Entrevista a Estuardo Prado, editor de e/X

Cargamos el peso de lo que hemos sido mientras bailamos desesperados evitando que la fiesta se termine. Ha sido una fiesta muy hermosa, una invitación inesperada nuestra vida. Ha sido una noche equivocada, fue veloz la charla y el trago muy corto.”
Enrique Symns, 1998.

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Por Nahum Torres.

A finales de la década de los noventa del siglo XX irrumpió en Guatemala una editorial alternativa (cuando el término aún tenía cierto sentido) que, durante un breve pero intenso lustro de vida, privilegió la literatura radical “a la Guido Almansi y su estética de lo obsceno“. Su aparición, manifestada en dos páginas del número 6 del fanzín literario Anomia, en febrero de 1998, dejaba en claro su filia por los textos “non santos“, anómalos. En dicho manifiesto, escrito “en una máquina offset“, postulaban que “lo enfermizo en la literatura es nuestro deleite“, de manera que publicarían “obras de personas desconocidas” (…) “Teniendo un especial y pervertido placer en lo extraño, en lo anárquico, en lo rebelde, en lo inmoral, en lo inusual, y en la sangre de escritores jóvenes“.

Creo que de sacar un fanzín a los libros en Editorial X fue por la búsqueda de expresarse, de decir lo que nadie quería oír de gente desconocida, en un medio restrictivo y opresor en la sociedad de esa época“, anota el escritor y editor Estuardo Prado (1971), fundador de este legendario sello guatemalteco que en 2013 revivió como e/X tras un largo silencio de casi diez años.

Durante la primera etapa se publicó (bajo la colección Después del fin del mundo) a gente como Maurice Echeverría, Javier Payeras, Byron Quiñónez, Ronald Flores, Julio Calvo, (“el secreto salvadoreño mejor guardado”) Jacinta Escudos, Francisco Mendez, al hoy cineasta Julio Hernández Cordón y al propio Prado, quien comenzó con la editorial bajo un clima en el que imperaba “la literatura testimonial sobre el conflicto armado que ya tenía años“, rememora.

El origen de Editorial X está en dicho fanzín. Todo inició con “una conferencia en la U de ‘jóvenes escritores’, los cuales no bajaban de 45 años mínimo“, por lo que “decidimos entre cuatro estudiantes (de letras y filosofía) sacar una revista literaria. Así fue como surgió Anomia, en donde comenzamos a publicar nuestros trabajos, sin censura, libres y tal vez por no tener restricciones, cada vez más viscerales. El texto lo era todo: sin límites, sin tapujos y a la vez sin expectativas“, refiere.

“Por la misma naturaleza de como surgió Editorial X, la verdad es que no habían metas trazadas -evoca-, tal vez la única directriz personal en la primera etapa fue algo muy simple: quise publicar libros que, como lector, me gustaría encontrar. Algo diferente, con estilo propio en el discurso y que, en ese momento, no tendría acceso en editoriales anquilosadas“. Su búsqueda: “rupturas de géneros literarios, juegos contraculturales de los sistemas de referencias socio-politicas (estilo desterritorialización del lenguaje de Deleuzze y Guattari) pero sin compromiso más que con los textos en sí“.

La editorial tenía/tiene una identidad innombrable…
La X es porque no tenía nombre originalmente al escribir el manifiesto de la editorial, ya después me gustó. Me pareció que esa incógnita era la respuesta: el factor desconocido en matemáticas, lo reprobado, lo tachado, lo censurado, una tumba desconocida o una película XXX, todo esto y nada. Algo así como la firma de alguien que no sabe escribir y sólo marca una X, la ironía.

Esta etapa cerró con el lanzamiento de un CD-Rom, en 2003: “La idea era integrar diseño gráfico, música electrónica (de Pablo Gordillo, un compañero de la U con el que sacamos el fanzine) y textos. Después, por los problemas personales por los que estaba pasando, todo paró. Por casi 10 años me alejé de todo lo que tenía que ver con literatura, literalmente por estar inmerso en el submundo de la adicción y un alcoholismo palpitante“.

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Autor de La estética del dolor (1998), Vicio-nes del exceso (1999), El libro negro (2000) y Los amos de la noche (2001), Prado está considerado uno de los más representativos escritores de la Guatemala finisecular. Como algunos de sus títulos indica, su literatura es más cercana a los medios visuales y “tal vez por ello es que no traté exactamente de hacer literatura, en el sentido estricto de la palabra, sino más bien una ruptura entre lo que se entendían por géneros disímiles: cuento, novela, obra de teatro, spot publicitario, radionovelas, guión de televisión y todo lo que se me pudiera venir a la mente como un recurso híbrido del discurso literario“, en el cual las imágenes y la tipografía también formaban parte del juego.

