LIBROS SOBRE NARCOTRÁFICO EN MÉXICO

Por Omar Nieto.

¿Es el narco una temática nueva para la narrativa mexicana o para el periodismo de investigación? Evidentemente no. En este recuento de libros sobre el narcotráfico mexicano publicados en nuestro país, el también periodista y poeta, Javier Moro Hernández, y quien esto escribe, consideramos que es necesario replantear el objetivo de estudio debido a que es recurrente el lugar común de si la literatura o el periodismo narrativo que aborda el narcotráfico forman parte de una “moda”, son parte del oportunismo editorial, o responden a un simple tema de coyuntura, sin reflexionar que el fenómeno tiene una génesis que se remonta a principios del siglo XX en expresiones culturales como el corrido con tema de narcotráfico, la literatura, así como el periodismo regional, por lo que el tema no solo representa el síntoma de nuestros tiempos, la crónica de la descomposición que vivimos, sino quizá una reconfiguración de nuestra identidad como mexicanos marcada por su dicotomía legal/ilegal, que data desde las primeras décadas del siglo pasado.

En nuestro país, alrededor de 500 mil personas se dedican a actividades relacionadas directamente con el narcotráfico, “desde sicarios hasta sembradores o dueños de comercios y puestos de vigilancia que dan cuenta de las acciones del Ejército”, como lo señaló en 2008 el entonces secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, las cuales concuerdan con las cifras ofrecidas por el subsecretario de Estado norteamericano, asistente para narcóticos, David Johnson, quien en 2009 estimó 450 mil personas involucradas en la siembra, procesamiento y venta de drogas, con ganancias de entre 13 mil y 25 mil millones de dólares al año.

Dichas cifras no son banales para un estudio sobre la relación narcotráfico y literatura, debido a que a este espacio diegético se referirá la mayor parte del periodismo y literatura sobre el narcotráfico publicada en México, tomando en cuenta que de acuerdo a estas cifras oficiales, quizá cerca de medio millón de familias se vean beneficiadas por esta economía surgida del crimen organizado. Semejante flujo de capital, ¿no modificaría los usos y costumbres de un país que adopta no solo la cultura, sino la economía de la violencia?

Gran parte de los libros sobre el narcotráfico han molestado, inquietado y escandalizado. Pero no es el escándalo su objetivo sino la exposición. Hay quien no los lee pues asume que leer uno es leer todos, como si Sinaloa fuera igual que el Golfo; o Tijuana lo mismo que Veracruz.

En cuanto al ejercicio de la ficción hay que tener claro que, en lo referente al narcotráfico, una cosa es periodismo y otra literatura. El periodismo denuncia, la literatura en cambio reacomoda el sentido y el caos. La novela sobre el narcotráfico no busca ser crónica fiel de hechos verificables, sino una exploración del alma humana.

En cuanto a la narrativa mexicana, a menudo se asegura que la literatura del narcotráfico forma parte de una moda a partir de la llamada “guerra contra el narco” que emprendió el expresidente Felipe Calderón a mitad de su sexenio. El juicio es ligero debido a que el tema se exploró literariamente desde 1962, es decir, hace más de 50 años, en la novela Diario de un narcotraficante, firmada por el escritor sinaloense A. Nacaveva, obra poco estudiada como fundacional sobre el narcotráfico en México.

>> Libros de periodismo narrativo sobre narcotráfico en México

Lo mismo vale para el periodismo cuando la primera jefa del narcotráfico mexicano, Ignacia ‘la Nacha’ Jasso, mandó a ejecutar a once migrantes chinos que operaban el mercado de opio en las calles de Ciudad Juárez. La actividad de esta mujer quedó registrada tiempo después en el periódico El Continental del 22 de agosto de 1933 donde se escribió: “Es un secreto a voces que la señora Ignacia Jasso viuda de González alias ‘La Nacha’ se dedica a la venta de droga en su domicilio ubicado en la calle Degollado número 218. En esta ocasión ocho de sus principales vendedores fueron aprehendidos bajo el cargo de narcotraficantes, sin embargo, se espera que salgan libres por la posibilidad que tienen de pagar las altas fianzas”.

De esa manera, con más de 100 años como negocio ilícito en nuestro país, el narcotráfico podría representar una reconfiguración de nuestra identidad como mexicanos, bajo los conceptos de “capitalismo gore” y “necropoder”, propuestos por la teórica Sayak Valencia, entendidos como síntomas del esplendor y la decadencia del capitalismo avanzado.

