Entrevista a Antonio Marts, coordinador de Editorial Paraíso Perdido

A un lado del Teatro Degollado, en el Centro Histórico de Guadalajara, Jalisco, Antonio Marts acude a la cita con SuplementodeLibros.
Hace casi 20 años cofundó Editorial Paraíso Perdido, una consecuencia de venir editando La voz de la esfinge, publicación literaria que nació con un perfil poético. A partir de 2013, se dio a la tarea de convocar un nuevo equipo para reconstruir este proyecto que, en 2008, parecía haber fenecido pero que tras un receso de casi cinco años, logró convertirse en uno de los sellos tapatíos con mayor potencial. Este año suman casi cien títulos publicados, repartidos en ocho colecciones. Basta mencionar que, en 2014 lanzaron la hoy llamada Biblioteca Instantánea (que rebasa los 30 títulos) con plaquettes de narrativa de autores emergentes, mientras que durante 2016 publicaron una decena de libros de cuentos que, pese a tener un tiraje de 500 ejemplares cada uno, les han dado visibilidad más allá de la escena local. Su apuesta es pujante tanto a lo externo como a lo interno: a la vez que buscan mejores canales de distribución para dar a conocer sus publicaciones por las metrópolis del país, han establecido la transparencia como dinámica en la relación con los autores.

Empezamos hace un buen rato publicando poesía y creo que como muchos proyectos, sobre todo cuando los editores son jóvenes, se inicia publicando a los amigos (porque) son la referencia más cercana, porque te interesa que sean leídos y también porque a veces le entran con lana. Con el tiempo los proyectos se van decantando, de hecho la gente con la que empezamos ya no forma parte porque hubo un momento en que entramos en crisis. Del 2013 a la fecha, con gente que decide integrarse al proyecto, el plan fue intentar algo más profesional, algo más serio“, resume dieciocho años de labor editorial, en los que “revisando archivos y contando desde los primeros títulos, alcanzamos los cien títulos, de los cuales están vigentes alrededor de veinte“, precisa.

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Marts cuenta que su vocación como editor surgió como diseñador gráfico. “Siempre quise trabajar en la radio pero no pude pagar la carrera de Comunicación y como soy un poco flojo tampoco quise buscar una beca, entonces me fui a diseño y a la par que estaba estudiando entré en contacto con un editor que aquí en Guadalajara tenía fama de pelearse con quien le ayudara, en ese entonces publicaba una hoja de poesía y precisamente se peleó con su diseñador y me invitaron a entrar como emergente. A mí me sirvió para acercarme a todo este ambiente de la redacción y creo que el gusanito de la edición nació allí“.

Años después, tal y como debía pasar, acabamos bronqueados y junto con amigos que también trabajaban en esa publicación decidimos hacer la propia, que salió como una hoja literaria (8 números) y luego como revista (21 números)”. Esta última “nació un año antes que la editorial, y después publicamos tanto la revista como los libros“, aclara.

El nombre de la editorial no tiene que ver con (John) Milton“, asegura. “En un libro de diseño me topé con un grabado que representaba el Árbol del Bien y del Mal que era el logo de unos editores judíos. Me gustó la idea de que los libros nos permiten ingresar a un mundo paralelo -en aquel momento pensé sí, en un paraíso- pero me gustó el nombre. Y así se quedó, pensando en recuperar el placer por la lectura, que los libros que publicamos provoquen un tipo de placer al lector, que se queden con una buena sensación después de leerlos“.

La voz de la esfinge salió como una hoja literaria en la que por el formato de tríptico publicabamos principalmente poesía, luego de dos años la hicimos revista y sacamos 21 números, el último en impresión digital para cumplir con la beca Edmundo Valadés por lo que no tuvo mucha distribución; de hecho, nunca la tuvo. Creo que ahora esta problemática ya es más fácil de solventar: nosotros trabajamos con la gente de Tabaquería Libros y lo que ellas no cubren, lo hacemos nosotros directamente“.

Si bien el tema de la distribución por ahora no le preocupa del todo, un tema que no puede dejar pasar son las librerías: “No es secreto que los libros no duran en las mesas de novedades, a veces ni siquiera se ha hablado de un lanzamiento (ya no en periódicos, digamos en un blog) cuando la gente ya no lo encuentra, y si el libro no está en la librería a la que uno acostumbra ir a comprar es difícil que alguien vaya a buscarlo“.

Sin embargo, para Marts no todo está perdido: “Algo que se me hace muy interesante son esas librerías que en diferentes lugares han estado surgiendo. Algunas no son del todo librerías, son centros culturales, o cafés o fruterías y allí los libros son novedades todo el tiempo porque se manejan catálogos afínes. Son gente que son lectores y abren espacios porque les gusta apoyar, hasta donde pueden, este tipo de proyectos, y para nosotros es importante estar en estos lugares en los que se vende lentamente pero nuestros libros están mejor“, asegura.

