Entrevista a Gabriela Jauregui

Por Javier Moro Hernández.

GJaurequi

La memoria de las cosas es el primer libro de cuentos de la también poeta y editora Gabriela Jauregui. El volumen retoma la idea de los “gabinete de curiosidades” o “cuarto de las maravillas”, haciendo referencia por un lado a esos lugares previos a los museos en donde se reunían las maravillas o rarezas que se iban “descubriendo” a través de las expediciones europeas alrededor del globo, durante los siglos XVI y XVII.

El libro, dividido en cuatro capítulos titulados como Vegetalia, Animalia, Mineralia y Animalia, reúne 19 relatos cortos, en los que un aguacate, un árbol, un caracol, un zorro, y otros elementos y objetos toman el papel central de la narración, mientras el lenguaje, en ocasiones con tintes y ritmos poéticos protagoniza las tramas desarrolladas.

El libro surge de la preocupación de cómo abordar un tema desde una proximidad pero al mismo tiempo desde una visión oblicua; me interesaba que el centro de la narración no fuera el personaje”, comenta la también coautora del cadáver exquisito Taller de taquimecanografía (2011).

La presencia humana es una presencia que se cristaliza a través del contacto con los objetos, los cuales son en realidad, el centro de la narración…
En el fondo hay una preocupación conceptual que me lleva a preguntarme cómo sacar al ser humano del centro del universo, siento que la preocupación del modernismo nace cuando Descartes dice “Pienso luego existo”, que es una revelación de la filosofía occidental que subsume todo lo demás al ser humano, incluso el cuerpo mismo, porque de pronto la humanidad se restringe en un primer lugar al cerebro, a lo racional, a ese decir “pienso”. Al cerebro de un hombre blanco, por otro lado. Entonces todo esto tiene una preocupación de sacar al ser humano del centro, y poderlo hacer a través con algo tan aparentemente banal como un aguacate era como darle la vuelta a esta idea de los “gabinetes de las maravillas”, tan exóticas como se planteaban en el Renacimiento, el Modernismo europeo, entonces el libro funciona como un Gabinete de Maravillas conformado o construido a partir de antimaravillas.

La filosofía occidental nos ha dicho que solo los hombres podemos tener conciencia, pero tu libro cuestiona esa idea a través de historias, de cuentos, en los que los objetos se convierten en el centro de toda la historia, lo que los convierte en seres con algún grado de conciencia.
La palabra clave es conciencia, que siento yo que es medio una farsa, tomando el ejemplo del modernismo como base podemos decir que no era ni siquiera éramos “nosotros” los que teníamos conciencia, los indígenas, los negros no formaban parte de esa idea de “nosotros”, por lo tanto no tenían conciencia, los indígenas eran inocentes que teníamos que educar, los negros era algo tan bajo dentro de esa escala por lo que se nos permitía esclavizarlos y educarlos, pero solo un poco. A veces vemos ese momento histórico como algo súper lejano, pero olvidamos que esas estructuras básicas siguen más o menos sin cuestionarse, y me parece una estructura problemática, Nietzche empieza a preguntarse sobre la conciencia de los animales, con la biología más moderna la gente se ha dado cuenta de la complejidad del lenguaje de los animales, en fin, tenemos las herramientas, las evidencias para darnos cuenta de no somos los únicos seres tan únicos, pero me interesaba todas estas preocupaciones tan amplias tratar de canalizarlas en cosas chiquitas y específicas.

lmdlc_portadaExiste un hilo conductor a través de todo el libro, pero al mismo tiempo una variedad de las voces narrativas, algunos cuentos están en primera persona, otros en tercera persona, por ejemplo.
Quería tener una variedad de voces y ángulos para tratar de lograr una variedad pensando en un cristal, en un mineral que tiene facetas, y lograr darte una perspectiva de estas cuestiones más abstractas desde mini ángulos, desde mini ópticas distintas, entonces una voz es en primera persona que te da un acercamiento más personas y la siguiente es en tercera persona, una voz más alejada, casi como en el éter, era un juego, un reto narrativo, y también para darle un ritmo, porque unas cosas son más melancólicas, otras cosas son más chistosas, más alegóricas, que pudiera uno entrar a los estados de ánimo de los personajes que también son distintos, eso también me parecía importante para darle justo eso, un ritmo variado al lector.

¿Cómo condensas todo este proceso filosófico en un cuento de tres o cuatro páginas?
No me clavé en contar todas esas preocupaciones, sino que se van destilando, en sí la escritura no me tardo tanto, pero detrás de ese proceso de escritura hay otro proceso larguísimo de tomar notas, investigar, y ya después sentarme a escribir y soltarlo todo, igual es que detrás de los cuentos hay meses y años de digerir una idea y luego el proceso más espontáneo de la escritura. Quería que estuviera todo este asunto teórico de una manera más subterránea, y además no quería predisponer al lector para que lo leyeran de una manera determinada y que el libro pudiera estar abierto a cualquier lector y le puedan encontrar cosas disfrutables.

Por otro lado se nota que existe una preocupación porque el lenguaje fluya, pero que también se convierta en una parte de la historia, hay un ritmo interno del lenguaje, hay partes en donde la prosa se acerca a la poesía…
Creo que eso es algo de mi oficio de escribir poesía, a mí me gusta mucho jugar con el sonido y usar el lenguaje como materia prima, disfrutar las texturas, la corporeidad de ciertas palabras, eso está desde antes ahí y de pronto en algunos cuentos se cuela, quizás sí fuera una novela terminaría siendo más empalagoso, más difícil, y en este libro podría estar más presentes, podía jugar más con eso, y en otros cuentos le bajaba un poco a eso.

El cuento sobre los caracoles ocupa un lugar central para entender el desarrollo del libro; esas historias que empalmas cuando encuentras a los caracoles nos permiten darnos cuenta de las posibilidades de los encuentros, tanto de los objetos, como de las ideas…
Me parece que ese cuento funciona como una alegoría de la literatura en general, porque uno escribe y mandas al mundo eso que escribe, lo deja suelto, y donde ve y quien hace que, no te lo puedes imaginar, hay infinitas posibilidades, tantas como hay lectores o interpretaciones, digamos, ese cuento funciona como un espejo de lo que quiere ser el libro.

Jauregui, Gabriela. La memoria de las cosas. México: Sexto Piso, 2015.