Libros sobre el Narco: ficción

Por Omar Nieto y Javier Moro Hernández.

¿Es el narco una temática nueva para la narrativa mexicana o para el periodismo de investigación? Evidentemente no; sin embargo, a menudo se recurre al lugar común de si la novela o el periodismo narrativo que aborda el narcotráfico forma parte de una “moda”, del oportunismo editorial, o es un tema de coyuntura, y no se reflexiona en que es el síntoma de nuestros tiempos, la crónica de la descomposición que vivimos, y sobre todo, una reconfiguración de nuestra identidad actual como mexicanos.

Hay que decirlo, la gran parte de los libros sobre el narcotráfico han molestado, inquietado y escandalizado. Pero no es el escándalo su objetivo sino la exposición.
Incluso hay quienes en el campo de la crítica literaria, dividen el ejercicio de la ficción entre la “imaginación” y el “realismo”, como si este último fuera un acto transitorio, con fecha de caducidad. Dicha postura pareciera desconocer que la literatura no es historia, sino reacomodo del caos, del sentido y no sólo imaginación desordenada. La novela del narcotráfico tampoco es crónica fiel de hechos verificables que se trasladan al papel. Tal razonamiento resulta infantil pues de ser así, posiblemente sus autores no estarían vivos.

A continuación, ofrecemos una lista de reseñas breves, que no pretenden analizar sino describir el contenido, alcance, impacto y tal vez la aportación de cada obra. Arrancamos con títulos tomados al azar, que no representan un orden cronológico ni didáctico. El número de entregas se irá incrementando hasta que el espectro de libros sobre el narcotráfico sea lo suficientemente amplio como para ser sujeto de estudio. Es posible que se registre un número menor de obras de ficción con respecto a las periodísticas, lo que echaría abajo la hipotesis de que “estamos rodeados de novelas del narcotráfico”.

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1.- DIARIO DE UN NARCOTRAFICANTE, de A. Nacaveva.- La novela más importante de la literatura sobre narcotráfico en México. Dicho fenómeno, entendido como producción y trasiego de estupefacientes fue tratado como ficción literaria por vez primera en esta obra publicada en 1962 por la Editorial Costa-Amic, lo que contradice los análisis que señalan a Élmer Mendoza o a Víctor Hugo Rascón Banda como los fundadores de este tipo de narrativa en nuestro país. En Diario de un narcotráficante cuya séptima reedición en el año 2000 había sumando 53 mil ejemplares vendidos, un periodista se infiltra en un grupo de pequeños narcotraficantes sinaloenses que se internan en la sierra para comprar a campesinos goma de opio con la que fabrican heroína en cocinas caseras. Dicho periodista, que se hace llamar como el autor, A. Nacaveva, en un claro ejercicio de autoficción, logra ganarse la confianza de ‘Arturo’, un abogado que en sus ratos libres fabrica dicho estupefaciente para enviarlo a California. Diario de un narcotraficante muestra también a delincuentes que tenían acceso a las zonas marginadas del país donde el gobierno nunca pudo o quiso llegar. Nacaveva, como personaje, rompe una de las reglas de todo traficante mexicano: no internar el producto por sí mismo a Estados Unidos. Como es de esperarse, el FBI lo captura poniendo a prueba el concepto de lealdad, otro de los temas centrales de la narrativa sobre el narcotráfico, citando ya desde entonces la posibilidad de que esta actividad esté regulada en realidad por el gobierno estadounidense. En Diario de un narcotraficante, se observan ya todos los elementos de lo que bien podría ser un género o subgénero literario: corrupción, traición, lealdad, armas, así como el rompimiento del marco legal por el trasiego de drogas. Los recursos narrativos también son atractivos y la columna vertebral de la novela son la metaficción, la autoficción y la hibridación de géneros, elementos que serán una constante en la literatura sobre el narcotráfico en México desde ésta, su obra fundacional. (México: Costa-Amic, 2000) (Nieto).