Durante la charla, Marts evita concentrarse en problemáticas. Afirma que una vez que la parte monetaria se resuelve hay que darle tiempo al cuidado editorial, a la revisión “para no caer en la trampa de las prisas” y que el libro salga descuidado. “A nosotros nos gusta mantener un diálogo muy abierto con los autores para ofrecer una mejor propuesta (literaria) pero eso requiere tiempo, además somos un equipo pequeño, de cuatro personas. Creo que son los aprendizajes de cualquier editorial: saber sus propios límites; y este 2016 nos va a servir para definir cuántos títulos publicaremos en adelante, porque no tiene caso producir bajo la ilusión de creer que mientras más títulos tengas es mayor la venta“.

Distribución y ventas, el talón de Aquiles de todo sello, parecen ser temas interiorizados a profundidad para Marts, quien asegura que su “catálogo se integra de libros que pueden agotarse en dos o tres años. Nos interesa que vayan encontrando a sus lectores, porque incluso puede ser que al encontrarse un buen libro les quede la referencia de la editorial“.

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Marts define que su línea editorial surgió “en parte por coincidencia y en parte por la búsqueda de autores mexicanos nacidos a finales de los setenta y principios de los ochenta, (aquellos) que quizá no han terminado de dar el brinco pero que nos agrada su narrativa“.

Asegura que la variedad de propuestas es la constante en su catálogo. “Desde un libro muy explosivo como el de Eric Uribares (Las conspiraciones fallidas) que ironiza sobre el altermundismo y presenta personajes que pertenecen a grupos de veganos extremistas o anarcopunks, pasando por Gabriel Rodríguez Liceaga (y su ¡Canta,herida!), quien tiene un manejo del ‘slang chilango’ y una mirada hacia la infancia” que hace que, “de alguna manera todos nos sentimos identificados“. También destaca a un narrador tapatío, Héctor Palacios “a quien le publicaremos una novela con un samurai japonés como protagonista, quien termina en Guadalajara después de abordar un barco hacia la Nueva España (Lejanos guerreros), estamos hablando de una trama situada en 1600, en la época del Virreinato; así como los cuentos de corte fantástico de Cecilia Magaña (quien participó en Río entre las piedras. Guadalajara como espacio narrativo). Todos son diferentes pero con un trabajo muy serio en cuanto escritura”, resalta.

Creo que la difusión que este año tenemos, producto del trabajo del año pasado que invertimos tiempo en contactar autores, se debe principalmente a estrechar lazos con autores de la Ciudad de México para luego hacer algo similar con autores de Tijuana, Monterrey, Puebla, etcétera“.

¿Y cómo es la relación con los autores, cómo es el acuerdo?
A partir de un contrato. No estamos en condición de dar las regalías al inicio pero damos el diez por ciento a finales del año. En mi concepto de editorial el autor no debe poner dinero pero sí me gusta que se involucre, que sienta que es parte del libro más allá de haberlo escrito. Tratamos de que todo sea transparente: si se termina el tiraje les avisamos; firmamos un contrato que regula todo esto para darle seguridad a ambas partes y además, porque queremos vender derechos a editoriales extranjeras y para ello es básico tener un contrato. Queremos que nos vean como una opción para su segunda edición o su siguiente libro, pero no es obligatorio.

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De los narradores locales que has publicado, quién sería tu secreto mejor guardado?
Publicamos un autor que para mí, lamentablemente, no ha logrado dar el brinco. Se llama Rafael Medina y editamos sus primer libro y luego se fue a Ediciones Arlequín -una de las editoriales importantes de la ciudad- pero regresó con nosotros. Entonces no hay secretos. Quizá Édgar Velasco podría serlo. Su primer libro (Ciudad y otros relatos) lo reimprimimos pero creo, le hace falta un segundo libro que pueda llamar más la atención. Aunque su proceso de escritura es más lento que el de su grupo de amigos (Antonio Ortuño y Mariño González), él también tiene mucha calidad. También está Abril Posas, que me parece una talentosa narradora. Nosotros le publicamos una plaquette el año pasado y aunque no tiene un volumen de cuentos sí ha publicado en antologías. Ella es otra de nuestras apuestas.

¿Por apuesta te refieres a que están dispuestos a acompañar la carrera literaria de sus autores?
Hasta donde ellos quieran, ¿no? Sería genial que un autor lograra la invitación de Tusquets y yo no me voy a poner mis moños; es decir, me queda perfectamente claro hasta donde podemos apoyarlos. Muchas veces también es compromiso del propio autor, algunos no tienen interés en eso de “la carrera literaria”, pero a aquellos que nuestro proyecto sí les puede servir como un trampolín yo no voy a ponerles peros. Al contrario. Me interesa el tema de las traducciones, que en algún momento la editorial pueda funcionar como agente literario para que los autores puedan publicar en editoriales fuera de México.

¿Qué modelo editorial dirías que admiras?
Me gusta el modelo español de Impedimenta, de Libros del Asteroide, de Nórdica. Son un grupo pequeño de editores que buscan cuidar el catálogo y le apuestan mucho a la traducción. Quizá en México es un poco más complicado conseguir derechos o estar en contacto con las obras pero me gustan que tienen conceptos delineados. Por mi formación como diseñador gráfico me interesa que la imagen de la editorial sea muy clara y concisa. Mi interés es que nos identifiquen como una editorial que le está apostando a narradores, principalmente emergentes. Publicamos lo que nos gusta y buscamos historias que se salgan un poco de lo esperado, con un guiño a lo contemporáneo pero que no tenga ganas de entrar al circuito comercial.

