Alberto Salcedo Ramos

Miguel Ángel Hernández Acosta.

De niño, Alberto Salcedo Ramos (Barranquilla, Colombia, 1963) quería ser escritor, pero su madre le dijo que eso no le daría para vivir, por lo que terminó estudiando periodismo. Actualmente es Maestro de la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo Periodismo Iberoamericano. En dos ocasiones ha ganado el Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa, además de que ha obtenido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo y el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, entre otras muchas distinciones. En el diario El Tiempo escribe cada quince días “Limonada de coco”, una columna de opinión. Entre sus lecturas recurrentes están Gay Talese, Ernest Hemingway y Gabriel García Márquez.

En voz propia:

Yo me sacudí de la prensa porque me sentía ya asfixiado, sentía que necesitaba más espacio para contar las historias y más tiempo para reportearlas. Yo pienso mis historias en función de los libros; cuando yo encuentro una buena historia no pienso en un diario nunca, pienso en un libro.

Hay algo que me gusta mucho cuando cuento historias y es que no solamente se cuente una vida, un momento o un hecho, sino que además de haga un trabajo de indagación en la realidad que vaya más allá del personaje que tengo en primer plano. A mí me parece que el reto de la crónica no es contar una historia, sino traducir el significado profundo de esta historia y conectarlo con la sociedad. Es decir, qué rasgos de esa historia que estoy contando me permiten traducir una tendencia de la sociedad.

Yo leí un libro que es una entrevista que le hace François Truffaut a Alfred Hitchcock y en ella Truffaut le pregunta cuál cree él que es el peor oficio que puede ejercer un hombre sobre la faz de la tierra. Y Alfred Hitchcock le dice que el de ascensorista. Truffaut se muestra extrañado y le dice: “en el mundo hay gente que tiene que hacer la labor de escolta de un personaje que está en peligro, hay gente que tiene que sumergirse en alcantarillas a lidiar con las excrecencias humanas, hay gente que hace trabajos muy duros como montarse en un andamio de un edifico en construcción, ¿y usted me va a decir que el oficio más duro es el de ascensorista?”. Hitchcock le responde: “No tengo la menor duda, porque todos esos oficios que usted dice son duros, pero no dejan en el hombre la herida de la curiosidad no satisfecha. Mientras que cuando uno ve a un ascensorista él está condenado a pasarse la vida oyendo historias inconclusas. El ascensorista te lleva a un piso alto y alguien en el ascensor empieza a contar una historia y justo cuando la mujer va a cometer adulterio el que está contando el cuento se baja y el ascensorista queda jodido. Yo cuento historias porque no quiero ser ese ascensorista”. Cuando yo leí eso me sentí justificado. Si algo me gusta de contar historias es que me permite saciar la curiosidad. No me basta con que algo me produzca ganas de mirar, sino que quiero mirar.

Sus libros

El oro y la oscuridad

El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé: Gabriel García Márquez consideraba que Kid Pambelé era el hombre más importante de Colombia. Este boxeador quien ganó 91 combates y en 1973 fue elegido el mejor boxeador del mundo es cartografiado cuando está en el ocaso de su vida, en 1994, año en que es atendido por un psiquiatra en el Hospital San Pablo, de Cartagena. Alberto Salcedo Ramos lo acompaña en las remembranzas de sus glorias y en los desvaríos que le ocasionan las drogas y el alcohol. Es este un libro donde el héroe no es tal por sus características morales y éticas, sino porque a pesar de la derrota sigue en pie y sin dejar de ser él mismo. (Colombia: Aguilar, 2012)

La eterna parranda

La eterna parranda. Crónicas 1997-2011: Dividido en cuatro partes, este libro de crónicas da cuenta de la Colombia contemporánea, donde lo mismo habita el boxeador Rocky Valdez que es conocido por toda la ciudad, como un bufón que va de velorio en velorio contando chistes para que los deudos no sientan tanto la tristeza. Por su gran selección, éste es el mejor libro para acercarse a la obra de Salcedo Ramos, quien es capaz de entrevistarse con el árbitro que expulsó a Pelé o con unos hermanos que viven divididos por ser miembros uno de las FARC y otro de las Autodefensas Unidas de Colombia. Las crónicas de este libro ya tienen el estilo de Salcedo Ramos: un inicio portentoso, un desarrollo similar a un relato literario y un final que revela que la historia que se acaba de leer guarda un paralelismo con un mundo mucho más grande. (Colombia: Punto de Lectura, 2013)

