De tres en tres: Matías Celedón

De tres en tres
Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

Matías Celedón (1981)

Eclipsado por otros autores jóvenes chilenos que se han internacionalizado gracias a su paso por los grandes corporativos editoriales, Matías Celedón ha permanecido oculto al mundo latinoamericano fuera de Chile. Su prosa se caracteriza por el experimento bien logrado y por la miniatura, siendo estas características su mayor virtud. Sus novelas son pequeños monumentos al horror provocado por la malformación, por la indiferencia ante el crimen y por el testimonio de lo que es imposible impedir. Sin duda Celedón es un autor que debiera tener una mayor difusión, pues sus aportaciones se encuentran, al menos a la par de las de sus contemporáneos (Alejandro Zambra, Carlos Labbé, Claudia Apablaza, Álvaro Bisama, Andrea Jeftanovic y Lina Meruane).

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Además de una novela construida de fragmentos, Trama y urdimbre es un experimento bien logrado por mostrar el horror a través de la insinuación. Aunado a ello, es la visualización de esos patrones de costura donde deben seguirse las instrucciones para conseguir una pieza. Es una novela poco tradicional. La anécdota es sencilla: el hijo de una costurera sufre la violencia de su padre, quien antes de abandonarlos lo deja medio muerto, con la cara destrozada, desfigurado y con un miedo que lo obliga a esconderse en los clósets mientras su madre atiende a sus clientas. La madre, por su parte, es una mujer que resiente el abandono del hombre, así como el poco trabajo que le llega debido al miedo que las mujeres que la contrataban sienten por su hijo deforme. Hasta que el niño, a causa de una enfermedad materna, tiene que salir de casa, primero a pedir limosna y después a trabajar. El destino, que se ha empeñado por hacerle saber que la vida es un infierno, pronto lo ha de alcanzar.
Su formato es atípico, pero tiene una incidencia necesaria con la historia que cuenta. Además, es un folleto de costura donde es necesario ir del punto A al B para conseguir hilar lo que se narra de fondo. Es un libro experimental que revela a un gran narrador. Si alguien ocupó la frase de que si Borges hubiera escrito una novela sería como Bonsái, del chileno Alejandro Zambra, entonces Trama y urdimbre sería la cumbre de esta hipotética novela borgeana.

Celedón, Matías. Trama y urdimbre. Buenos Aires: Mondadori. 2007.

Ganadora en 2013 del Premio de la Crítica y del de Mejor Novela de la Municipalidad de Santiago, La filial es una novela escrita y realizada con un sello Trodat, con tipos móviles en dos tablillas de seis líneas con un máximo de 90 caracteres por impresión. Por lo mismo, cada página incluye sólo textos que no exceden este límite.

La historia es contada por el funcionario de una institución que parece existir en una dictadura o en un régimen totalitario. Así, la novela es la copia de un libro de actas donde se da cuenta del crimen de una empleada sorda y de la indiferencia de sus compañeros de trabajo. Si el lenguaje mínimo, cegado, provoca un tono policiaco y amenazante, en La filial el paso de cada página es la metáfora del encierro que con cada golpe del sello Trodat se vuelve más amenazador.

Celedón, Matías. La Filial. Santiago de Chile: Alquimia Ediciones, 2012.

Una niña con característica de virgen aparece en un campamento de gitanos, de cirqueros. Pero todo el mal que se ha acumulado por años parece que la tocará y no de la mejor manera. A su alrededor hay tres personajes que gozan de cierta libertad, pero que de noche deben volver a dormir a sus jaulas y a quienes todos desprecian: Laura, Santos y Omar, el protagonista de la historia, un niño huérfano a quien han recogido en medio de un camino.

Con una prosa que esconde al lector hacia dónde se dirige, Celedón consigue una novela donde el amor entre huérfanos toma dos matices, el desprecio y la salvación. Hay imágenes sugerentes e incluso en medio del horror es posible que subsista la belleza, tal como ocurre cuando en medio de un basurero aparece la niña-virgen y todos dan por muerta, pero el protagonista narra que: “Entonces la miré: la niña abrió su boca, apenas, y le salió de adentro una ratita blanca. Me estremecí. Sucumbí a un deseo incontrolable. Embriagado por la señal divina, tuve que besarla conmovido. Era el prodigio, el hito que renovaría la Fe”.

Celedón, Matías. Buscanidos. Santiago de Chile: Hueders. 2014.