2.- JUAN JUSTINO JUDICIAL, de Gerardo Cornejo.- Fallecido en julio de 2014 como una de las principales figuras de la llamada “narrativa del desierto” junto a Jesús Gardea, Daniel Sada y Severino Salazar, Cornejo dejó una obra trascendental para quienes estudien la novela sobre narcotráfico en México. Publicada en 1996 en la Colección Aura de Editorial Selector, de altos tirajes y distribución popular, la novela tiene como protagonista a un policía judicial que combate al narcotráfico siendo un ser más desalmado que cualquiera de los narcos de esa época, con lo que se pone de relieve que las instituciones de impartición de justicia son indistingibles de la delincuencia organizada. La novela, presentada como “novela corrido”, en realidad glosa un corrido. De acuerdo a la trama, ‘Juan Justino Altata Sagrario’, el protagonista, está marcado por una deficiencia física que compromete su hombría, por lo que acumula una desproporcionada ansia de venganza. El hambre, la marginación, el trabajo agrícola pésimamente remunerado y las veces que fue deportado en su intento de una vida mejor al cruzar hacia Estados Unidos, lo obliga a aceptar la invitación de un jornalero que le propone asaltar el vehículo que contiene la paga semanal de sus compañeros. Harto de perder la vida en los surcos de melón, jitomate o algodón acepta pero es apresado y presionado por los judiciales a formar parte de ellos, por lo que se convierte en policía judicial, en una guerra que el Estado mexicano emprendería desde entonces contra los narcos de la región. A partir de ese momento, ‘Juan Justino’ asume una nueva identidad de rudeza y maldad que lo lleva a ser apodado ‘Teniente Castro’ por su afición a capar a narcos. La novela consigna la violencia explícita del capitalismo gore y es pieza clave para entender la novela del narcotráfico en México. (México: Selector, 1996) (Nieto).

3.- PÁJAROS EN EL ALAMBRE, de Gonzalo Martré.- Perteneciente a una serie de novelas con tema de narcotráfico escritas por Martré que comenzaron en 1993 con El cadáver errante” y siguieron en 1999 con Los dineros de Dios, Pájaros en el alambre cuenta la historia de ‘Jorge Carmona’, policía judicial entrenado en Estados Unidos en intervención de llamadas telefónicas y espionaje. A ‘Carmona’ le encargan “colgar” la comunicación de la despampanante rubia ‘Pamela von Steadt’, amante del secretario de Gobernación. Para realizar la llamada “Operación Tecolote”, ‘Carmona’ necesita una “madrina” o ayudante. Para ello, busca no a un hombre sino a una mujer: ‘Celia’, ambiciosa, sexual, casada y con hijos, de la que ‘Carmona’ siempre estuvo enamorado. Al principio lo hace para despistar pero pronto se da cuenta que ‘Celia’ puede matar sin remordimientos y cumple sus funciones como cualquier hombre bragado. De pronto, ‘Carmona’ capta una conversación que parece estar en clave. La pista lo lleva a la estructura del Cártel del Golfo, por cuyo jefe el FBI ofrece dos millones de dólares. Dicha pista lo conduce a una cumbre entre los principales líderes del narcotráfico en la casa del hermano del Presidente de la República, en el rancho de Las Mendocinas, y que no puede corresponder a nadie más que a Raúl Salinas de Gortari. A Pájaros en el alambre le siguieron La casa de todos también en el año 2000 y un año después, Cementerio de trenes. Sin duda, Pájaros en el alambre debe considerarse como una de las novelas más nítidas y representativas de la novela sobre el narcotráfico, aspecto que consolida a Martré como autor de culto, marginal y poco estudiado. (México: La Tinta Endeleble, 2000) (Nieto).

4.- LA NOVELA INCONCLUSA DE BERNARDINO CASABLANCA, de César López Cuadras.- Tras escribir A sangre fría, Truman Capote llega a Guasachi, Sinaloa, por invitación de ‘Narciso Capistrán’, amigo y ex alumno, quien da clases de literatura en esa localidad donde asesinan al dueño del bar Casablanca, ‘Bernardino Rentería’, en medio de extrañas claves que señalan dos móviles distintos: una venganza del narco o un asesinato de tipo pasional, pues se sabe que la esposa de ‘Bernardino’, ‘Rosa Elvira’, lo engañaba con su compadre, ‘Alejandro’, quedando la duda de si este último perpetró el crimen para quedarse con los bienes de ‘Bernardino’. Pero algo no cuadra en ese asesinato. Para contrarrestar la visible decadencia del Casablanca, ‘Bernardino’ había comenzado a introducir la venta de cocaína, asociándose con el ‘Cuícuiri’, su mejor amigo. Eso tampoco es la clave de su muerte. Tampoco el ríspido trato con el judicial ‘Palemón Rivera’ que regula el tráfico de estupefacientes en la región. Ésta reside donde menos se piensa: en la venganza de ‘Martín’, hermano de ‘La Susy’, una de las mujeres que laboran en el tugurio, quien pasó de ser amante de ‘Bernardino’ a prostituirse, un negocio que éste aprendió bien por ser hijo de una prostituta. Las pláticas en partidos de beisbol entre los Soyeros de Guasachi y los Trilladores de Navolato, los mariscos o la cerveza Pacífico, son el telón de fondo de una novela que resulta clave en la ficción sobre el narcotráfico pues fue escrita en 1993 aunque fue publicada hasta 1996 por la Universidad de Guadalajara. Destaca el juego metaficcional que intenta dilucidar la importancia de la referencia realista dentro del campo de la ficción. Los “tormentos del alma” no pueden ser cubiertos por la nota roja pero para hacerlos material literario habría que situarse más allá de la novela policiaca, dice el narrador-protagonista. (México: Ediciones Arlequín, 2007) (Nieto).

