El año terrible, de Tamar Cohen

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

‘Dana’ es una adolescente de 17 años, obsesionada con que ‘Gabo’ se la faje en el asiento trasero de su Civic. Alucina con una escena fílmica en donde una pareja tiene relaciones sexuales. Escucha música en su iPod y viaja por la Ciudad de México sabiendo que su familia adinerada puede consentirle cualquier capricho o necesidad. Sin embargo, está deprimida y de nada vale todo lo anterior: porque llora cuando ‘Gabo’ le quita la blusa, porque aquella escena de película y los varios vibradores que compró de nada le sirven pues es incapaz de llegar a un orgasmo, porque la música es un fondo que le molesta apenas un poco menos que cualquier otro ruido. Está deprimida y su mundo es un tedio que se divide entre las horas que duerme, las que pasa comiendo y las que llora, apoyada apenas por sus amigas escolares y una tía.

El año terrible es una novela que desconcierta por la forma como trata la depresión de una adolescente, porque al hacerlo desde la primera persona es incapaz de quedarse en el medio tono y, por consiguiente, se percibe una franqueza que en ocasiones es una patada a la comodidad del lector. Asimismo, más allá del tema que retrata, es una exploración sin concesiones de la juventud, en la que la autora se adentra en el personaje de ‘Dana’ y logra mostrar a una protagonista bien perfilada, que no se preocupa por caer bien y que es honesta consigo misma. Su voz es la de una mujer cuyas preocupaciones son aún más inmediatas que las de sus compañeras, pues sabe que puede pasar por un buen momento emocional y al siguiente instante estar hundida en un pasaje que la lleve a pensar en el suicidio.

‘Dana’ es cruel y por eso mismo es franca. De su madre, quien en apariencia siempre está preocupada por ella, acota: “lo dice en voz bajita, la que usa para hacer un paréntesis en el diálogo, la que advierte que sus palabras deben escucharse con mayor atención. Me revientan sus paréntesis”. De su sexualidad señala que cuando quiere fajar prefiere usar pants y no pantalón de mezclilla para no lastimarse. De sus hermanos apunta que son molestos e imbéciles. Y de su vida no dice nada, porque el Rivotril, el Seroquel y el Paxil apenas le permiten medio pensar, pues sigue hundiéndose sin saber qué hacer para salir de la gran depresión que sufre durante un año.

El año terrible obtuvo el Premio de Literatura Juvenil Gran Angular 2015. La simplicidad y eficacia de su narrativa son un mérito que habrá influido en esta distinción. Sin embargo, también destaca por la forma como aborda una enfermedad sin caer en estereotipos, por la fuerza que imprime a su protagonista, porque retrata muy bien la vida anodina de una adolescente que puede ser cualquiera, quien se consume a la vista de los padres quienes creen cumplir con su responsabilidad al mandarla a un doctor y recriminarle su falta de voluntad para salir adelante.

Tamar Cohen narra segando los enunciados, liberándolos de preciosismos y con ello consigue una eficacia que impide que la temática influya en el ritmo de la historia. Quizá la salida de la depresión de ‘Dana’ podría haber sido más explícita, pero tal como se narra el lector comprende que los cambios son tan graduales que si no fueran así resultarían inverosímiles.

El año terrible es un libro que profundiza los temas que trata, que engancha desde su inicio y que sabe medir cada uno de los tópicos que conforman a su protagonista (sexualidad, emociones, amistad, familia). Es una narración sin temor por no ser políticamente correcta. Es un libro que puede resultar escandaloso para un padre, pero eso se debe a la franqueza con que traza el mundo juvenil al que los adultos parecen desconocer o idealizar.

Cohen, Tamar. El año terrible. México: Conaculta-SM. 2015.