De gira con el Solitario y sus reflejos

Por Jonás “Eveready” Domínguez.

Silencio en el teatro del Foro Cultural Chapultepec. El publico aguarda. Nadie tose, nadie carraspea, acaso porque no se presenta ningún montaje sino un libro. En el escenario tres hombres sentados, una mesa con mantel oscuro. Marcial Fernández toma el micrófono y presenta a sus acompañantes: Jaime Mesa y Víctor Roberto Carrancá (México, D.F., 1984), este último un narrador emergente que, justo esta noche, da a conocer su primer volumen de cuentos: El espejo del Solitario.

El editor de Ficticia comparte a los asistentes la historia de un certamen: “El resultado de aquella convocatoria fue la antología Estación Central bis, en la que uno de los cuentos ganadores fue El organillero, una historia redonda que mezcla la literatura fantástica y el suspenso, cuyo detective es el lector que, poco a poco, descubre las claves en un crimen que termina en un nudo ciego, eso que en términos filosóficos se llama aporía,” dice y nos relata el cuento, todo ello para aportar una clave: a su juicio, el autor “posee una imaginación llena de prodigios que resulta envidiable para uno como narrador.”
El cumplido suena inusual en Fernández; sin embargo, genera atención suficiente para seguir escuchando que, “el primer libro de Carrancá contiene cuentos tan buenos o mejores que El organillero y que parten de la premisa de una realidad paralela a la nuestra, cuyo protagonista, en vez de que nosotros lo imaginemos, es quien nos imagina.”

Este planteamiento nos suena conocido. Una intención narrativa que parece una cita infinita a ese relato que todo lector conoce o al menos tiene referencia: un (micro)universo (literario) dentro de otro (micro)universo literario; es decir, alguien sueña que es soñado, alguien escribe que nos sueñan. El fantasma de Jorge Luis Borges asoma entre las páginas de este volumen de cuentos, y por tanto, un sinfín de autores más (Kafka, Lewis Carroll, Roberto Artl, Felisberto Hernández). Sin embargo, será Mesa quien oportunamente delimite las diferencias: “Nosotros, este mundo que conocemos, es un descubrimiento extraño para un ser extradimensional. Somos entonces el otro lado del espejo para los personajes de este libro. Esta dinámica de espejos, de enfrentar mundo o dimensiones es el gran enigma del Solitario” y el gran juego del autor, pero Carrancá “no juega con el absurdo o la falsificación o suplantación literaria de datos, como hacia Borges“, sino que, “sabedor de que los mundos ya ha colisionado en algún plano dimensional se ahorra el viaje y el largo camino de la representación puntual de esos mundos y entonces los contrasta.”

Hay otros mundos (explicaciones interdimensionales para llegar a Enogea).

El autor confronta a sus personajes y al increparlos genera una confusión lógica y nos transporta hacia un territorio de otra dimensión que, dentro del libro, es conocido como Enogea. Ironías propias de la literatura fantástica que nos hacen creer que otros mundos son posibles. Tal y como reseña el poeta Daniel Fragoso Torres en el texto que intentó leer durante la presentación: “Lo que pervive en El espejo del Solitario son viajes interiores de raíz poética, puramente textual o existencial que reclaman para sí la libertad total en la página y en la construcción, concepción y estructura del cuento: verdades fingidas e inventadas que conviven con hechos provenientes de una realidad polimórfica, en constante y mutante devenir; citas literales se unen sin cesar a citas levemente desfiguradas y casi idénticas, e identidades ficticias que se injertan continuamente en biografías canónicas y perfectamente contrastables. De ello da muestra el glosario de términos y conceptos sobre Enogea, tierra no tan distinta a la nuestra y tan real como la afirmación de su existencia.”