5.- TRABAJOS DEL REINO, de Yuri Herrera.- Narra el interior de la vida de un cártel del narcotráfico a través de la voz de ‘Lobo’, un cantante de corridos (el juglar), quien conoce en una cantina al ‘Rey’ (el capo) y se integra a su corte, en donde se vuelve el favorito de todos sus miembros y por lo tanto tiene acceso a las intrigas que se tejen tras los bastidores de una corte en donde todo es apariencia y los juegos de poder culminan con la muerte de alguno de los implicados. Contada en forma de fábula, el autor le da al lenguaje un peso específico, tocado por un lirismo que rescata el valor del lenguaje popular. La novela cuenta algo más: la historia secreta del poder, el magnetismo que puede llegar a tener la palabra para controlar, para mentir, para construir una narrativa alternativa a los poderes legales, pues Herrera nos permite ver que el narco seduce con su imaginería, sus rituales, el poder de sus armas, pero también a partir de la palabra, construyendo una narrativa propia que ensalce a los narcotraficantes, de una forma magnificada ante el oído del resto de los mortales. Herrera crea así una obra que nos habla desde los interiores palaciegos del narcotráfico para construir una historia sobre el poder, la traición y la psicología oculta de los arquetipos que conforman a sus personajes. Esta novela rompe con la idea de que la narrativa sobre el narcotráfico debe tener una trama policía o negra. (México: Fondo Editorial Tierra Adentro/Centro Cultural Tijuana, 2004/España: Periférica, 2008) (Moro).

6.- MI NOMBRE ES CASABLANCA, de Juan José Rodríguez.- Rompiendo los clichés de la literatura policiaca tradicional, el también autor de Asesinato en una lavandería china cuenta la historia del agente judicial ‘Luis Ayala Marsella’, quien investiga el violento homicidio de un grupo de albañiles así como el envenenamiento de “Luz de Sinaloa”, caballo preferido del capo local ‘Armando Ibarra Borbón’. Poco después, se sabe de la muerte de ‘Christina Madero’, amiga de la hija del otro traficante de la región, ‘Genaro Barreto’. A estas muertes se suma la de un cura que cierra un enigma que a primera vista parece una afrenta entre estos dos capos, pero que gracias a ‘Marsella’ se descubre es una estrategia de ‘Salvador Caicedo’ y ‘Ricardo Benamejí’, dos traficantes colombianos que pretenden apoderarse del mercado de Sinaloa y obtener el control del narco mexicano. ‘Marsella’ descubre que cada una de las muertes son movimientos de un juego, concretamente, una partida de ajedrez. El asesinato de los albañiles representa la eliminación de los peones; el de la muchacha el de la ‘Reina’; el del caballo la misma pieza; el del sacerdote quizá la torre; y la investigación del propio ‘Marsella’ un alfil que provocaría la guerra entre los dos Reyes. De esa manera, la novela va en dos vertientes: la policiaca y la metaficcional, donde se embona un juego literario. También se entra al terreno de la novela negra donde el narco es más que un ambiente o escenario para ser una trama donde se exploran las relaciones de poder. Bien informado de los procedimientos judiciales aunque preocupado por dejar frases hechas, el autor logra referencias literarias y cinematográficas abundantes, sobre todo a El Padrino, estableciendo un interesante intertexto con dicho filme. (México: Random House Mondadori, 2002) (Nieto).

