Relojes muertos, de Eva María Medina

Por Cosmos De Albarrán.

Para el editor Lorenzo Silva los hallazgos narrativos que ofrece el sello Playa de Ákaba ocurren muy poco en el mercado editorial español. Se trata de “escritores de verdad: que lo hacen con dedicación, que se entregan con talento y que además dan resultados que merecen mayor atención”.
Escritores que destacan por ser “voces inclasificables”, agrupados bajo la denominación “Generación Subway” y que en narrativa cuentan ya con una antología, coordinada por Rosario Curiel.

Eva María Medina Moreno pertenece a este combo de autores post urbanos. Recién dio a conocer su ópera prima, Relojes muertos, novela “breve e intensa” de una autora a la que desde ya Silva describe como “impactante” al presentar “una historia dura, compleja y me parece que valiente” al abordar uno de esos temas que “siempre intentamos invisibilizar, anestesiar, dopar, no iluminar”: el de la enfermedad mental.

En el arranque del libro, ‘Gonzalo Márquez’ se encuentra en un centro psiquiátrico “porque ha tenido un corto circuito grave”. Lo que en el libro se cuenta es “cómo esa persona sale de ese centro e intenta retomar su vida” lo cual es “una empresa casi homérica” dada su condición “claramente mermada por la enfermedad y por una serie de hechos que van aflorando a medida que avanza la novela”.

Relojes muertos, es un thriller psicológico “con una intensidad a veces poética. En este libro hay una voz que se construye con la síntesis, la elipsis y con la intensidad. Es un desafío por la historia que tiene entre manos por esa desnudez y renuncia a recargar el texto de elementos”, por lo que, en palabras del editor, resulta un debut pertubador.

La presentación de Relojes muertos se realizó la semana pasada en la FNAC de Callao, Madrid, y contó también con la participación del escritor Juan Manuel de Prada, quien se refirió a la siempre existente dificultad por la que pasan los noveles escritores: “Si en España escribir es como llorar, ahora escribir es como pasearse por un alambre al borde de un precipicio: se está convirtiendo en un oficio de altísimo riesgo”, refirió.

“La vocación es un fuego que arde y de alguna manera uno tiene que conseguir darle salida. Es lo que vislumbré de inmediato cuando conocí a Eva”, compartió el autor de las novelas La tempestad y La vida invisible. Al leer una versión casi definitiva de la novela de Medina, de Prada dijo sentirse sorprendido “porque no esperaba que el libro fuera tan arriesgado, tan maduro, no en el sentido aciago sino en el sentido hondo de la palabra, porque es un libro que acierta a alumbrar una verdad humana concreta, encarnada en unos personajes; además de ser un libro capaz de hablar de cuestiones incómodas, espinosas, escabrosas, cuestiones que, como dijo Silva, nuestro mundo tiende a esquinar porque simplemente no es capaz de afrontarlas”.

“Me asombró también el estilo, preciso a la historia que quiere contar y al tono que adopta, sobre todo porque (la autora) tiene voz”. La elección del personaje-narrador marca la narración “y aquí ese personaje era fundamental ya que sufre de esquizofrenia y ha estado internado en lo que antaño se llamaba un manicomio pero tiene que desempeñarse en la vida civil con el trastorno que sufre y que trata de contener medianamente. Era un reto extraordinario. Y eso fue lo que más me asombró. Una novela que al comenzar a leer pensé más convencional, más llena de situaciones estereotipadas”, apuntó sin mostrar ningún dejo peyorativo.

Concluyendo: sin renunciar a la tradición literaria, Eva María Medina narra una historia que ya conocíamos “de una manera totalmente nueva”.