Entrevista a Élmer Mendoza

Por Juan Nicolás Becerra.

Está documentando: Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) es un escritor que toma riesgos y es valiente con su apuesta literaria, sin dejar nada a la deriva. Se sabe bien que al estar en una cantina siempre está atento a los diálogos de los bebedores y eso le ha permitido conformar libros exquisitos y memorables.
El contexto en el cual convive su obra siempre está bien relatado: mujeres bellas, cerveza fría, béisbol, el cártel de Sinaloa y mucha música.
Su narrativa tiene la capacidad de atrapar lectores en automático, con la naturalidad de ser potente y adictivo. Se aprecia la disciplina de un ingeniero que lee y escribe, sin esa pose propia del escritor mediático. Y sin embargo, Mendoza es un escritor consolidado que en cada nuevo libro va superando anteriores entregas.

Con Balas de plata (2008) dio inicio a la conformación de un personaje fundamental: ‘el Zurdo Mendieta’ -que conforma ya una trilogía: Prueba del ácido (2012) y Nombre de perro (2013)-; galardonada con el III Premio de Novela Tusquets, sello que ha sido su casa por 20 años, desde la publicación de su primera novela, Un asesino solitario (1999), y en la que está publicada toda su obra, repartida en tres colecciones.

Considerado uno de los escritores imprescindibles en la literatura mexicana contemporánea, Mendoza nos responde vía electrónica el siguiente cuestionario:

Ha mencionado que el tema de sus libros siempre lo buscan. Como la historia no está ambientada en el Norte mexicano, uno se pregunta ¿cómo es que usted encuentra al ‘Capi Garay’?
Desde hace ocho años tenía un personaje joven en la cabeza, en una situación de violencia extrema, Lo que hice fue crear una historia para él en un lugar que, aunque no lo conozco de siempre, es un sitio que he visitado varias veces y que me gusta mucho. Esa parte sentimental es importante: me da fuerza para imaginar el sitio en otras épocas, crear los personajes y proponer espacios que no tienen por qué ser reales. Al ‘Capi’ lo encontré en Culiacán como reflejo de los jóvenes mexicanos. Es un chico que logra adaptarse a la selva sin hacer gestos. Sus alergias tienen otro origen.

Además de la representatividad que postula el ‘Capi Garay’ ante los lectores, ¿cuáles serían las reflexiones que busca en esta apuesta literaria?
Me encantaría que los jóvenes se posicionaran en su tiempo y en su responsabilidad histórica. Pocos confían en ellos, entonces sería bueno que demostraran que el país no estará peor cuando ellos lo dirijan. Algunos lectores me han dicho que han aprendido de ‘James’, de Xilitla, de México. Espero que pronto lleguen los que aprendan de sí mismos.

¿Qué le inspiró ese lugar llamado “Las pozas” en San Luís Potosí, creado por el mecenas surrealista E. James?
El misterio del hombre y de la vida. El hombre no siempre tiene razones definidas para justificar su proceder. Las Pozas es un lugar que incita a pensar en la grandeza humana a partir de sí mismo. Esa impresión que tuve en mi primer viaje permaneció por años en mi cabeza, hasta que un día decidí que sería parte de una novela. Los que se van a ir al cielo, deben conocer Xilitla como un adelanto de cómo se deberán comportar en ese lugar. Los que se van a ir al infierno también; flota una especie de gula intelectual muy reconfortante y la grandeza del espíritu inglés de Edward James y de Led Zeppelin.

El misterio de la orquídea Calavera es un nombre misterioso, ¿cómo se relaciona con el surrealismo?
De acuerdo a Breton y lo automático, es el parque mismo de Las Pozas en ese cerro. Un parque aparentemente inconcluso, con un misterio que nunca será posible explicar. Ese castillo que es un balcón, puede servir de ejemplo, o La casa de los colibríes, que es donde se puede hablar con el Dios del pasado, ya que él jamás lo hará del futuro. También se pueden saber cosas de la lluvia, por ejemplo: por qué odia el desierto.

En gran parte de su obra ha escrito sobre el narcotráfico ¿Cómo ha permeado este tema en su narrativa?, ¿qué nos puede decir de la llamada narco-cultura?
Lo dejo entrar, lo dejo estar presente, como ese invitado de última hora que todos esperan. Es la manera más clara en que me conecto con mi tiempo, una época difícil donde se soltaron todos los demonios, la corrupción se ha incrementado y el respeto a las leyes se ha relajado más allá de lo prudente. Estamos en la antesala de una época en que cada quien podría hacerse justicia por su propia mano y generar profesiones tan horribles como la de sicario o desintegrador de cadáveres. La narco cultura está vigente. Nace de la creación de íconos que además de ser nombres famosos imponen formas de vestir, sus gustos por la música, los vehículos, las armas, las mujeres, la comida, Hay un ejército de imitadores que dan cuerpo a la idea, incluso la enriquecen. Puedes verlo en algunos estereotipos de la tele, en las calles y en las pesadillas.

Un asesino solitario fue un parteaguas en nuestra literatura al acercarse al tema del narco desde la novela policiaca, asumiendo la teoría de conspiración en la vida política nacional bajo la idea, precisamente, de un ‘asesino solitario’…
Nada me gustaría más que fuera a partir de la novela, pero nuestra capacidad lectora no da para tanto. Lo que sí, la realidad y la ficción se complementan y se explican perfectamente. La realidad y su representación se confunden fácilmente.

¿Qué resonancias quedan del ‘Europeo’ después de una década de afrenta contra el narco, donde se dieron cita una larga lista de personajes reales?
Los personajes reales ahí siguen. ¡Es asombroso! La temática también sigue teniendo valor. Lo que ahora también se considera es el estilo, la propuesta estética que implica un lenguaje, una dinámica del discurso y la presencia de personajes influyentes en el país. Fue una gran experiencia escribir Un asesino solitario y responderle a los periodistas cuestiones de las que ellos sabían más que yo.

‘Macías el Europeo’ marca el precedente de protagonistas emblemáticos en la literatura del narco y el ‘Zurdo Mendieta’ lo perfecciona a modo de leyenda, ¿cómo cohabitan estos personajes en su creación?
Viven en un mismo edificio, que es mi obra. ‘Macías’ está completo, en cambio ‘Mendieta’ crece en cada novela. Evito a toda costa develar sus similitudes, pero es inevitable que compartan detalles de perfil: por ejemplo, la ironía, el asunto de las mujeres y su descrédito de la clase política.

Hablemos de El amante de Janis Joplin. La mordacidad de ‘David Valenzuela’ es contundente, nunca percibí un personaje tan débil que, al tirar la piedra con tal precisión, inicia una agonía que, en cierto modo, es gozosa: Carlota lo añora, viaja con los Tomateros, se convierte en una leyenda y casi termina pichando para los Dodgers L.A.; el cholo lo salvaguarda y tiene un affaire con ‘Janis’; es decir, es una especie de mártir contemporáneo pero que vive disfrutando. ¿Ese era el propósito del personaje principal en la novela?
No, soy de los que escriben novelas sin propósitos notables; si acaso, que los lectores se diviertan, como quería Cervantes, o que ejerzan su soberbia a la hora de juzgar mis novelas porque no resisten mi estilo y prefieren descalificarnos. Crear un personaje es hacerlo verosímil. Debe percibirse bien plantado en lo que hace o en lo que teme. Creo que David me quedó completo.

Ya que estamos en Janis…, ¿podría compartirnos algunos de sus gustos musicales?
Me gusta el rock, y tiendo a escuchar rock clásico. También soy fanático de los corridos, de la música de mariachi, de Serrat y Sabina, de Paco de Lucía, Joaquín Rodrigo y Ojos de Brujo. Me gusta escuchar guitarristas, desde Jimmi Page a Andrés Segovia. El tango siempre me sorprende, lo mismo que los boleros. Con Leonor siempre desayunamos escuchando pop suave.

He documentado que Efecto Tequila surge cuando está en un semáforo en rojo. Esta novela abarca varios temas: tráfico de influencias, globalización, crisis monetarias. Me parece que con ella se consolida una primera etapa de su narrativa a la vez que lo catapulta a un mercado global por lo delicado del tema…
Quise demostrar que un mexicano puede escribir una novela de espionaje. Es odiosa la intención de seccionar los temas por países. Tuve que hacer preguntas, muchas preguntas, y las respuestas me las dieron mexicanos, un español que me presentó Arturo Pérez-Reverte, tres argentinos y James Bond. En cuanto a ese semáforo, tengo que transitar por ahí, al menos cuando ande escaso de ideas.

En Cóbraselo Caro dio un salto vertiginoso a una historia de corte chicano, muy fluida, en la que ‘Nicolás Pureco’ regresa desmemoriado a la búsqueda de su raíces. En esta novela se percibe un estricto cambio en su narrativa, ¿fue una provocación o algún encargo?
Fue un milagro. Ya vez que es usual que los autores escriban capítulos en homenaje a sus maestros o amigos. Italo Calvino es buen ejemplo con Si una noche de invierno un viajero. Pues eso, se trataba de trabajar con la estética de Juan Rulfo. Claro, un personaje sin memoria me permitía desarrollar mi propia estética como complemento. La noche que se me ocurrió la idea, mientras conversaba con César Güemes, Arturo y Leonor, es también inolvidable. Y bueno, si traes la idea de escribir bien, estás convencido que se trata de cambiar.

Me quedo con impresión que es un libro que trata la muerte, ¿usted cree en la vida después de muerto?
Claro, pero como fantasma. Espero desconcertar suficiente cuando me toque.

‘Nick’ viaja con Pedro Páramo, ¿cuáles son los libros que le acompañan cuando va viaje?
Los que esté leyendo. Ahora llevaré Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes, La fiesta de la insignificancia, de Milan Kundera, El crimen del lago, de Qiu Xiaolong; y poemas de Jorge Humberto Chávez y de Luis García Montero.

Pasemos a la saga del ‘Zurdo Mendieta’: Balas de plata está ambientada en una posmodernidad medida por las armas que están en las calles, el protagonista es un fracasado, pero de alguna manera, en la trama de la historia sale victorioso ¿Podemos pensar lo contrario o ahí es donde surge la perpetuidad del personaje?
No tengo esa respuesta. Para mí es imposible valorar a mis personajes desde esa óptica. Trabajo en ellos para que sean efectivos, intento crear mecanismos que impliquen idealismo, donde el lector pueda ser inducido, como ser crítico, señalar corrupción, impunidad, y los defectos en la aplicación de la ley. También el tema de la música. Compartir gustos une a los humanos, sean reales o de ficción.

‘El Zurdo’ es un policía muy aislado pero corrupto, conforme la saga avanza se vuelve más desfachatado: en La prueba del ácido se muestra más involucrado en el caso… ¿esa fue la fórmula en esta novela: un personaje menos hostil?
Sí, las carencias son más notables; entonces se corrompe un poco más. Además, le toca vivir un caso que le duele; esa imbricación lo debilita y claro, los traspiés se multiplican. Al principio no era la pretensión, pero las historias se develan y al menos en este caso no pude resistir la tentación. Esto porque generalmente sigo la idea original hasta donde es posible.

En Nombre de perro el personaje de Mariana Kelly finalmente es asesinada y es el detonador que marca la pauta para la trama de una novela de pactos entre narcos, tráfico de influencias, contrabando y traición y donde interviene la Jefa del Cártel del Pacífico. Aquí la situación es de venganza con un ‘Zurdo’ más astuto y hasta en tono divertido, ¿es la imagen final de ‘Edgar Mendieta’?
No, ‘Mendieta’ evoluciona; seguramente en el resto de la saga presentará otros aspectos de su personalidad. Aquí hizo un pacto directo, y convirtió su oficio en un negocio particular. Esperemos que recupere alguna parte de su condiconada honestidad.

Por el lugar en que nació, ¿atribuye que el ideario de su obra sustituye lo cotidiano del entorno?
Sí. Me gusta mi ciudad: sus mitos, sus leyendas, sus personajes; también cuando la imagino. Es un ancla poderosa. Ni hablar.

En todo su trabajo hay una estilística muy marcada por el lenguaje local de su entorno: el Norte, la violencia, la corrupción son temas perturbadores e infinitos para los narradores de este género o habrá un recato próximo?
Son elementos importantes, pero cada quien irá descubriendo los aspectos que fortalecen el sentido de su narrativa. Yo estoy firme. Las palabras me salen del corazón y eso me permite crear historias intensas. La pertenencia hace daño, dicen, pero la verdad es que cada quien elige con quien va a bailar esa noche, y yo, pues con la misma. Crear un estética lleva tiempo, y en mi caso, más de una obra.

¿Llegaremos a cumplir la idea de que todo está chilo?
Claro que no. Sería el fin. Como decía Daniel Sada: ¿qué chiste puede tener una novela donde todos son felices? Ninguno. No habría tensión.