7.- CONTRABANDO, de Víctor Hugo Rascón Banda.- Considerada “la gran novela del narcotráfico por el crítico Fernando García Ramírez, fue escrita en 1991 ganando el Premio Juan Rulfo de Novela. Lo anterior echa por tierra que haya sido el calderonismo lo que desató este tipo de textos pues desconocemos siquiera las categorías teóricas que configurarían semejante “género”. Lo que es de admirarse en esta obra es la agilidad de la voz narrativa de su personaje principal, un escritor nacido en Santa Rosa de Uruachi, Chihuahua, que decide regresar a su tierra natal para terminar un guión de película y una obra de teatro, viéndose desde el primer momento invadido por los poderes del narcotráfico que los sinaloenses extendieron a las serranías chihuahuenses, lugar donde descubrieron que también se podía sembrar goma de opio y marihuana, y donde los narcos ya no pueden distinguirse de los policías judiciales. En esta ficción -que quizá mucho tenga de autobiografía- se usan letras de corridos, transcripción de audiograbaciones o transmisiones de radiofrecuencia como recursos narrativos. Como señala Ignacio Trejo Fuentes, “quienes solo conocen a Víctor Hugo Rascón Banda como dramaturgo se sorprenderán al conocerlo como narrador”. Contrabando fue editada por Braulio Peralta en 2008, año de la muerte del autor sin que éste la viera impresa, tras 10 años de rechazos editoriales. (México: Editorial Planeta, 2008) (Nieto)

8.- LA REINA DEL SUR, de Arturo Pérez-Reverte.- Aunque confeccionada por un español, esta novela se integra a este recuento debido a que su trama principal, la historia de ‘Teresa Mendoza’, sucede en territorio mexicano aludiendo al narcotráfico del norte de país, hasta convertirse a nivel popular y masivo, en un cliché de la narrativa con tema de narcotráfico en México. Esta obra, en esencia, es una novela de acción, de amor y traición, como muchas de las obras del autor, famoso por su saga de ficciones históricas protagonizadas por el ‘Capitán Alatriste’ o de intrigas, como El Club Dumas, entre varias más. La Reina del Sur por su parte retrata la vida de la narcotraficante mexicana ‘Teresa Mendoza’ quien tiene que salir huyendo de Culiacán después de la muerte de su novio y se refugia en España realizando trabajos mal pagados, para finalmente incursionar en el narcotráfico, convirtiéndose en la dueña del negocio en el sur de la península española. La traición determina el accionar de los personajes, quienes rápidamente denotan su falta de profundidad psicológica y la trama va encallando y muriendo lentamente, pues las perspectivas de los protagonistas terminan perdidas irremediablemente en la sordidez de lo inmediato. Esta novela es claro ejemplo de lo que sucede cuando se desconoce casi todo sobre un tema: por más información que el autor almacene, es probable que las historias terminen encorsetadas por sus propias limitaciones. (México: Alfaguara, 2002) (Moro).

9.- FIESTA EN LA MADRIGUERA, de Juan Pablo Villalobos.- Ampliamente celebrada por la crítica mexicana, constituye el reverso de Contrabando, de Víctor Hugo Rascón Banda. El enfoque que Villalobos hace sobre el fenómeno del narcotráfico tiene una clave que dialoga más con la literatura que con la realidad. La novela narra la historia de un niño, hijo de un capo, quien vive para cumplirle todos sus caprichos. En el palacio en el que viven, el padre del niño se entera de los movimientos de su cártel por medio de las noticias de la televisión y por algunos encuentros con ‘el gober’, quien le informa cómo van sus negocios. La servidumbre tiene nombres en náhuatl como ‘Mazatzin’, ‘Miztli’, ‘Chichilkuali’ o ‘Quecholli’ para representar lo mexicano a manera de simbolismo. ‘Tochtli’, el niño-narrador divide el mundo entre “sórdido” y “patético”, a manera de un jeque árabe para darnos a entender la ostentosidad del mundo del narco. Para Villalobos, “México a veces es un país magnífico y a veces es un país nefasto”, lo cual resulta no sólo moral sino maniqueo. Tiene razón el crítico Rafael Lemus, quien cree que en vez de proponer una perspectiva singular del asunto, esta novela “desdeña los procesos sociales, desprende a los cárteles de otras instancias políticas y financieras, se encandila con la titilante superficie del fenómeno”. “Bonita narcopoética” –dice Lemus- “creer que el narco es indecible, creer que la narrativa apenas dice”. Y es cierto, a Villalobos le parece que hablar de un viaje al África en busca de animales en extinción para satisfacer un capricho, es explicar el fenómeno del narco -aunque en el fondo haga referencia al zoológico privado de Pablo Escobar. La prosa de Villalobos es intachable y eficaz, pero construyó su ficción lejos de México, en Europa, “desayunando de siete de la mañana a once, tomando café y leyendo las noticias del día anterior”. El propio Villalobos acepta que su novela apenas es una iniciación sobre la realidad, y en ese sentido, no se le puede acusar de ser deshonesto. (España: Anagrama, 2010) (Nieto)

