Los mataderos de la noche, de Daniel Rodríguez Barrón

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

Alejado de las corrientes o modas de autores contemporáneos, en Los mataderos de la noche, Daniel Rodríguez Barrón entrega un cuentario que destaca por los retos que se pone a sí mismo: hallar en el cuento la mejor forma de describir el mundo y lograr que estas historias recalen en el contexto en el que fueron escritas.

Rodríguez Barrón eligió un camino difícil para llegar al lector: escribir pensando que sus cuentos son literatura y no sólo historias divertidas. Es decir, sus relatos desafían a inmiscuirse en ellos, a poner una atención total, pues representan un esfuerzo mayor que el de las historias que narran vidas extremas en situaciones artificiales.

En el cuento Día de baño, el lector se asoma a la cotidianidad de una casa donde un hijo de cincuenta años debe batallar para bañar a su madre anciana. Pero no es importante si al final lo consigue o no, sino mirar la decadencia de esa madre que pregunta incoherencias y que pone a su hijo en una especie de guerra diaria en la que debe combatir la vejez y la vergüenza, y donde las carnes amarillentas de la madre son tan repulsivas como el cuerpo “terrible” del hijo. En este cuento hay una fina construcción de los personajes que permiten al lector conocerlos y sentirse satisfecho sólo con entrever este fragmento de su vida, sin importarle qué pasará cuando el hijo termine de tallarle el cuerpo a la madre o cuando él deba vestirse y continuar con su vida rutinaria.

Otro ejemplo es El cuento de Julia donde Rodríguez Barrón narra dos historias hilvanadas de forma muy sutil: la de un grupo de mujeres que se conocen en un gimnasio y que terminan siendo partícipes de un taller literario, y el relato escrito por una de ellas, ‘Julia’, que es despedazado por sus compañeras y por un joven dramaturgo. Hay en esta historia un trasfondo policiaco, pero la resolución es lo de menos, pues Rodríguez Barrón crea un personaje al que se le quiere y al que se necesita encontrar, al igual que el narrador, para dejar la pesadumbre que ocasiona su desaparición.

Todo esto lo hace con un lenguaje preciso, mostrando más que adjetivando. Por ejemplo, en un fragmento del libro apunta que: “Las dependientas adolescentes se miraban entre sí y se reían como japonesas tímidas” y con ello logra dibujar a la perfección ese instante en que esas mujeres se ríen con malicia de un viejo. Además, la mirada del autor se vuelve puntillosa para describir el ambiente de un lugar: “Era una cantina típica donde los parroquianos jugaban dominó mientras bebían, o miraban con cierto tedio el futbol o el box”.

12439298_1689930367946136_1855827604510115035_n

Rodríguez Barrón asume una apuesta de estilo y de forma. En Primer amor nos hace creer que las historias no tienen ni un principio ni un fin, sino que sólo son destellos que permiten que el lector las comprenda. En Madame Beatriz, provoca que el lector goce con la crueldad y olvide que está en medio de la barbarie. En DF muestra lo desconocido que resulta todo individuo en su hábitat diario y en el cuento Últimas consideraciones sobre mi pierna permite comprender que la discapacidad física es, quizá, el menor mal de una persona que no sabe cómo deshacerse de una parte de su vida y su pasado.

En el cuento que da título al volumen se encuentra la mayor apuesta de Rodríguez Barrón: lograr que el espectador se vuelva parte de la misma historia y con ello deje de lado aspectos morales o éticos, pues una vez en medio de la sinrazón se volverá un asesino, parte del problema y parte de la solución.

Estos cuentos tienen ecos de Juan Rulfo y de la Generación de Medio Siglo mexicana que gozaba planteándose dilemas mentales más que morales. Tienen también reminiscencias de la precisión y sobriedad de Henry James, pero tienen una voz muy propia que nos recuerda que el arte del cuento no es sólo narrar una historia de principio a fin –con inicio, desarrollo, clímax y final– o con personajes verosímiles y atractivos, sino un mecanismo que debe ser preciso y bello para llegar a considerarlo literatura.

Rodríguez Barrón, Daniel. Los mataderos de la noche. México: La Cifra editorial / Universidad del claustro de Sor Juana, 2015.