La hora mala, de Luis Panini

Polvo eres y en polvo te convertirás.
Génesis.

Narrada en la hora de la gracia de los devotos religiosos, esta historia es sublime por las situaciones que aborda y los diálogos que sostienen los protagonistas, con los que se acentúa y ponen a flote los sentimientos que, comúnmente, son renegados por las personas de a pie (mea culpa): egoísmo, codicia, falsedad, mezquindad, desaprobación, fatalidad y sobre todo, una patraña atroz hablada que muchas veces provoca infortunio entre los involucrados e impotencia en los no implicados.

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En el caso de este libro el contexto es enigmático dado que aparentemente sin testigos visuales se posa a un cadáver con la cabeza destrozada en un barrio desolado. El incidente sucede justo en el “momento absurdo de la jornada” -como apuntala la cita a Jean Paul Sartre en el inicio de la novela-, cuando “un grito atraviesa hasta ser remplazado con el sonido de un golpe hueco, amortiguado, como el que hacen las sandías al reventarse cuando, por accidente, se dejan caer al suelo”.

Inmediatamente, desde su apartamento un viejo distingue el sonido lamentoso y arremete en sus adentros “aunque no alcanza a verlo, imagina un pezón conectado a la boca de un niño cuando el llanto queda interrumpido a la mitad de la tarde”. En ese instante que son solo unos segundos, la curiosidad y el morbo inician a congregar vecinos y personajes callejeros ante un moribundo anónimo sobre la acera.

Luis Panini desmenuza el tiempo -los supuestos 60 minutos que dura lo acontecido- para narrar y ambientar una historia con una fetidez a azufre sobre un posible inquilino suicida que se arroja o es arrojado al vacío desde una azotea y donde minuto a minuto se aglomeran un vecino, un empleado funerario, una aspirante a beata, un vendedor de frutas de temporada y aguas frescas, una seño que va pasando con el mandado y un tradicional mago con sombrero; ya juntos tomando su turno van dando pauta a conjeturas, opiniones divididas y aseveraciones en una especie de juicio oral acusatorio contra el cuerpo agonizante y silencioso que yace desangrándose.

Entre que llaman o no llaman a los paramédicos del servicio de emergencias para auxiliar al lesionado, surgen las ocurrencias y peculiares pesquisas, incrementando la tensión cuando se comenta entre espectadores que el barrio recientemente sufrió un acto infame de abuso sexual a una menor por un depravado agresor donde todo apuntala a que es el moribundo de la banqueta.

Hay un hecho consumado en esta bien conformada historia sobre lo que la sociedad no está dispuesta a hacer: ser solidarios. Por el contrario, siempre se intenta disuadir con mil pretextos y falacias la colaboración para auxiliar a un desconocido que padece un accidente. Los transeúntes oculares simplemente huyen de la escena entre risotadas, prejuicios cortos y chismerío barato, evitando a toda costa lo obvio de la situación.

Una novela que no impacienta y da un leñazo certero al comportamiento abrupto y las prioridades tan singulares de la vecindad actual.

Panini, Luis. La hora mala. México: Tusquets, 2016.