Una de narradores “puercos”

Jonás “Eveready” Domínguez.

La velada era propicia para los albures y la carrilla, o de perdida para el piquete de ojos, pero los tres escritores de factura realista convocados a esta mesa de lectura se pusieron solemnes y analíticos. Leyeron, sí, pero se ciñeron más al formato de explicación y repaso de la típica presentación editorial que a un recital escatológico propio a un encuentro de “cuentos puercos y otras sucias historias” en la Pulquería Insurgentes.

El primero en tragar saliva y compartir su lectura fue Aldo Rosales Velázquez, conocido también por aplicar llaves y dar patadas voladoras pero que esa noche de juevebes se caracterizó por su parsimonia. Breve y en corto creó una distancia debido a que no logra verse a sí mismo en los cuentos de Xinastli, de Marcos López; aunque su afán de identificación lo llevó a reconocer los escenarios por los que camina ‘Xinastli’ como propios: “Son las calles de cualquier lugar del gris conurbado“, refirió.

A capela dispuso a los asistentes una guía mínima para leer “las derrotas comunes de un hombre común que no alcanza a hallarse cómodo en ningún lugar y que, además, siempre está al borde de un nuevo fracaso, del que ha de levantarse nuevamente, lleno otra vez de esperanza“, dijo.

La agridulce derrota hacen de este un personaje entrañable y cercano“, sentenció y cedió el micrófono a Hugo César Moreno.

Celebrado en la mesa como “el puerco mayor” debido a su narrativa hilarante y sarcástica –en una palabra: neosalvaje–, Moreno se alejó de un lenguaje agreste y se puso filosófico al hablar sobre los cuentos de Luego, tal vez, seguir andando, de Aldo Rosales Velázquez, a los que describió como “enfermos de inaccesibilidad al futuro“.

En resumen: “Los personajes están lisiados. Les faltan manos, porque las tienen atadas a la espalda o se las han cortado, les falta estómago, porque nada les llega como alimento, les falta boca, porque no pueden proferir verdad, enredados en la veracidad del tormento social. Los personajes de Aldo son cuerpos sin órganos en un sentido deleuziano, pero no como recompensa a la insurgencia, sino como castigo impuesto por la vida socialmente modelada. Los personajes de Aldo son órganos sin cuerpo, según la sugestión de Slavoj Žižek, porque no les cabe el corazón en el pecho y los asfixia hasta la muerte, porque no le quedan los brazos y se los cortan, haciendo de la extremidad faltante el centro de la vida, el fin de la vida. O les faltan las piernas y entre lágrimas el sentido, la dirección y el deseo se van tras ese órgano para sustituir el cuerpo que queda desamparado, incapaz de futuro“…

Luego recordó que esta primera entrega es reconocible por su tributo, “sin remilgos“, a la tradición literaria encabezada por José Revueltas, “donde la miseria carcome todo con la descripción taciturna de lo irremediable“; asimismo celebró que en su primer libro, Rosales Velázquez presenta “una voz propia“, la cual tiene una “necesidad de denuncia” aunque “gana la vocación narrativa y logra evadir la legítima impronta que a veces quien escribe se impone. Al hacerlo, logra literatura” para describir “el desierto de la realidad“.

Finalmente, Luego, tal vez, seguir andando, dijo, “es una colección de bajezas que no se regodea criticando la condición humana, que no llega a convertirse en reflexión regañona impresentable, sino que consigue hacernos sentir conmiseración por la vileza. Nos permite ensuciarnos y no quedar indemnes. Nos interpela sin implicarnos, sin culparnos. Nos muestra una realidad que debería ser imposible y desde el título nos advierte sobre la dificultad de alcanzar el futuro anclados en la añoranza por trascender este momento“.

Lectura de cuentos.puercos.y.otras sucias historias en la Pulquería Insurgentes

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El narrador Marcos Pablo López comentó que en Siete puercos mal contados Moreno Hernández nos muestra una “exploración de los recovecos de la mente, de parafilias, de trastornos, de deseos y fantasías reprimidas que a veces, cualquiera de nosotros, llegamos a tener y por cuestiones morales, reprimimos y creemos vulgares y obscenas“.

Describió que el libro está dividido en tres chiqueros: Chiquero de aventuras, chiquero de placeres y chiquero de chiqueros. Allí “ los cuentos se revuelcan en el estiércol del absurdo cotidiano, en la inmundicia de nuestra sociedad supuestamente cada vez más civilizada, tecnológica y consumista“.

En su “enésimo libro” -ironizó respecto a la grosera suma de libros publicados por Moreno-, el autor “logra mostrarnos un narrador fiel a un estilo“, mismo que se ha ido forjando con base en estar convencido “en lo que se quiere escribir, sin pensar en quedar bien con nadie, ni en ganar premios, ni en publicar en editoriales comerciales, ni figurar en las grandes letrinas literarias”, ironizó, pero pidió disculpas: “quise decir vitrinas…”.

López se apegó a su propio guión escrito, con el cual revivió un poco el ‘espíritu puerco’ de la mesa. Habló “sin tapujos, ni pelos en la lengua, ni pretensiones literarias” más allá de la necesidad de compartir un gusto por la obra narrativa de aquel a quien considera su sensei.

López, Marcos Pablo. Xinastli. México: Editorial Fridaura. 2011.

Rosales, Aldo. Luego, tal vez, seguir andando. México: Río Arriba, 2012.

Morneo Hernández, Hugo César. Siete puercos mal contados. México: Los bastardos de la Uva Editorial, 2015.