Entrevista a César Gándara, autor de Rebelión de los fanáticos

Por Nahum Torres. | Retrato de Víctor Amor.

En las primeras páginas de Rebelión de los fanáticos, de César Gándara, conoceremos al detective ‘Juan Nepomuceno’ (sí, como Rulfo), habitante de ‘Santa Gracia’ -poblado donde las mujeres desaparecen, en la otrora ‘República de Sonora’-, quien busca liberarse de una epidemia mortal, por lo que, con el peso de varios fajos de billetes, convence a su jefe, el ‘comandante Miranda’, para ser enviado en calidad de encubierto al Hospital Psiquiátrico, espacio ideal para protegerse del supuesto virus mortífero.
En la novela se narra “el fin del mundo” y ante tal situación, existe una, sí, una ‘Mesías’ y sus respectivos profetas, una triada de seres raros: ‘Clemente Verdugo’ (“líder de una secta religiosa“), ‘Orígenes Sánchez’ (residente sin derecho y amante del teatro) e ‘Irineo Guerra’ (“un vagabundo acusado de asesinar a quince mujeres“).

Ficción sobre el México de los últimos treinta años, capítulo a capítulo, Gándara dosifica el misterio que encierra esta novela con escenas breves, precisas. Al escribir este “thriller apocalíptico“, privilegió la exploración sobre la invención de una historia, pero no hay un registro costumbrista sino una especie de novela de género negro que, recupera lo suprahumano en la lucha contra el Mal.

¿Qué propició la escritura de Rebelión de los fanáticos?
La realidad. En particular los feminicidios que en aquel momento eran más visibles en Ciudad Juárez, aunque luego fuimos descubriendo que esa enfermedad se había desperdigado por todo el país. Ese fue el germen, después de haber leído mucho sobre el tema, sobre todo notas periodísticas, algunos libros y la plática directa con algunos amigos que vivían allá y me informaban sobre lo que estaban viviendo y de lo cual se encontraba muy poco en medios como la televisión. Durante esta investigación se presentó en la ciudad de México la hasta ahora dudosa epidemia de A1HN1 que paralizó a la ciudad. Todas estas señales tenían a la gente en estado de pánico. Esto me hizo reflexionar a lo que sucedió en la edad Media cuando la Peste Negra estaba acabando, si no con toda la humanidad, al menos sí con Occidente. En aquel momento se pensaba que eso, junto con la incapacidad de un sistema económico que pudiera sostener satisfactoriamente a la humanidad, hizo que el imaginario de ese tiempo comenzara a tratar de encontrar una razón a lo que sucedía. La mayoría de la gente de ese tiempo pensaba en el Apocalipsis, interpretaban los fenómenos como señales del fin del mundo. Y me parece que actualmente está sucediendo algo muy similar y, al igual que en aquel entonces, hay varias maneras de interpretar el fin del mundo. La mayoría piensa que el Apocalipsis se va a presentar porque así está escrito en la Biblia que va a suceder, que ha llegado la hora de que regrese el Mesías a salvarnos. Algunos otros piensan que lo que nos sucede en la actualidad es por obra de un sistema económico que sólo favorece a ciertas familias o grupos de poder en el mundo y que ellos nos envían enfermedades, guerras y que nos controlan a través de la economía. Y hay otros más, que son los hedonistas, que piensan que no hay que preocuparse por eso, total, si ya viene el fin del mundo, lo que hay que hacer es divertirse y pasársela de lo mejor mientras tenemos vida. Todos estos ingredientes fueron los que me hicieron escribir la historia. El libro está hecho de un montón de retazos de diferentes historias fundacionales, de libros de literatura, de lo que escucha uno en la calle y de las lecturas que me han calado y hecho reflexionar a lo largo de mi vida.

Santa Gracia es un poblado ficticio que hace pensar en Nínive pero con reminiscencias a Cd. Juárez o el Estado de México…
Sí, en ese sentido fue que quise replantear nuestra realidad en otro contexto. Varios lectores me han dicho que la historia les parece demasiado fuerte, que incluso por momentos es necesario dejar a un lado el libro para digerir la perversión planteada. A mí esto me hace pensar que cuando nos vemos reflejados en una historia, el horror causado es mayor incluso que cuando estamos viviendo esa realidad. Por eso también es que la historia está llena de humor, un humor descarnado, irónico y ácido que es muy necesario para poder soportar lo grotesco y obsceno de nuestra realidad.