Para Valencia, “el capitalismo gore es el capitalismo de la rentabilización de la muerte”, que pone a prueba las capacidades humanas ante la seducción del dinero donde el máximo bienestar así como la obtención de reconocimiento social, se conforma a partir de la capacidad de compra, no sólo de productos sino de personas. Para Valencia, “el crimen organizado ha penetrado profundamente en la política y la economía de muchos estados-nación y se ha encumbrado como una forma de economía moderna”.

La autora llama a los criminales mexicanos relacionados con el narcotráfico “sujetos endriagos”, una mezcla de humanos, monstruos y dragones, bestializados, que se relacionarían con la necesidad del subconsumo capitalista para insertarse en la sociedad. Este subconsumo originará que los endriagos decidan hacer uso de la violencia como herramienta de empoderamiento y adquisición de capital, marco social que se abre en México desde 1931 cuando los delitos de “tráfico de drogas y toxicomanía” pasaron del fuero común al Código Penal Federal, como lo ha señalado Luis Astorga.

No es extraño que otro subgénero literario-musical lo haya consignado en esos mismos años, como sucedió con el corrido de “El Plablote”, grabado en Texas, el 8 de septiembre de 1931, que relata la leyenda de ‘la Nacha’ Jasso, la primera gran jefa del narco en México.

Hacia el año 2000, Diario de un narcotraficante habría alcanzado 53 mil ejemplares vendidos, en su séptima reedición en la editorial Costa-Amic. El que la hayan leído tantas personas y no sea retomada por la crítica literaria, da mucho que pensar porque no es el único caso. Si existen novelas sobre el tema del narcotráfico entre la obra citada y Contrabando, de Víctor Hugo Rascón Banda (1991), habría que sumergirse en algún registro temprano de Léonidas Alfaro, Dámaso Murúa o César López Cuadras, pero sobre todo habría que sumar la secuela de Diario de un narcotraficante, del mismo A. Nacaveva; es decir, El tráfico de la marihuana, publicada en 1984, también por Costa-Amic.

Es claro que a partir de 1991, la narrativa sobre el narcotráfico amplía su corpus en obras como El cadáver errante, de Gonzalo Martré (Posada, 1993), La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, de César López Cuadras (UdeG, 1993) o La primera vez que vi a Kim Novak (1996); año en el que también se publica Tierra Blanca, de Léonidas Alfaro. Sin embargo, es Juan Justino Judicial (Selector, 1996), del escritor sonorense Gerardo Cornejo, la novela que cambia la idea de un narco con reglas “de honor” a uno que no las tiene. Es en Juan Justino Judicial donde se consigna la violencia del capitalismo gore, en la que no puede diferenciarse el mundo del narcotráfico y la narcopolítica, fundidos con el poder económico.

Si como dice Sayak Valencia, en el capitalismo gore la violencia es una nueva epistemología, la literatura del narcotráfico en México muestra bien ese camino donde el tráfico de drogas tendría un lugar privilegiado expandiendo el capital mediante la inyección de dinero a zonas marginadas que de otra manera no podrían gozar de su inclusión en el sistema capitalista occidentalizado.

En Juan Justino Judicial se agregaría la proliferación de sujetos que “no se disputan el poder estatal sino el biopoder; es decir, el control de la población, el territorio y la seguridad”, en lo que Sayak Valencia llama el “proletariado gore” del narcotráfico mexicano.

Divididos en literatura y periodismo, así como algunos híbridos, ofrecemos una lista de reseñas breves que no pretenden analizar sino describir el contenido, alcance, impacto y tal vez la aportación de cada libro sobre narcotráfico. Javier Moro Hernández y quien esto escribe*, seleccionamos títulos que no representan un orden cronológico ni didáctico. El número de entregas se irá incrementando hasta que el espectro de libros sobre el narcotráfico sea lo suficientemente amplio como para ser sujeto total de estudio. Es posible, como plantea una hipótesis personal, que se registre un número menor de obras de ficción con respecto a las de periodismo.

Este ejercicio es un inventario. La evaluación de las obras corresponde a los lectores.

>> Libros sobre el narcotráfico (ficciones)

* Omar Nieto y Javier Moro Hernández son autores de Las mujeres matan mejor y Los salvajes de Ciudad Aka, novela y poemario que abordan la problemática del narcotráfico en México.