En auxilio de la memoria

Aún juzgo el acto viaje como a la fuente más auténtica de un proyecto literario. Es un fenómeno que aparece desde los primeros escritores y su capacidad para las historias deriva multidimensional y estroboscópica. Entre 2010 y 2015 realicé diversos viajes en los cuales llegué a la conclusión de que la memoria (esto es, la memoria literaria) podía ser auxiliada. No basta con aquello que se recuerda. Lo que percibimos en un momento es tan sólo una porción de lo que podríamos percibir, esto es, recordar. Ahora bien, como cualquier otro partícipe de la vida moderna, viajo con un teléfono y en este proyecto, al que denominé Siniestra Simulación, lo utilicé como una herramienta para registrar atmósferas, lugares, sonidos, imágenes entrecortadas y que se apareciera ante la cámara. Conforme se envejece, ya no es suficiente con lo que se guarda en la memoria, que pierde filo con el paso de los años, y la actividad literaria es exigente ante la construcción de un proyecto artístico.

Entonces me di a la tarea de reunir aquellos videos, cuya duración oscila entre los 30 segundos y el un minuto y medio, en un canal de Youtube que abrí en aquel entonces para este propósito específico, aunque luego crecieron sin orden. Pasados los años, sólo dejé los cincuenta videos que me parecen más próximos a mi búsqueda actual. Todos pueden verse alla prima, como dirían los pintores: sin retoques, ediciones para falsear o plastificaciones propias del insumo digital. Vistos en reproducción continua, con la ayuda de una “Lista de reproducción” que anoto más adelante, simulan una forma de producto fílmico sin ediciones a partir de momentos, lugares y ensoñaciones, con una duración no mayor a treinta minutos en conjunto. Una modalidad rústica de cinéma vérité sin mayores intenciones, desarrollada como un testimonio de la entusiasta actividad viajera, en la cual los protagonistas son paseantes, trenes, cristales y otros objetos en los que apenas nadie repara por juzgarlos sin interés.

En la vertiente literaria, por su parte, he defendido el valor de los libros “misceláneos”, aquellos que encarnan la suma de aspectos múltiples, sustraídos a premura de las horas, del vivir, del morir o de las carencias a las que nadie escapa, en los cuales figura lo que nadie (a apenas nadie) atiende. Estos libros permiten una lectura en desorden, más cercana al juego que impone la vida misma, lejos de los modelos rígidos y las pautas a rajatabla. Siniestra Simulación igualmente admite una aproximación salteada, como no podría ser de otro modo. Los lugares que se visitan son lo que menos importa, salvo que en ellos uno se reencuentra y procede a su refundación para después atentar contra las palabras e iniciar la escritura/reescritura.

Aquí puede verse este juego de imágenes en movimiento.