Se dice que existe una moda literaria por la violencia. Cómo escritor: ¿sientes obsesión por la violencia?
Mi obsesión está más ligada a intentar iluminar esas zonas oscuras de los personajes para que nos den un poco luz. En el caso de Rebelión de los fanáticos quería profundizar en una realidad, verla a la distancia, desmitificarla para luego recrearla en un imaginario común a todos los mexicanos, sobre todo a los norteños, pero no excluyente. En ese sentido siempre me ha gustado explorar la condición humana, y esto nos lleva irremediablemente a explorar la violencia.

¿Consideras que vivimos en sociedades sicóticas?
Considero que el sistema económico en que vivimos es sicótico, y esto desencadena que la sociedad se vuelva una manifestación de ello. Mientras se siga considerando al dinero como el valor supremo de esta sociedad, y del sistema, vamos a seguir necesitando locos como ‘Ireneo Guerra’, ‘Clemente Verdugo’ y ‘Orígenes Saldaña’ para que traten de encontrar una nueva forma de organizarnos y de distribución de la riqueza.

En tus relatos encontramos una mirada a la vida en el Norte mexicano, ¿qué motiva esta narrativa?
Para mí es muy difícil pensar en un solo México. El Norte es una manera de pensar, de vivir y de concebir muy diferente a otras regiones del país. Se dice que existe una moda literaria por la violencia y el narcotráfico, y que los escritores norteños hemos aprovechado esto para promocionar nuestro trabajo (pero) no estoy de acuerdo con esto, primero que nada porque creo en el trabajo del escritor como un acto individual. No me gustan las etiquetas. Aunque es lógico encontrar similitudes, sólo hay que pensar que las ciudades del país que se encuentran en las zonas desérticas tiene ciertas características que las hacen diferentes a los mexicanos de otras zonas. Los pobladores de estos lugares estamos acostumbrados a un paisaje plano, muy abierto, con poca vegetación y sin ningún obstáculo para que el viento corra. Es fácil observar el horizonte y los atardeceres sin ningún obstáculo. Es difícil que los sonidos permanezcan. Todas estas características geográficas, aunadas al calor y al frío extremos, forman las características del norteño promedio: gente abierta, que dice las cosas como son. Sin rodeos. El norteño promedio se comunica a grito pelado para que lo escuchen claramente. Esto es algo muy familiar para mí, y lo manifiesto en mi manera de vivir, de concebir el cosmos y, por supuesto, también a la hora de escribir.

Una cita textual: “Nada hay encubierto que no llegue a descubrirse, ni secreto que no haya de saberse“…
Sí, es Mateo 10:26. En cuanto a la estructura literaria de la novela esto es de gran importancia. Por eso la decisión de hacer un “thriller apocalíptico”.

Biblia y violencia siempre remiten a Faulkner, aunque en el caso de esta novela, quizá uno pueda encontrar en el personaje de ‘Charlie Parker’ -anti héroe creado por John Connolly- un posible referente, mucho más contemporáneo. La analogía se complementa cuando Gándara se pronuncia, a la manera en que el escritor inglés lo ha planteado, por la falta de respuestas en la escritura: “La literatura es diálogo, los autores que tiran netas ya no son viables. Mi planteamiento es hacer preguntas…

El relato culmina en un “mensaje” esperanzador. ¿Por qué ser optimista?
Para mí, el fin último de todo escritor es entablar un diálogo con los lectores. Y para esto, primero hay que tener algo que decir. Estoy convencido que la vida es una mierda, pero incluso siendo así vale la pena vivirse y es algo maravilloso. En cuanto a la novela, no habría tenido sentido escribir la historia de unos tipos que quieren cambiar el mundo si no se van a morir en el intento, luchando hasta que agoten sus fuerzas y no les quede más remedio. Además de que eso es para mí una metáfora de lo que la escritura debe ser.

Gándara, César. Rebelión de los fanáticos. México: Editorial Terracota, 2014.