10.- LA PRUEBA DEL ÁCIDO, de Élmer Mendoza.- Ésta es la segunda novela de la saga protagonizada por el detective ‘Édgar “Zurdo” Mendieta’, personaje emblemático de Mendoza. En la trama, ‘El Zurdo ‘se obsesiona por descubrir al asesino de la bailarina ‘Mayra Cabral de Melo’, con quien sostuvo una breve relación. La idea principal gira en torno a esa muerte que sucede justo cuando el expresidente de Estados Unidos visita la capital sinaloense para ir de cacería, a unos días de que el gobierno mexicano le declarare la guerra a los cárteles que controlan el narcotráfico en nuestro país. Las novelas de Élmer Mendoza nos hablan de esa constante que muchos quieren obviar: la presencia del narcotráfico en la vida cotidiana de muchas regiones del país, en este caso del estado de Sinaloa, cuna de los más famosos capos y con una larga tradición de violencia. Novelas a caballo entre el género detectivesco y la novela negra, las obras de Mendoza además retratan fehacientemente la corrupción que campea en nuestras instituciones de seguridad pública. Esta corrupción enquistada durante años le permite a este anti-héroe actuar con total impunidad en los bajos fondos del narco, solicitar ayuda (y obtenerla) con tal de dar con el culpable del asesinato de la bailarina a la vez que descubre ser el padre de un adolescente que vive en Estados Unidos. Son esos elementos narrativos, más las descripciones que hace el autor de los lugares para comer, para divertirse, de la comida, de las mujeres, lo que permite al lector adentrarse en Culiacán. ‘El Zurdo Mendieta’ debe aprender a conocer los terrenos pantanosos en los que se mueve, para no mancharse o no hacerlo del todo, pues en este sistema un personaje como él estaría condenado a morir sí no entendiera las reglas del juego. (México: Tusquets. 2010) (Moro)

11.- NOSTALGIA DE LA SOMBRA, de Eduardo Antonio Parra.- “Nada como matar a un hombre”, con esa contundencia da inicio esta novela de uno de los protagonistas de la llamada “literatura del norte”, quien cuenta la historia de ‘Ramiro’, sicario del Distrito Federal que debe asesinar a una mujer rica, corredora de bolsa en la Sultana del Norte, donde juniors del Tecnológico de Monterrey amasan fortunas lavando dinero para el narcotráfico de la región. “Quitar de en medio a un hombre es fácil. Pero nunca me habían encargado matar a una mujer”, dice ‘Ramiro’ a quien solo le proporcionan la fotografía de ‘Maricruz Escobedo’, mujer de 42 años, poseedora de ojos esmeralda y belleza que dificulta el trabajo. Matar a un varón, quien siempre tiene defectos en el rostro, resulta más fácil, propone el texto. Lo que es de resaltarse en Parra es el poder de su prosa. Su manejo de un lenguaje pulcro y al mismo tiempo violento, lo hacen un maestro de la narrativa, lo que le ha valido el Premio de Cuento Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, el Antonid Artaud por su cuentística reunida y la Beca Guggenheim. En Nostalgia de la sombra, el lenguaje retrata el poder del sol regiomontano que cae sobre el sicario, quien mientras espera en un hotel el momento para ejecutar a ‘Maricruz’, añora la sombra sosegado y amable de la capital. El sol y calor desérticos de los paseos de ‘Ramiro’ por el Río Santa Catarina también simbolizan el poder del arrepentimiento, la toma de conciencia de un destino que no escogió pero que lo consume, igual que las balas que ha empleado para quitarle la vida a 18 personas en su trayectoria criminal. “¿Esto es Monterrey?… ¿Este olor a piedra recalentada?”, se pregunta el sicario, quien habla con la foto de ‘Maricruz’ para contarle pasajes de su vida, entre las que estuvo ser reportero, oficio que ejerció el autor en Monterrrey en la sección policiaca, algún tiempo. (México: Joaquín Mortiz/Editorial Planeta, 2002) (Nieto)