¿Qué tipo de editorial dirías que es Editorial Paraíso Perdido?
Me gusta usar el término editorial alternativa pensando en lo que publicamos, autores que de alguna manera aún no llaman o no llamarán la atención de los grandes grupos. Para mí lo alternativo te permite apartarte de lo más mainstream. Podría usarse el término de independiente pero creo que la independencia debe ser monetaria porque mientras sigamos necesitando becas o coediciones no vamos a lograr la independencia. No es que vea mal estos mecanismos nada más que pienso que el ideal es no depender de ellos.

Entonces, ¿cómo asumen las coediciones?
La coedición lo hemos hecho con instituciones locales y de algunos estados. Hace años hicimos una coedición con otra editorial de aquí, de Guadalajara, y la ventaja es que se dividen los gastos o existe un apoyo en la impresión que por lo menos para nosotros es lo más complicado porque el diseño y toda la edición lo hacemos en casa. A veces se nos olvida que eso es un trabajo y tiene un costo que debe incluirse en el precio del libro. Tuvimos una coedición con una editorial de Canadá luego de que en 2004 o 2005 el invitado a la FIL fue la región de Quebec y sus editores vinieron de una manera abierta a contactar lo mismo a grandes grupos que a editoriales pequeñas porque ellos buscaban que sus autores francófonos se dieran a conocer. Publicamos a cinco quebecquenses (entre ellos Mariposas refractadas/Papillons réfractaires de Jean-Éric Riopel) en intercambio con la publicación de cuatro mexicanos en Quebec. Estuvimos trabajando así, sin problemas, alrededor de cinco años o más pero luego hubo ajustes y la editorial con la que trabajamos (se refiere a Éditions Écrits des Forges) dependía mucho de los apoyos del Ministerio de Cultura y se puso en pausa por lo que quedó un libro pendiente.

¿Qué hace falta en la escena editorial alternativa o independiente?
En una época con tantas comunicaciones paradójicamente nos hace falta contacto entre editoriales. Nos enteramos pero realmente no hay un contacto que podría permitir en una alianza que no sea necesariamente una asociación porque, muchas veces, las asociaciones no hacen nada. Lo que veo es que cada comunidad resuelve a su manera, por ejemplo, los poetas difunden sus libros en .pdf pero eso genera que se elimine la figura del editor y bueno, un editor no es aquel que se enriquece sino quien da forma a los libros. Son posiciones encontradas. Me parece que como editores alternativos o independientes nos falta ver con quién tenemos cierta afinidad para lograr sacar algo en conjunto con la ventaja de abaratar costos para ambos y también en la difusión. Nosotros estamos abiertos, pero hace falta consolidar al sector. A veces no llegamos ni al consumo entre nosotros mismos y si queremos que todo esto se convierta en una industria tenemos que dejar de regalar las cosas, porque todavía nos da comezón invitar a que tus libros sean comprados. A veces ni el que escribe compra libros. Hay muchísima producción y hay buenos proyectos pero son pocos los editores y los autores y los correctores y los diseñadores y los ilustradores y traductores que viven de su trabajo. No estaría demás ser un poco más solidarios entre nosotros.

¿De los sellos mexicanos, cuáles te resultan interesantes?
Hay varias que me gustan: Acapulco; Alias; lo que estaba haciendo Posdata y ahora hace Atrasalante; lo que está haciendo Cuadrivio también me parece interesante sobre todo porque se manejan por suscripciones y es algo que no había visto que a alguien le funcionara. También el trabajo de Mantis me gusta y lo respeto mucho (porque) me ha tocado ver casi desde que empezaron.
No me declararía seguidor pero lo que me gusta de Moho es que se han mantenido en su línea, en su apuesta.
Me gustó la propuesta de Terraza 27 en cuanto a agrupar a la gente de Monterrey…

En ese sentido, Marts afirma que, en Guadalajara, existe “una aparente cordialidad entre todos” los editores. “Los años de férrea rivalidad ya no nos tocaron: te estoy hablando de hace 20 o 40 años atrás; sin embargo, sí creo que hay ciertas diferencias“. Por un lado, “hay un grupo de editoriales que le están apostando totalmente a lo marginal; es decir, no les interesa darse de alta en Hacienda o distribuir en librerías comerciales. Hay otra parte de editoriales que sí nos interesa poder distribuir mejor los libros y entrar tanto a una cadena comercial como a librerías pequeñas. A veces se polarizan las cosas. Lo que a nosotros nos interesa es que los autores sean leídos fuera de Guadalajara. Creo que más que hablar de una rivalidad se trata de dos posturas y a veces eso dificulta hacer actividades en conjunto para que todos podamos mostrar nuestros libros o para dar continuidad a los foros o ferias. Hay una especie de celo. Fuera de eso, podemos sentarnos en un bar y cotorrear“.