El sucio arte del décimo haikú, de José Luis Hernández

Por Roger Vilar.

Soy un visitante asiduo de las librerías. Me detengo en los estantes. Observo. Leo las primeras páginas de los libros, y, con frecuencia, me digo que la literatura está desapareciendo bajo las leyes del mercado. Abundan las novelas con trilladas historias de amor, o la fórmula clásica y repetida hasta el cansancio de las conspiraciones, los complots. Otro de los temas que nos visita hasta el cansancio son las narconovelas, y los personajes policiales y delictivos estereotipados. En fin, tramas fáciles, hechas para vender al por mayor.

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Sin embargo, la lectura de El sucio arte del décimo haikú, deja un sabor de boca muy diferente. La historia que se narra está lejos de seguir los modelos estereotipados a que nos tienen acostumbrados. José Luis Hernández construye un personaje, ‘Francisco’, que en principio podríamos catalogar de raro o inadaptado social, pero que quizás abunda más de lo que creemos en nuestro entorno social.

‘Francisco’ nos sumerge en el mundo de un joven que ha renunciado al amor, a la mujer, a las relaciones de pareja, y a todo lo que tiene que ver con la dulce vida conyugal preconizada por la tradición burguesa occidental. Este personaje es un fracasado por antonomasia, que no espera nada de la vida más allá del breve instante placentero de la masturbación y la eyaculación. Así, en las páginas de esta novela vemos a ‘Francisco’ emprender una loca carrera de experimentación sexual que lo lleva a través de muñecas de plástico, hot line, o sexo con travestis. No hay nada que el personaje no experimente, excepto lo que llamamos amor o romance con una mujer.

‘Francisco’ es un misógino por naturaleza, no ve en las mujeres más que “perras” o “arpías”. En este sentido, El sucio arte del décimo haikú no es una novela políticamente correcta. Auguro que será criticada y condenada por colectivos feministas, y que ninguna de las buenas conciencias que nos rodea en este mundo será partidaria de este texto. Sin embargo, siempre he dicho que no hay literatura si no hay placer y diversión, y en las páginas de esta novela se respira un fatalismo divertido, lleno de ironía y de humor negro.

Es digno de mencionarse en esta novela la despersonalización que sufren los seres humanos, en especial las mujeres, proceso que va a la par de la personalización de los objetos. La muñeca idolatrada, ‘Sonia’, se ve sometida a una serie de rituales nupciales que le dan la categoría de una esposa. Aquí cabe preguntarse hasta que punto las esposas son objetos de los maridos. ¿Qué cambia si el cuerpo que nos acompaña en la cama es una muñeca o una mujer? La relación intercambiable entre las personas y los objetos es una de las grandes exploraciones de esta novela.

Por momentos, esta obra me trajo a la mente El extranjero de Albert Camus, pues en ambas se retrata a un individuo sin valores, o, por lo menos, sin los valores ad usum. Los personajes, no sólo ‘Francisco’, viven al día, o, más bien, sobreviven en una sociedad tecnologizada, cosificada, donde los gigantescos procesos de producción e información reducen al ser humano a una ínfima partícula cuyo destino carece de importancia.

Hernández, José Luis. El sucio arte del décimo haikú. México: Editorial De Otro Tipo, 2015.