12.- AL OTRO LADO, de Heriberto Yépez.- Al verse la portada de este libro se puede pensar en una novela sobre el narcotráfico a juzgar por el marino que sostiene entre sombras un fusil de asalto junto al muro norteamericano. Sin embargo, la novela de Yépez no abarca el tráfico sino más bien el consumo. ‘El Tiburón’, el protagonista, no es el mismo que describiera Juan Carlos Reyna, sino el ‘Tiburón Quintero’, adicto al phoco -droga a base de cocaína, sosa cáustica, veneno para ratas y “polvo de los cerros que rodean Ciudad del Paso”-, en un lugar que bien podría ser Tijuana, sitio de residencia del autor pero también Nogales, Ciudad Juárez, Matamoros, o cualquier otra donde el cruce de migrantes pueda ser visto a través del humo del crack (droga que podría equipararse al phoco que menciona Yépez). “Esta pinche ciudad, los migrantes” son una ilusión, dice el narrador. “Sólo el phoco es real”, insiste el protagonista, y con ello, el sentido de frontera se manifiesta a través del spanglish y su poder lingüístico. En la ciudad que narra Yépez, ‘Matamorros’, pulula el ejército de chiquinarcos, de niños dispuestos a matar para comprar droga. En esta novela ya se habla de halcones, de picaderos, de cholos. También de los enroques con la policía para vender droga en la calle, de la Oración de la Cruz del Cruce, con la que se pide a la Providencia llegar sano al otro lado. El libro de Yépez no es una novela de matanzas, de guerra de cárteles o del ejército en las calles, sino de las orillas, de cruzar al punto del no retorno. (México: Editorial Planeta, 2008) (Nieto).

13.- EL SINALOA, de Guillermo Rubio.- Es una de las pocas novelas sobre el narcotráfico en México que en realidad lo es, y una de las mejores de las que se han escrito en este rubro. Los personajes, la trama, el ambiente, el lenguaje, los motivos y los intertextos son puramente los del mundo de la delincuencia organizada y el narcotráfico. La mímesis es el de la traición, el sadismo, el de la forma de vida de los capos, los sicarios y los policías coludidos desde las más altas esferas en el tráfico y aniquilamiento de rivales. Es un mundo de claves policiales, de muertes que se planean dentro de las cárceles. El mundo del protagonista, un ex judicial apodado ‘El Sinaloa’ y contratado para matar a ‘El Willito’, hijo de un viejo amigo, es el de un asesino a sueldo de la vieja guardia, conquistador de mujeres y efectivo en su trabajo, pero que se enfrenta a un mundo nuevo: el de la traición. “Así es el mundo de la mafia” –dice ‘El Sinaloa’- el verbo traicionar se aplica con rigor. Yo traiciono, tú traicionas…, todos traicionan. Pinches traicioneros, hijos de puta todos. Ni a quien irle…” La novela de Rubio es también un hallazgo en capturar la incursión de Los Zetas en el negocio del narcotráfico, un cártel con una “nueva modalidad de la mafia mexicana: ocupar plazas del narcotráfico a base de violencia”. Al final, exiliado junto a la curvilínea ‘Adelaida’ en un paradisíaco paraje de Colombia, ‘El Sinaloa’ también es traicionado por un amigo cercano. “¡Chingue su madre el mundo!”, argumenta el nuevo traidor, mostrando que nada importa, aunque sea la nada lo que impida salir de la espiral de la muerte. (México: Editorial Terracota, 2012) (Nieto).

14.- ENTRE PERROS, de Alejandro Almazán.- Novela centrada en el reencuentro de tres viejos amigos cuyas historias personales dan cuenta de cómo se ha transformado y trastocado la sociedad mexicana en los últimos veinte años, toda vez que el negocio del narcotráfico y la violencia inherente se han vuelto omnipresentes en buena parte del territorio nacional. ‘Diego’, un reportero ambicioso que no duda en traicionar a nadie para obtener la nota; ‘El Bendito’, temido sicario, jefe de la clica de los asesinos; y ‘El Rayo’, promotor de box que no duda en acercarse a los poderosos del cártel para triunfar en la vida, son sus principales personajes. En la trama, estos tres amigos se reunen en Culiacán con motivo de un cuerpo colgado en el Puente Negro de la ciudad. Este muerto traerá desgracias y desatará intrigas y guerras intestinas siempre al acecho de los cárteles y sus oscuros aliados de la política nacional. De ritmo trepidante, las acciones se suceden sin descanso y dejan al lector convencido de que la hipocresía humana no tiene más límites que el miedo. La primera novela del también periodista Alejandro Almazán nos demuestra que el alma humana es mucho más compleja de lo que quisiéramos confesar y se encuentra llena de claroscuros y contradicciones, algunos tan enormes que el cariño y la amistad no bastan para darles sosiego. (México: Random House Mondadori, 2009) (Moro).

