Cortázar a través de 32 escritores iberoamericanos

Jonás “Eveready” Domínguez.

Un libro de tapa azul que resguarda un poema de Chaucer sirve de pretexto para que, desde su estudio de paredes azules, un escritor convoque a otros tantos a un ejercicio literario. El escritor se llama Pablo Brescia y radica en Florida. Los otros escritores, casi tres docenas, viven en todas partes. El tema es la lectura de la obra de Julio Cortázar.

Ensayos provenientes desde Buenos Aires, Barcelona, Chicago, Florida, Iowa, Nueva York, París, Montevideo o Ciudad de México, entre otras ciudades, catalogados acorde a secciones definidas desde las que se vislumbra a un Cortázar inasible aunque reconocible. Cortázar múltiple a partir de 32 cruces y entrecruces textuales de escritores-lectores iberoamericanos: Andrés Neuman, Fabián Casas, Giovanna Rivero, Edmundo Paz Soldán, Diego Trelles Paz, Andrea Jeftanovic, Carlos Yushimito, Leonardo Valencia, Eduardo Varas, Pablo Martín Sánchez, Ana Merino, Andrés Mauricio Muñoz, Natalia Mardero, Rey Emmanuel Andújar, Florencia Abbate, Sebastián Antezana, Yolanda Arroyo Pizarro, Paul Brito, Maria Alzira Brum, Antonio Díaz Oliva, Armando Luigi Castañeda, Marcelo Eckhardt, Betina González, Blas Dotta, Osdany Morales, Solange Rodríguez Pappe, Víctor Ruiz Velazco y Gabriela Vidal. De México: Rosa Beltrán, Alberto Chimal, Cecilia Eudave y Ana García Bergüa.

Cortázar sampleado
Brescia es el coordinador de este libro, de tono índigo, que propone (re)lecturas variadas. La presentación se da en una sala de tono azul al interior del Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA), en el marco de la FIL Guadalajara 2014.

“A treinta años de su muerte y cien de su nacimiento, hay pruebas sólidas del lugar que (Cortázar) tiene en el canon argentino y latinoamericano. La cátedra universitaria, la reedición e integración de sus escritos, las obras completas, la publicación póstuma de más textos auguran la posteridad; es decir, la lectura, la reevaluación y el redescubrimiento de la obra. Cortázar está. La cuestión es si se lee“, comentó Brescia.

La idea de Cortázar sampleado inicia con una excursión a Madrid en diciembre del 2011“, dijo, recordando que en abril de 1993 llegó a esa ciudad la biblioteca que Cortázar había dejado en su casa de la rue Martel. “Eran los libros acumulados a lo largo de su vida en Buenos Aires y París“. El visitante; es decir, Brescia, fue a la Fundación Juan March y “vio los libros que Julio leía y en los que anotaba con fervor (libros de Borges, de Paz, de Arreola, de muchos, muchos otros) y comenzó a imaginar a ese Cortázar lector“.
En marzo de 2014, cuando se cumplieron los respectivos cien y treinta años, “la idea experimentó una metamorfosis: ¿qué tal si explorar un Julio menos conocido, el que construyen algunos de sus lectores? Se quiso entonces dejar un testimonio alejado de las reverencias y más cercano a los encuentros y desencuentros que han tenido algunos escritores-lectores con los relatos, novelas, libros miscelánea, ensayos, poesía, cartas o hasta la misma figura de Cortázar”.

“La propuesta fue preparar una antología de lecturas lo más iberoamericana posible, con narradores nacidos en los sesenta, setenta y ochenta, es decir, lejos de aquella ‘marca registrada’ de la que hablábamos al principio. ¿Quiénes de ellos y ellas leen a Cortázar? ¿Por qué y cómo lo leyeron, lo leen?”, explicó el también narrador de origen argentino.

Cecilia Eudave comentó que su participación en Cortázar sampleado le permitió “recordar esa época de finales de los ochenta cuando transitaba los pasillos de la universidad y escuchaba a todos hablar de Rayuela, revivir las discusiones sobre si era ésta la protagonista de la obra del escritor o sus cuentos“.
De esta manera, la narradora tapatía revisitó sus libros para confirmar su gusto por las historias cortas. “Carta a una señorita en París” le dio la oportunidad de reivindicarse con su pasado estudiantil y “prefigurar la poética de Cortázar desde su cuentística.”