Para comprender qué es Enogea, se puede recurrir al comentario del narrador poblano Javier Caravantes a Los franceses no existen, cuento un tanto costumbrista, un tanto ciencia ficción con el que abre este libro. “Estamos ante una pareja que por más que intenta no ha podido tener hijos. El tono de las primeras oraciones es fingidamente solemne; de inmediato la voz que narra se pone en emergencia, se cuestiona a sí misma. Gracias a la intervención de un resuelto médico la mujer lograr parir un bebé. El niño crece y entonces el padre descubre diferencias físicas, de carácter y del lenguaje; aquí reside el conflicto principal el cuento: el niño, su hijo, habla francés. Aquí algo se quiebra, se cruza un plano, y a través de la hermosa Roden, ya estamos en Enogea, el mundo en el que se desarrollan todos los cuentos. El padre atormentado culpa a su esposa de infidelidad y la condena a la cárcel. El cuento termina con el personaje dudando. Los planos de la existencia se tuercen, la realidad se suspende, no hay cosa irrebatible. Las ilusiones son senderos para que los personajes se confundan. El autor se abraza a la ironía, es lo más solmene posible y a la siguiente frase, alguna palabra le sirve de resorte para dibujar la mueca en el lector. Burlarse se vuelve arma.”

Remembranzas y empatías por el autor

Segunda presentación, de tono íntimo, en el Bistrot by Caffé Diemme de la colonia Del Valle.
Carrancá habla de aquel laboratorio de cuento fantástico dirigido por Ricardo Bernal, donde encontró un (sub)género literario detonante y recuerda aquella revista de subgéneros, ya desaparecida: la Mandrágora, en la que publicó por vez primera.

Retirado de la “farándula de la literatura“, Ricardo Bernal asiste a esta presentación en calidad de ex profesor con el que se tallereó el ya multicitado cuento de El organillero y se declara gratamente sorprendido, en primera instancia, porque El espejo del Solitario está integrado por “cuentos que no conocía de un autor al que conozco muy bien” y en segundo término, porque esos cuentos son “innovadores y extraordinarios“.

Por su parte, el psicoanalista Salvador Rocha Pineda se sirve de dos ejemplos -el experimento del gato de Schrödinger (1935) y el principio de incertidumbre de Werner K. Heisenberg (1927)- para activar un ejercicio de lectura comparada y establecer que, así como la cuántica desafía nuestra sentido común, la literatura y, para ser más específicos, los cuentos de Víctor Roberto Carrancá, también lo hacen.

El Ser en otro. Metafísica del subgénero

Dos semanas después en El Manzanillo, en el centro de Pachuca, Miguel Ángel Hernández Acosta lee un texto que bien podría entenderse como un argumento a favor de esa “condición paradójica de ser y no ser al mismo tiempo” de la que hablaba Rocha Pineda en forma de pequeñas dosis de ciencia: “De principio pensé que (El espejo del Solitario) era un libro de cuentos fantásticos; posteriormente creí que estos cuentos eran de fantasía“. A decir de Hernández, el libro de Víctor Roberto Carrancá se define justo en algo que es y no, “cuentos raros o extraordinarios. ¿Por qué? Porque en ellos hay una realidad que resulta extraña para el lector, pero para los personajes resulta normal. Además de eso hay un cuidado en el lenguaje que propicia que cuando Carrancá nos describe algo, posteriormente podamos pensarlo y sentirlo. Hay también una imaginación desbordada que consigue que cuando creemos estar en un lugar seguro, el narrador nos saque de él y nos produzca una desazón agradable. Esto viene, por lo regular, del uso de tríadas que se ven interrumpidas por una imagen surrealista, donde nuestra cotidianidad es rota por un elemento extraño. De este modo, los relatos son un constante quiebre entre nuestra credulidad y lo fantástico que el autor nos hace creer que es real“, ese desafío a nuestra sentido común no exento de “una constante ironía de parte del narrador” que resquebraja la angustia existencial de saberse soñado o escrito por alguien más.

Sobre el cuaderno de José el Solitario
Finalmente, volvemos a las palabras de Jaime Mesa: “lo que hace Víctor Roberto Carrancá en su primer libro de cuentos no es fácil. No es fácil juntar valor, soltura y sutileza para mantener un discurso que de cuenta de un engaño sensorial, intelectual y estético.”
La propuesta de Víctor Roberto Carrancá no está más en la edificación sino “en el juego de palabras que son piezas sueltas de un rompecabezas que se anida única y exclusivamente en la mente de Carrancá. El talento de este escritor se luce al entregar al lector esta punta del iceberg, esta insinuación y nada más. Carrancá ha entendido: no es necesario describir ni construir un mundo, basta con enunciar una palabra aislada para que este germen, esta semilla en apariencia inconexa, abstracta y sin sentido, cobre presencia en el imaginario total del lector.”

Carrancá, Víctor Roberto. El espejo del Solitario. México: Ficticia/Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, 2014.