15.- PERRA BRAVA, de Orfa Alarcón.- Desde su publicación, esta obra causó un revuelo importante debido a que tanto su autora como su protagonista, ‘Fernanda’, narran un mundo femenino en medio de un universo de violencia preponderantemente masculina como la del narcotráfico. Si como dice la teórica Sayak Valencia, el narco representa el capitalismo gore marcado por la rentabilización de la muerte y la construcción sexista de género enfocado al machismo como estructura de poder, Perra brava pone de relieve que éste tiene también un reverso en mujeres que se asumen como prendas o trofeos para los narcotraficantes, como lo marca la psicología de la protagonista de la novela, quien conoce a ‘Julio’, joven narco regiomontano que la conquista convirtiéndola poco a poco en rehén de sus más violentos caprichos incluido el proponerle matrimonio, ese “romántico momento con el que sueña toda niña regia que entra al Tec para conseguir marido rico o extranjero”, como dice ‘Fernanda’. De ‘Julio’, describe: “Lo único que quería era que me llevara con él…” El que ‘Julio’ conozca a los raperos locales e imponga respeto seduce a ‘Fernanda’, quien al final comprende que la felicidad no se obtiene con nada pues como él, termina apuntada con una Glock por ‘Julio’, quien se debate entre matarla, encajuelarla, darla a sus hombres para que la violen, o amarla. La novela de Alarcón aporta un retrato más cercano a la juventud involucrada en la cultura del narco, que al final sabe que no hay forma de salir bien librado. El telón de fondo, Monterrey, y sus municipios conurbados, conforman otro de los aciertos de la novela, ya que como lo han registrado autores como Luis Felipe Lomelí, Eduardo Antonio Parra o David Toscana, el desierto neolonés también es otro de los personajes del narcotráfico mexicano. (México: Editorial Planeta, 2010). (Nieto).

16.- LOS MINUTOS NEGROS, de Martín Solares.- En esta novela nos encontramos con un policía ni muy corrupto pero tampoco impoluto, ‘Ramón Cabrera’, alias ‘El Macetón’, quien para resolver el asesinato del periodista ‘Bernardo Blanco’, tendrá que rememorar a su antiguo compañero, ‘Vicente Rangel’, quien en los años setenta trabajó tratando de resolver los brutales asesinatos de varias niñas que cimbraron al puerto de Paracuán, ciudad hipotética de Tamaulipas, crimen que ‘Blanco’ investigaba. En Paracúan, el crimen toca a varias personas, como un sacerdote alemán que trabaja en el colegio de los jesuitas y quien conoce a fondo a los posibles culpables que Blanco quería desenmascarar. La novela de Solares al expandirse en el tiempo nos permite entrar a las entrañas del poder político. Un poder que, como bien sabemos, ha sabido hacer de la corrupción su mejor arma. Nadie al interior del sistema puede hablar, todo callan, obedecen, esperando que las dádivas también caigan a su mesa. Así vemos como los policías honestos como ‘El Macetón’ o su antecesor, ‘Rangel’, tienen que callar para sobrevivir, hacerse de la vista gorda ante el cinismo con el que actúan sus compañeros y jefes, cada vez más cercanos a la delincuencia. Paracuán funciona así como un escenario en donde la mafia política y criminal interactúa, creando redes cada vez más sólidas y profundas, haciendo casi imposible que alguien se les pueda oponer. Sin embargo hay que decirlo, a pesar de que uno de los personajes es el cartel local del narcotráfico que tiene un poder omnímodo, esta novela no es un libro del “narcotráfico” en el estricto sentido de la palabra, sino una novela de detectives, una novela de género negro que se desarrolla en una región dominada por la corrupción y la impunidad, una región con un cártel local, que aparece a lo largo de ella. (México: Random House Mondadori, 2006) (Moro).

