Después del invierno, de Guadalupe Nettel

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

Con su ópera prima El huésped, Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) publicó por vez primera en Anagrama hace 10 años, en 2005. A ésta siguieron, bajo el mismo sello, el libro de cuentos Pétalos y otras historias incómodas y El cuerpo en que nací.
Con El huésped fue finalista del Premio Herralde de Novela y el año pasado se hizo acreedora a este galardón por su libro Después del invierno. Estas publicaciones le han valido un reconocimiento propio además del que tenían por ser, por ejemplo, ganadores de concursos, como el cuentario que había obtenido el Premio Gilberto Owen.

En toda su literatura Nettel explora lo marginal, lo extraño y la anomalía. En su más reciente novela lo hace a partir de dos personajes: ‘Claudio’, un cubano radicado en Nueva York; y ‘Cecilia’, una joven oaxaqueña que emigra a París para continuar sus estudios. Las dos historias, en apariencia sin relación, se encuentran a mitad del libro para transformarse en una narración sobre el amor. ‘Cecilia’ ha sido abandonada por su amante ‘Tom’, quien viaja a Italia para recuperarse de una enfermedad, mientras que ‘Claudio’ acompaña a su amante adinerada a París, ciudad en la que visita a amistades de la juventud y donde conoce a la oaxaqueña. El romance se da por equívocos: la pobreza de ‘Cecilia’ es confundida por ‘Claudio’ como un afán de austeridad, por lo que cree encontrarse ante el amor verdadero (y no ante un error de percepción). La lejanía entre ambos (una vez que él regresa a Nueva York), correos electrónicos amorosos (por parte de ‘Claudio’), así como regalos transoceánicos para convencer a la joven de que entre ellos existe un vínculo especial, provocarán una especie de romance intempestivo. El final de esta relación es previsible, no así el recuerdo de una experiencia homosexual de ‘Claudio’ (que en nada abona al libro), ni tampoco la idea de que algunos personajes de la novela sean amantes de los panteones. La rareza, en esta novela, es una temática metida con calzador que no termina de incidir en los caracteres de los protagonistas.

Después del invierno, además, permite cuestionar a la autora en cuanto al cuidado de sus textos. En El huésped la protagonista se sube al metro de la ciudad de México en la estación Hospital General “con dirección Observatorio”. El hecho se pasa por alto debido a que es una ficción y no tiene que coincidir con la realidad. En El cuerpo en que nací se nombra a la cárcel de Santa Martha Acatitla, como Santa Martha Catitla. Sin embargo, al ser ficción, tampoco el dato debe ser preciso. Pero, en el mismo libro el hermano de la protagonista primero tiene nueve años y posteriormente, en la historia, tiene ocho. Algo similar ocurre en Después del invierno: ‘Claudio’ llega a París la noche de Navidad, pero recuerda ese viaje como “mi visita de octubre”. ¿Es posible seguir pensando que estas inconsistencias son atribuibles a la ficción?

A la luz de esto, ¿cómo tomar la repetición constante de caló cubano para darle peso a un personaje con esta nacionalidad?, ¿cómo hacerlo cuando su carácter, su modo de ser, de pensar (la construcción del personaje en sí) no remite a un cubano sino a un personaje que habla como cubano? ¿Cómo dejar de pensar en la protagonista de El cuerpo en que nací al leer a ‘Cecilia’, cuya cadencia lingüística es igual a la ‘Guadalupe’ de la novela anterior? ¿Cómo explicar que sus personajes de El matrimonio de los peces rojos se tiren “un polvo”? ¿Todo lo anterior es el precio de que una narradora mexicana se internacionalice vía España, en editoriales que parecen no cuidar a su autora?

Las obsesiones de un escritor hacen su literatura. Sin embargo, el propio autor debe cuidar que éstas no se conviertan en simples repeticiones. Nettel está a punto de volverse repetitiva: su temática retoma narradores que hablan como algunos anteriores; la extrañeza y la marginalidad siempre son características de sus personajes (aunque en realidad no sean marginales del todo) y el retorno constante a una Francia que nada tiene que ver con el estereotipo turístico, son elementos que se presentan en sus últimos cuatro libros.

En la obra global de Nettel, Después del invierno es su novela menos lograda, lo que de entrada no sería un inconveniente (los autores no escriben/publican exclusivamente buenos libros) si no fuera porque con esta novela se le otorgó el Premio Herralde a una autora de “casa” que, al menos en México, ya no requería este tipo de impulso.

¿Hacia dónde va la narrativa de Nettel? ¿Qué tanto importa un premio para poner bajo los reflectores a su autor cuando la obra no se defiende por sí misma? Estos cuestionamientos y más plantea Después del invierno, a la luz de toda la obra de Guadalupe Nettel.

Nettel, Guadalupe. Después del invierno. México: Anagrama, 2014.