De un hombre

De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas: A finales de los noventa Salcedo Ramos era un cronista sin espacio para publicar. Al parecer los diarios ya no querían ese tipo de relatos y por eso nadie se interesaba por este género periodístico. A él no le importó y se dedicó a escribir de los asuntos que le llamaban la atención y fue juntando ese material hasta que en 1999 Ediciones Aurora las publicó en forma de libro. Un año después, la Cámara Colombiana del Libro lo consideró el mejor libro del año en la categoría de “Interés general”. Las 17 crónicas que lo componen auguran al Salcedo Ramos de los años dos mil: historias humanas, que muestran cómo se vive Colombia a ras de piso. Allí comparten espacio un hombre que está obligado a levantarse con el pie derecho porque perdió la pierna izquierda mientras transportaba a prostitutas en mar abierto con un mal futbolista que, intentando dar un balonazo, anota un gol en el último minuto del partido lo que produce un muerto y que su vida tienda hacia la miseria. (Colombia: Aguilar, 2015)

Botellas de náufrago: En Colombia se conoce como “crónica de estilo” a las columnas de opinión donde se trata con un estilo refinado los asuntos cotidianos. Este libro es la reunión de este tipo de artículos y es un mapa para conocer al hombre que hay detrás del cronista: un magnífico lector, un amante de la música, del boxeo y del futbol, así como un maniático de las buenas formas en la escritura. Es un ejemplar que provoca muchas sonrisas y que muestra al gran optimista que es Alberto Salcedo Ramos. (Colombia: Luna Libros, 2015)

Salcedo Ramos en mexicano

Los ángeles

Los ángeles de Lupe Pintor es el único libro publicado en México de Salcedo Ramos. Incluye cuatro secciones (Los irrepetibles, Bufones y perdedores, Entre el esplendor y la sombra y Bonus track: en primera persona) en las que se perciben las obsesiones del autor: el futbol, el box, la música y la situación política en Colombia. Contiene “El testamento del viejo Mile”, crónica de perfil que muestra a Emiliano Zuleta Baquero, el compositor del ballenato de “La gota fría”. También incluye la gran crónica “La travesía de Wikdi”, sobre un niño que para ir a la escuela debe caminar diariamente ocho kilómetros y atravesar por territorios llenos de paramilitares, por cañadas y entre barro seco y maleza. Entre las 18 crónicas, está “Un país de mutilados”, una crónica extraordinaria sobre las minas antipersonales que fueron sembradas por las FARC a lo largo de toda Colombia, en 31 de los 32 departamentos del país y que a diario ocasionan en promedio tres víctimas entre muertos heridos y mutilados. (México: Almadía, 2016)

Las crónicas de Salcedo Ramos, a pesar de las temáticas que retratan, nunca caen en el melodrama, sino que consiguen una identificación por parte del lector. Su estilo debe mucho al estadounidense Gay Talese, pero también al llamado periodismo narrativo que ha sido cultivado en su país con mayor empeño que en el resto de Latinoamérica. Así, muchas de las crónicas de Los ángeles de Lupe Pintor sólo mantienen su identificación con el discurso periodístico gracias a que el lector sabe que están basadas en hechos reales, pues su tratamiento estilístico las asemeja con cuentos o relatos literarios. Siguiendo el consejo de García Márquez, Salcedo Ramos consigue construir crónicas que hacen pasar la realidad como una invención: su prosa convierte al periodismo en literatura.

Algunas citas:

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Los habitantes de estos sitios pobres y apartados sólo son visibles cuando padecen una tragedia. Mueren, luego existen”, en El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas.

(Sobre las canciones de Emiliano Zuleta Baquero) “En las trochas malsanas de la región se desnucaban las bestias, se extraviaban los caminantes y los versos seguían su marcha a lomo del viento, porque fueron hechos por uno de esos juglares auténticos que no necesitan fijar su voz en el papel para protegerla del olvido” en El testamento del viejo Mile.

La barbarie no se conjura con proverbios, ni siquiera con los más iluminados” en Un país de mutilados.

Mientras consideremos que lo bello es indigno de resaltar, seguiremos jodidos. A nuestros países no los salvará el aumento del producto interno bruto sino tener ciudadanos de los que se prodigan incondicionalmente en la amistad, de esos a los que uno les regalaría un clavel o un riñón” en Decir amigos.

Conviene mirarse más a menudo en el espejo de estos escritores que siempre encuentran pretextos de sobra para trabajar, en lugar de encontrarlos para seguir anclados en los cafés explicándoles a los contertulios por qué no pudieron hacer la novela de sus sueños o por qué las musas conspiraron contra ellos. Balzac lo expresaba de manera más ruda: ‘Lo único que importa es poner el trasero en la silla cuantas veces sea necesario’. La moraleja es inquietante: a cualquiera le dan ganas de ser escritor, lo jodido es sentarse a escribir” en Papel y lápiz, por favor.

Enlaces:

La víctima del paseo”, donde Salcedo Ramos cuenta la noche cuando sufrió un secuestro exprés

El testamento del viejo Mile”, o de cómo Emiliano Zuleta se enfrentó a Lorenzo Morales y compuso ‘La gota fría’

El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas