Servicio al cuarto, de Juan Gerardo Aguilar

Por Juan Nicolás Becerra.

Hoy paso el tiempo / demoliendo hoteles / mientras los chicos allá en la esquina / pegan carteles.
Charly Gracía
(Cantautor argentino que tiene fama de brincar de los cuartos de hotel a las albercas).

Algunos edificios son mudos o al menos resguardan entre sus paredes golpeteos, gritos -de placer o de violencia-. Por eso algunos mortales prefieren alojarse en estos lugares recónditos donde la m desvaría en h -no encuentro otra metáfora pues nunca he podido concebir las diferencias entre motel y hotel- bajo la idea de reconfortar el espíritu, mejorar la salud mental a fuerza del desgaste físico. Dormir en cama ajena representa una especie de mudanza repentina que hidrata el cerebro.

En los nueve relatos breves que el narrador zacatecano Juan Gerardo Aguilar reúne para su segundo volumen de narrativa, se plantean historias en torno a esos recintos de paso en los que, del placer a la sordidez, de la desfachatez al anhelo de pequeñas fantasías, los personajes son huéspedes anónimos sin pasado que se les devele en el rostro.

El primer relato nos lleva a la historia de un bellboy que, como todo hombre redimido después de su breve paso por el “tribilín” descubre en los cuartos de cierto hotel desértico que en estos espacios lo mismo caben unas “nalguitas gabachas” que los crímenes más inmisericordes, pero acaso una sonrisa sea la sanción o la protección de su madrina ‘Lucita’, con quien atestigua todas las atrocidades, destrozos y abusos sin límites.

En otra de sus narraciones el lector se topa con un sicario enamorado de una table dance. Podrá sonar muy recurrido el argumento debido a los actuales legisladores panistas; sin embargo, Aguilar logra un ambiente inverosímil y nostálgico cuando relata cómo un hombre puede convertiste en asesino a sueldo a la vez que vivir plena devoción por la ‘Yesi’, una historia tan afilada como una navaja y tan severa como el olvido de una madre.

En ese ambiente lascivo de lectura llegamos a Promete que volverás, donde un padre invidente padece literal los exabruptos y el rencor de su hijo, quien le propina severas madrizas, nada decorosas. Un relato en el que coincide la culpa, la desolación, las promesa incumplidas y el afán por esconder la verdad.

También hay reservación para una estrella olvidada y vapuleada por los reflectores televisivos que a la larga encuentra refugio laboral como camarera, donde logra su mejor papel al auto-culparse de asesinar a un productor de T.V. y gozar de sus mejores 15 minutos de fama en la nota roja.

Esto y más pasa en Servicio al cuarto, cuyo cuento que da nombre al libro es desde su arranque sumamente provocador y mantiene al lector esperanzado en encontrar un desenlace trágico y pasional; sin embargo no sucede del todo, quizá la moral y el arrepentimiento al desliz se asomo en sus protagonistas.

Para concluir, les dejo una frase de uno de los personajes: “Si hay que matar, mataré, si hay que coger, pos cogeré”, y agregaría convencido: si hay que leer, hay que leer un libro imperdible: Servicio al cuarto.

Aguilar, Juan Gerardo. Servicio al cuarto. Zacatecas: Pictographia editorial-CONACULTA-INBA, 2014.