Habitantes de la noche, de Roger Vilar

Por Erika Rosete.

En este relato no se podrá encontrar el final feliz o la justicia poética propia de algunas piezas literarias. Será la oscuridad urbana y las sombras que se gestan en sus recobecos la esencia de esta novela, primera del narrador naturalizado mexicano Roger Vilar.

La actividad periodística y la narrativa de suspenso dotan a esta obra de un realismo que estremece y propicia interrogantes sobre el ritmo que al caer la noche tienen las calles que caminamos a diario, la transformación de las miradas de las personas que se internan en ellas; el universo de posibilidades de cada una de las puertas cansadas de las casas que quedan atrás en el camino, y sobre todo, la forma en la que esas realidades llegan hasta nuestros ojos, a veces, como titulares de nota roja.

Habitantes de la noche abre una ventana hacia el mundo que un reportero observa en parte, solo para saciar su necesidad de construir una noticia que impacte dentro de esa literatura rápida que es devorada día tras día.
La identidad de un escritor y vagabundo al mismo tiempo, loco y enigmático; y la aparición de una solitaria y frustrada mujer que más tarde caerá en el camino de un pintor lleno de culpas, son los canales que Vilar utiliza en su obra para demostrar que la oscuridad emana desde el interior de aquellos quienes pretenden acercarse y fundirse en ella.

‘Isabel’, una hermosa mujer de poco más de treinta años, encarna la frustración total al enfrentarse a un trabajo que le resulta mediocre. En la lectura obligada de obras de superación personal encuentra la clave de la “dicha y triunfo” pero la falta de dinero y la soledad la orillan a buscar ayuda desesperada donde jamás imaginó.

‘Julio’, el pintor santurrón con la conciencia pervertida, es ese personaje que en su apariencia devela la incapacidad del hombre para ser totalmente libre (incluso de sí mismo). El óleo y el arte no le bastan; y el encuentro con ‘Isabel’, servirá sólo para saciar otra de sus temibles e inherentes culpas.

‘Ribalta’, el reportero nocturno y ensimismado, obsesionado en jugar con la realidad a modo de convertirla en circo en cada nota periodística, en cada titular o con cada palabra que lograba escribir sobre lo que sucedía alrededor de un ser extraño y trastornado al que observa como una mina de oro y a la vez, con cierto desdén.

Quizá sea ‘Joseph Alda’, en cuya mirada abismal se agolpa una vida enigmática, quien aflore su lado más oscuro. Incluso arropado por una gabardina y sombrero de ala ancha, ‘Alda’ creará a lo largo de este relato su propio mito, el del escritor frustrado (como casi todos los personajes de este micro universo) que narra cada acto terrible que ha cruzado pormsu mente o que ha realizado.

El reportero, el escritor, el pintor y la mujer son retratos de una misma violencia, la que se produce en nuestro entorno inmediato. Titulares, sueños, frustraciones y hasta los más bajos instintos humanos brotarán de cada una de las páginas para recordarnos que, la mayoría de las veces, podemos convertirnos en esos habitantes de la noche que no terminan nunca de explorar el mundo y de arrojar sobre sí mismos y sobre lo que les rodea todas sus ansias y capacidad de lastimar y maravillar.

La oscuridad es, en esta historia, una excusa pertinente para saldar cuentas con la moral y al mismo tiempo para convulsionarla, enfrentarla y darle vueltas para llegar hasta los inimaginables rincones de nuestro ser. Lo interesante será las veces en las que nos descubramos dentro de alguno de los personajes de Roger Vilar.

Vilar, Roger. Habitantes de la noche. México: Editorial De Otro Tipo, 2014.