Salida de emergencia, de Maira Colín

Por Hugo César Moreno Hernández.

El mito de las almas gemelas como complemento y el más elevado paradigma del amor verdadero, no sólo es un mito, una engañifa, una mamarrachada del amor romántico, sino una violencia contra la posibilidad de establecer relaciones provechosas en todos los sentidos. No se trata de utilitarismo, sino de usar una fórmula que diga con mayor o menor exactitud lo contrario a la realidad monstruosa de cuando uno se encuentra con su alma gemela. Sin duda, existen almas gemelas, pero no son, precisamente, la cuna del amor inmortal. Son, por el contrario, la esencia del dolor más terrible ¿quién carajos quiere convivir con uno mismo, cuando uno mismo es el peor de los personajes para pasar el rato? Imaginen la vida entera o, por lo menos, un matrimonio. Debe ser horrible encontrarse y enamorarse del alma gemela. Porque la similitud no es complemento, es choque y hastío. Así lo deja ver Maira Colín en sus personajes ‘Laura’ y ‘Rubén’. Almas gemelas aterrorizadas con el otro, amantes de ese terror al extremo de sellar un pacto de unión suicida, con un procedimiento basado en el sadismos católico que consiste en morir de a poco año con año hasta que la muerte los separe y les libere. Y al parecer, no hay salida de emergencia cuando el sadismo indica que es necesario escapar o cuando el opuesto, el extremo vital, la otra persona que no soy yo y es tan otra, aparecen. La autora describe entonces la desesperación de las pequeñas cosas, de los roces, de los anhelos, de los filmes favoritos.

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Salida de emergencia es una novela sobre la inconsistencia de la cotidianidad cuando es manoseada por aquello realmente importante: los otros en clave amorosa. Es ya muy llevada y traída la clásica frase endilgada a Sartre, aquella de “el infierno son los otros”. La verdad no sé si la dijo o no, si la dijo así o se le descontextualiza, no sé nada sobre esa frase, pero me queda claro, después de la lectura a la novela de Colín que los otros apenas son el escenario donde cada uno de nosotros armamos nuestro infierno. Quizá la autora deba decir, “el infierno soy yo”. No los otros, sino yo.

Sin duda, todas las relaciones amorosas son enfermizas. Todas tienen detrás secretos, traiciones, hedores, mierda y más mierda que abona para la fertilidad de un amor, un momento caliente, una humedad vital. Detrás de una cara de orgasmo está el recuerdo de aquella persona que excita, el recuerdo de unas manos señeras muy distintas a las del momento. Una fantasía cubriendo la terrible verdad de ese otro tan capaz de amarme pero que no es aquel por quien muero. Entre cada sonrisa evasiva y mirada perdida, el rostro del extremo humano es el deseado y no este de aquí tan cercano, tan a la mano. Imaginen cuando ese de aquí es el alma gemela, el reflejo de cada movimiento, de cada sentimiento, de cada arcada. Un espejo brutal.

Más allá de sus personajes, lo entrañable de esta novela es la capacidad de crear personajes tan distintos entre sí: voces femeninas voraces y voces masculinas desprotegidas. Las mujeres, ‘Laura’ y ‘Regina’, son poderosas en su diferencia. Potentes y malignas, con esa crueldad femenina tan natural que sólo una mujer puede reproducir con fidelidad. Ellas son quienes hacen y deshacen, quienes al final deciden y no son quienes más sufren, aunque sufran. Tampoco gozan haciendo sufrir, hacen sufrir porque son mujeres y los hombres somos débiles, estúpidos y sufrientes, por más machos que nos sintamos (el caso de ‘Gabriel’) o más dóciles seamos (el caso de ‘Rubén’). La narración de Maira Colín es a veces tan profunda que oprime. Lo hace gracias a que toca aquello tan delicado como el amor en su versión desnuda, con sus olores reales. Pareciera que uno nunca quiere estar con quien está y por ello el alma exige una salida de emergencia imposible.

Colín, Maira. Salida de emergencia. México, La Cifra Editorial, 2016.