lo que nos ha contado es nada; todo lo que sigue también”. Es esta una obra que, según su autor, pretende dialogar con la frase antes citada de Romain Gary y reflexionar sobre la forma cómo escribe un autor contemporáneo: de noche, sin trabajo, fumando, releyendo y volviendo a los fragmentos que ha ido olvidando, pero también pensando en que esa escritura no basta, que debe dar el salto a la publicación para que signifique. Cómo hacerlo si las editoriales no se preocupan sólo por el texto, sino porque el lector se sienta complacido por él. La apuesta de ‘Alfredo Lèal’ entonces es algo imposible de publicar, pues la reflexión dentro de una novela no es “atractiva” para un “lector/comprador”. Y aunque el mismo personaje se cuestiona la validez de reflexionar dentro de una obra de ficción, va más allá y no sólo se dedica a pensar a través de sus personajes, sino que lo que consigue es, por medio de sus historias desbalagadas, cuestionar el mundo editorial y no sólo las obsesiones personales. En este sentido, aventura una apuesta mayor, engañar al lector y tratar de convencerlo de que no le está diciendo nada, que lo que lee es el desvarío de un personaje, aunque en realidad le comunique su visión del mundo editorial y literario. Como ensayo, La vida escondida aún se vale de la ficción para imbuir al lector en un mundo donde le explicará por qué es una obra con méritos literarios y por qué lo otro, lo que está en las editoriales comerciales, es una apuesta mercadológica más que literaria. Por ello se refiere al “Lector, mayusculado por derecho y por respeto”…

3. Metaficción, autoficción, posmodernidad literaria: la personaje ‘Luisa Emilia Rossi Aranda’ le confiesa a su diario que no hay nada nuevo, sino el mismo silencio de todos los días, las mismas palabras, el mismo pensamiento; por lo tanto escribe sin saber por qué, como una especie de maldición; pero a pesar de que no hay nada nuevo, continuará escribiendo, todos los días. Esto es lo que hace ‘Alfredo Lèal’: escribir todos los días, hacerlo porque es lo único que tiene: al estar desempleado, al no poder avanzar en una historia única, al volver al pasado en que se vislumbraba como escritor (con todos los estereotipos alrededor). Escribe porque debe esperar, aunque no sepa qué; aunque esto intente hacerle creer al lector durante todas las páginas del texto con excepción de tres breves líneas en donde se desenmascara y da a conocer su juego al lector quien, de no estar atento, se quedará con la idea de haber leído, re-leído la historia de un autor que quiere escribir, aunque no pueda. Las líneas son las que por fin dan luz a su personaje: “Yo no me he rendido aún: escribiré más, hasta el cansancio, hasta el final, hasta que llegue a encontrar y tocar, aunque sea por un microsegundo, LA ESCRITURA”. Por ello es relevante que junto con Piglia señale que su obra está entre las notas escondidas de sus libros, entre sus lecturas. Por eso es que remite a personajes reales, a libros reales, a un homónimo que busca hacer creerle al lector que es el mismo que el autor, al simplemente nominarlo como ‘Alfredo Lèal’. Por eso dice que la obra es novela, es ensayo, es reflexión y no es nada de esto por sí mismo. Por eso dialoga consigo mismo, pero también con el lector. Por eso juega a inscribirse en la (pos)modernidad al negar la tradición, aunque en realidad la reafirme…

La vida escondida aún es la apuesta de un autor que, al burlarse de lo contemporáneo, aboga por lo clásico. En su juego necesita un lector atento que lea entre líneas lo que los personajes señalan, que no les crea todo, porque, como el escritor decimonónico, Lèal intenta escribir una novela total, una novela que refleje el mundo en que está inscrito, que pueda desafiar lo mercadológicamente literario y que, a través de una escritura cuidada y sincera, que apuesta por ir más allá de las tramas y de los géneros, logre una obra que no dé respuestas, sino que cuestione y con ello brinde al lector mucho más. Y con La vida escondida aún, Lèal consigue todo esto y mucho, mucho, más.

Lèal, Alfredo. La vida escondida aún. México: Librosampleados, 2016.