Sus relatos están en sincronía con su visión de editor al apostar por libros que, por su temática o por su manejo del lenguaje, ponen en contrapunto lo políticamente correcto, en los que lo delirante se entremezcla con cierta pulsión subversiva: Creo que, a la larga, la rebeldía que tuve en mí se reflejó en las directrices de las publicaciones al querer traspasar no sólo tabúes o normas morales hipócritas, sino formas literarias de expresión y criterios culturales“, agrega.

¿Qué te animó a regresar y publicar?
Al pasar los años, me encontré que había reseñas de los libros publicados en esa época. Que los escritores que fueron publicados, de ser desconocidos, eran ahora lo hipster. Al ver las reseñas, las tesis universitarias, el intento de hacer una documental de mi ‘abducción’ -no por extraterrestres, sino por substancias muy terrestres- creó que algo surgió otra vez en mí.

Pensé que ya que hablaban de Los amos de la noche, debía republicarlo ya que estaba agotado y oía que había gustado, y como no me gustan los refritos lo saqué Reloaded, o sea con una parte nueva, hasta con otro color de papel en el mismo libro: tenía que ser algo diferente, y se me ocurrió un trailer de una película, como los que uno mira en el cine. Eso fue en el 2011, diez años después de su primera edición.

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En 2013 se perfiló e/X con el lanzamiento de una colección de libros de bolsillo, que arrancó con Siendo drogadicto-alcohólico me fue mejor, volumen de cinco relatos tóxicos y maniacos del propio Prado: “Te mentiría si te dijera que ese soy yo (pero) la neta, eso de ‘apóstol de los excesos’ se me va quedando algo grande. Aunque es un rol irónico que me representa no me define en la actualidad“, aclara.

Y añade: “Yo nunca quise aparentar (porque) si usas drogas, sos un adicto, una escoria para la sociedad. En esa categoría entran homosexuales, vendedores de drogas…, en fin todo lo que no es aceptado en la claridad(; sin embargo,) creo que la literatura es un medio de expresión sublime para reflejar otros tipos de formas de vida. La literatura es considerada como un arte culto, cuando puede ser de ruptura no sólo en su temática sino también en su forma“.

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Al finalizar la primera e iniciar la segunda década de este siglo la escena editorial en Guatemala creció. Nuevos sellos independientes e incluso publicaciones estatales dieron un giro al panorama. El resurgimiento de e/X se inscribe en ese contexto: “La verdad sentí que era otra etapa, como si los primeros libros de X fueron publicados en una encarnación anterior: creo que si no te morís en el proceso, los vicios en exceso te dan la sensación de que tu vida ha sido basta y cambiante, algo así como Highlander”, bromea.

Si bien es cierto que la literatura fluctuó hacia lo que se empezó a escribir en X a finales de los 90 (o sea, sin referencias sociopolíticas), aún así me gusta pensar e/X como una contracultura, como algo de ruptura. El contexto ha cambiado -hay que reconocer que por lo menos ya no hay tantas restricciones- e inclusive la temática literaria de moda es la literatura urbana o introspectiva, en las que se vuelcan experiencias personales, formas de sentir y afrontar el diario vivir, aún así siento que había que cambiarla de forma, algo así como Steve Cornell con Soundgarden, Tomahawk y de último sólo su nombre; por ello el logo esquizofrénico e/X como significante sin significado deslizante -a lo Barthes-, la ‘e’ también entre editorial, Estuardo, o eee… Lee esta esta mierda, es rara pero es buena.“, comenta.

En la búsqueda de textos con estilo propio, el catálogo de e/X se ha conformado por obras de Pep Balcárcel (de Pato/lógica Editores), Lester Oliveros, Eddy Imeri, Evelyn Orellana, César Yuman, así como textos de escritores ya conocidos como Pablo Bromo (director de editorial de Vuelegato), Francisco Méndez, Alberto Arzu (“mente maestra de ediciones Chuleta de Cerdo de Quetzaltenango“), Rafael Romero (del blog “Te prometo anarquía”), y últimamente de El Salvador Duke Mental y Noé Lima.

Aquí no interesa tener representatividad a modo político por ventas de un catálogo editorial basto de refritos mal reimpresos, sino seguir en la búsqueda de buenos textos de ruptura lingüística“, asegura.

Varios de los autores que hoy publicas manejan un sello, ¿con qué otro(s) compartes proyectos?
Me agradó mucho que aquí en Guate hayan salido nuevas editoriales, como el trabajo de La Maleta Ilegal que es un proyecto de literatura gay, iniciado por dos amigos: Manuel Tzoc y Rodrigo Arenas. La verdad a mi siempre me interesó publicar este tipo de literatura, porque me di cuenta que todos éramos parte de este submundo al que no querían ver -los gays a escondidas en el closet y los empresarios drogadictos o alcohólicos a Oceánica-. Creo que en algún momento nos identificamos por sacar textos non gratos para todos.