Las siete bestias, de Christ Gutiérrez-Rodríguez

Por Hugo César Moreno Hernández.

Si he de tomar una postura respecto a la literatura contemporánea, en específico la latinoamericana (creyendo en la posibilidad de la existencia de algo más o menos inteligible como Latinoamérica), según el contexto actual de mercantilización, globalización, etcétera; es la de la localización lingüística, idiomática y semántica, la glocalización, si se quiere, la producción hibrida de lenguajes que territorializan lo escrito, lo endurecen en sus significados y le capacitan, casi exclusivamente, para hablar de sí mismo.

En otras palabras, asumo que la manera más acabada de ser global, universal o visible es a través de la reivindicación de lo exclusivo y excluyente del lenguaje con el cual el autor aprendió a hablar y habla y escribe y se entiende. El aquí y ahora articulado por la función autor productora de un texto anclado en su terruño, en sus palabras y en su momento. Incluso la innovación aparece en ese desbarrancadero del único lugar posible: el propio.

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Las siete bestias de Christ Gutiérrez-Rodríguez cumple con lo dicho. El lenguaje produce una Lima y un Perú tan íntimos que se antojan poderosamente irreales. El estilo, las audacias, la a veces engorrosa forma elegida por el autor para crear su texto, desecha el canon del cuento para crear bestias. Bestias como género narrativo. Bestias como bestialismo contra la literatura para parir bestias. Bestias copulando entre sí. Solamente así se puede ser global: estirando la localía hasta el infinito de la irrealidad y aquello que me ha dado por llamar “fantasía sucia”. Por qué no, al fin y al cabo tengo tanto derecho como el autor para crear y si él creó estas bestias, me siento tan sapiente como para decir, casi horondo, que son parte de cierto movimiento estomacal latinoamericano para ensuciar la fantasía de la que nos quieren hacer herederos. Y él, con sus bestias, se desmarca y hace lo suyo. De esta manera, sus bestias son tan horripilantes que pude leerlas con las herramientas propias y Lima aparece tan espantosa como la Ciudad de México, es decir, encantadora.

Aunque el título promete siete bestias, sólo hay cinco. Pero dentro de alguna de esas cinco, rezuman muchas otras bestias subrepticias entre los vasos de alcohol y hard liquor, smarthphones, brujas enamoradizas de piel blanca y guanga, Kráneos sodomizados, chicas de secundaria guerreras y mágicas, pelicanos negros, epilépticos hijos de puta, médicos mediocres y torpes médicos, abortos a borbotones, diablos, ángeles y pederastas. Lima sucede entre racismos y violencias, entre sicarios y amores perdidos. Lima es una ciudad cancerígena, Lima se antoja, Lima se desgaja. Además está Callao, igualmente cacariza y sin sentimientos, pariendo bestias.

Gutiérrez-Rodríguez logra una ciudad fantástica y terrorífica, sus personajes están estructurados según una locura léxica que maximiza la posibilidad de las lecturas. Las siete bestias no permiten un lector indolente, exigen una visión romántica, en ese sentido de ser capaz de descubrir cómo el amasiato entre la razón y la locura producen monstruos inteligibles más allá del espejo, en los rostros de todos los días cuando uno se atreve a salir de casa. Cuando digo que Christ hace bestias y éstas bestias perteneces a un pseudogénero que bien podría ser considerado como “fantasía sucia”, quiero establecer lo inapropiado que sería encasillar esta obra. Por eso mismo, prefiero encerrarla así, creyéndola capaz de escapar a dentelladas para atiborrar de miedos –miedos reales– a otros lectores. Vale la pena dejarse aplastar por esta literatura, por este autor, por este Perú, a veces más cercano de lo imaginable.

Gutiérrez-Rodríguez, Christ. Las siete bestias. Perú: Animal de Invierno-Whaltari Books, 2014.