Farándula, de Brian Nissen

Por Jonás “Eveready” Domínguez.

“A los 20 o 21 años vivía en París y leí a Malcom Lowry. Me entusiasmó mucho leerlo porque me introdujo un poco la idea de lo que México era, un país del que yo no sabía nada y que, en ese momento, pensé debía ser un lugar interesantísimo: tenía que conocerlo. Entonces vine a México con la intención de quedarme a vivir un tiempo, dos o tres años, pero me fascinó su cultura, muy distinta a la mía”, explica Brian Nissen (Londres, 1939), artista que esta noche presenta Farándula: dibujos 1966-1974, un libro monumental que rescata aquellos dibujos en los que plasmó su primera impresión sobre la ciudad de México, en la década de los sesenta del siglo XX.

“Cuando llegué a México estaba perdido, no conocía a nadie pero poco a poco me fui integrando a la vida cultural. Realmente me formé como artista en México, porque antes practicaba la pintura y el dibujo, estaba muy concentrado en el dibujo: dibujaba día y noche”, reitera.

El volumen está conformado por una selección de 140 dibujos a escala realizados de manera espontánea, libre, que durante más de 40 años permanecieron guardados y olvidados hasta que fueron redescubiertos por el propio pintor en 2012, a propósito de la exposición retrospectiva que ofreció el Museo del Palacio de Bellas Artes.

Provisto de un fino humor, Farándula: dibujos 1966-1974 (RM/CONACULTA, 2015) se divide en diez capítulos, divididos por temas a partir de textos de escritores como Alberto Ruy Sánchez, Alma Guillermoprieto, Álvaro Enrigue, Elena Poniatowska, Guillermo Sheridan, Jorge F. Hernández, Juan Villoro, Margo Glantz, Valeria Luiselli y Michael Wood, en los que la ciudad de México y sus personajes son protagonistas.

“Yo llegué a un D.F. muy distinto al que es ahora. Era más pequeño y la farándula cultural tenía una convivencia más íntima porque la ciudad lo permitía. Había muchas fiestas, cosa que la ciudad misma permitía. Aunque había grupos que tenían una tendencia u otra, todos los creadores convivíamos juntos, estábamos más comunicados, estabamos enterados de lo que hacia cada uno: la gente de teatro, de cine, de danza, pintores… había un ambiente cultural efervescente”, rememora.

Si uno elimina los trazos de sus dibujos, nos quedamos con pinturas abstractas…
Me gusta mucho la observación porque así lo pienso yo. Hay una problemática en el público que siempre gusta más de la pintura figurativa que la abstracta quizá porque no comprenden que la gran diferencia está en que lo figurativo conlleva una anécdota y la anécdota es una pequeña parte de lo que es la obra. Es más, se puede prescindir de la anécdota. Cualquier obra de arte está compuesta de línea, color, espacio, texturas… son elementos con los que el artista se pone en juego. La anécdota es una parte pero no es la obra y muchas veces la gente no quiere ver más allá.

“En cualquier obra, sea arte o literatura, las obras que más me gustan funcionan a nivel sencillo o popular hasta niveles más profundos. Se pueden apreciar de muchas maneras. No le doy menos o más mérito a la obra meramente intelectual para la cual se requiere una preparación para poder compenetrar en ella. Me gustan las obras que tienen diferentes niveles de lectura”.

Si pensamos los libros de arte como libros de reproducciones de obras de arte: ¿libros de arte… para qué?
Los libros de arte son importantes, pero también es importante tener conciencia de que hay una manera de ver la obra en reproducción. Cuando uno hojea un libro de reproducción de pinturas, es muy importante tener en mente el tamaño real de las obras porque la escala también es otro lenguaje, entonces hay que estar muy consciente al ver la imagen de una obra que no es la obra en sí. Desafortunadamente la mayoría de las personas tiene más conocimiento del arte a través de reproducciones que de la obra en sí, pero al menos la gente se ha educado para conocer la lectura de una imagen. Es una pregunta muy acertada…