portadas vemos…

De libros:

*El hábito de comprar libros y el hábito de leer no siempre van de la mano. Conozco gente que parece comprar los libros por metro, y tienen bibliotecas como las que tienen los jueces de las películas gringas, donde se ven largas hileras de libros del mismo tamaño y color, una foto del hijo que estudia en Harvard (capitán del equipo de Lacroisse) y una botella de cristal cortado que contiene whisky del más fino; pero esos libros no se leen: se tienen. Y conozco gente que lee mucho, muchísimo, aunque casi todo lo descargan de internet o acuden a las bibliotecas públicas para ello. No defiendo ni a unos ni a otros, sólo los menciono: hay que estar muy jodido para alabar a alguien por ser lector.

*Hace un par de meses fui a Gandhi con mi novia (a ella sí le gusta comprar libros, y también los lee y les pone separadores de colores y notitas al margen) y me ofreció comprarme un libro, el que yo quisiera. Escogí El aliento del cielo, de Carson Mccullers, pero luego me di cuenta que costaba $200 pesos. Elaboré, de camino a la caja, una lista mental de todos los hoteles, videojuegos, prendas y comidas que se podrían comprar/rentar con esos 200 pesos, y le dije que a lo mejor lo encontraríamos a un precio más accesible en la librería del Fondo de Cultura Económica que está rumbo a Meave, así que dejamos mi libro y caminamos hacia allá, pero el resultado fue el mismo (o casi): $198 pesos. Entonces decidí hacer lo que se hace en los centros comerciales: llenarte con muestras gratis y no tener que pagar nada en la caja. Destapé el libro, hice como que veía más precios y leí tres cuentos. No creo que Carson Mccullers venga del más allá a reclamarme por hacerlo, y supongo que Seix Barral no resentirá que no compre uno de sus libros. Me acabó por gustar el libro, así que se lo pedí a un amigo y ahora lo tengo en archivo electrónico.

*En 2015, en una reunión de “jóvenes escritores”, nos hicieron hablar sobre “el futuro de las publicaciones impresas frente al formato electrónico”. Más allá de chistes baratos e ideas que siempre recaían en “pues yo creo”, lo único que se me ocurrió comentar fue que, quizás, el futuro del libro sería similar al del Vinil o el CD: la gente descargaría montones y montones de cuentos/poemas/ensayos/crónicas, y sólo compraría un libro completo — y en formato físico— de aquel autor que les agradara más. También dije que los libros rara vez ofrecen un plus, y que quizás eso lleve a que un día dejen de venderse. Propuse una edición de Aura que incluyera un Bubble head de Carlos Fuentes y una playera con la foto de un revolucionario viejo que se había vuelto burgués. Además, el libro se abriría como un altar y tendría una tira de rascahuele con aroma a gato quemado (patente en trámite).

*La portada de un libro es bien importante (bien, bien importante); me gustan los de Almadía y una vez compré un par sólo por el aspecto, diametralmente opuesto al de algunas ediciones del FCE, que parecen una lápida en miniatura del autor. Insisto: libro no es igual a literatura.

*Al último libro que ganó el premio Ignacio Manuel Altamirano de poesía, con sede en Guerrero, deberían colocarle la imagen de una rata muerta y la leyenda “puede causar cáncer” en la portada. Y a muchos otros, de todo tipo de editoriales.

De lobos:

*Conforme pasa el tiempo, los anuncios de “hay que leer 20 minutos al día” son cada vez menos frecuentes en las pantallas del tren suburbano. Me da un enorme gusto dejar de ver a Benny Ibarra abrir un libro en blanco (que a lo mejor también sostiene al revés, cómo saberlo).

*¿Por qué no han puesto en Snapchat el filtro de escritor pueblerino primerizo? Tú te tomas la foto y la aplicación se encarga de colocar el micrófono, la plaquita con tu nombre y el símbolo de un municipio detrás de ti (segunda patente en trámite).

*Ya anunciaron una secuela para The Evil Within, el último juego decente de Survival Horror que he jugado. Y como me pidieron que todo lo que dijera se relacionara con libros, pues a lo largo del juego encuentras varias pistas en libros de medicina. Listo.