17.- A WEVO, PADRINO, de Mario González Suárez.- Un taxista pasa de vender droga a trabajar con un capo forzando su destino por lo que de pronto se ve envuelto en una vorágine de dinero, droga, mujeres y poder. Mario González Suárez buscó destacar el impulso del lenguaje que se usa en el argot del narcotráfico, sin embargo, su trabajo demuestra que la transcripción de un slang y las acciones violentas por sí mismas no otorgan a una novela “sobre el narco” un rango de profundidad. El texto reduce la trama a un problema lingüístico, incluso sonoro, ya que su afán literario se centra solo en el lenguaje y no en el argumento, confundiendo fonética con lenguaje, por lo que al no dominar el habla local, el resultado se siente poco natural. Sustituir la “g” por la “w” en términos como “wero” por güero, “Wanatos” por Guanatos, “Wasave” por Guasave o “iwal” por igual, no logra ninguna transgresión fonética, sino impostar un habla. El mismo autor ha declarado que intentó “rescatar una serie de sonidos del lenguaje oral que muchas veces el escrito no tiene”, por lo que se le ocurrió acentuar palabras como “évrybary”, “Wayóming”, “Wamúchil” “Fínix” o “Gáby”. El resultado no es óptimo, ya que se percibe una yuxtaposición del habla chilanga (el autor nació en el Distrito Federal) con el slang mazatleco (donde radicó un tiempo). Frases como “Awantante a las carnitas y hasta un wesito te va a tocar”, revelan un léxico defeño más que sinaloense, o pregúntese si en Sinaloa se dice “padrino” en lugar de “pariente”, por ejemplo. Lo que sí logra delinear la novela de González Suárez es dibujar el típico personaje de la “sicaresca”, elemento que la crítica académica sudamericana ha tomado como característico de la narrativa sobre el narcotráfico -aunque el autor prefiera calificarla como “rapsodia épica”. “Al final, lo importante fue encontrar un tono que permitiera el uso de un lenguaje violento”, confesó él mismo en una entrevista, acreditando su impostación. (México: Random House Mondadori, 2008) (Nieto)

18.- TIEMPO DE ALACRANES, de Bernardo Fernández BEF.- Reconocido como uno de los mejores moneros y escritores de ciencia ficción del país, Bernardo Fernández sorprendió con esta novela en la que aborda un relato de sicarios. ‘Alberto Ramírez’, apodado ‘El Güero’ por su similitud a lo mortal que resultan los alacranes de ese color, es un sicario comisionado por un capo para eliminar a un traidor del cártel. A partir de ahí, el autor no establece una trama realista sino trata de destruir el estereotipo del narcotraficante norteño para acercarlo más a un personaje de la picaresca. En realidad, Tiempo de alacranes es un artefacto pop que desde el primera sección titulada “Este mensaje se autodestruirá en treinta segundos” alude más al mundo de la fantasía cinematográfica que al entramado real de la delincuencia organizada. BEF aprovecha para enviar saludos cifrados como el que dedica al escritor de ciencia ficción mexicana, Gerardo Sifuentes, a quien convierte en un personaje que “se vino desde Tampico por puros caminos de terracería”. Como lo observó Alberto Chimal, la novela “no puede considerarse con justicia parte de una representación realista”, sino más cercana “a los cómics noir de Frank Miller”. De esa manera, el lector está ante un guiño irónico, humorístico, incluso, alienado, de la problemática del narcotráfico. Francisco Haghenbeck, también escritor cercano a BEF, asegura que cuando se satiriza a los sicarios, se les relativiza; que al reirnos de ellos, “nos asustan menos”, argumento confesional pero no certero. Sin embargo, esa es la idea de esta novela que cojea en sus diálogos y en el habla de sus personajes que se sienten poco naturales y cuya trama resulta forzada. Su resolución apenas cierra una narración ligera que usa la idea de cártel como lo haría con la de una nave espacial. Y es que quizá el problema es que no cualquier escritor sale bien librado de la realidad mimética porque incluso la literatura más fantástica requiere de un polo de la realidad bien construido para que resulte verosimil. (México, Joaquín Mortiz/Planeta, 2005) (Nieto)

19.- LA FRONTERA HUELE A SANGRE, de Ricardo Guzmán Wolffer.- Guzmán Wolffer es un caso extraño en la literatura mexicana. Licenciado en Derecho, maestro en Política Criminal, egresado del posgrado del Instituto de Especialización Jurídica de la Suprema Corte de Justicia, especialista en derecho fiscal, procesal y penal, así como juez de Distrito en Sonora y D.F., también cuenta con una amplia trayectoria como escritor de ciencia ficción y literatura de terror, siendo incluso un referente dentro de la narrativa fantástica mexicana. Guzmán Wolffer ha abordado el cuento policiaco pero es hasta La frontera huele a sangre que incorpora el tema de la migración y el tráfico de drogas a la trama de su personaje principal, ‘El Sepu’, policía judicial que a la manera del ‘Zurdo Mendieta’ de Élmer Mendoza, se convierte en un antihéroe que debe desmantelar cargamentos de droga que, en este caso, pasan por Nogales, Sonora. La novela logra que el lector se identifique con ‘Sepu’ ya que sus aventuras resultan pícaras y llenas de infortunios como cuando logra llegar a tiempo al parto de su mujer y ver nacer a su primogénito, luego de localizar un cargamento de droga. En esta novela se retrata un ambiente de polleros y contrabandistas en donde todavía la violencia no se convierte en la barbarie de decapitados, cuerpos cercenados o adversarios quemados. Se trata del norte salvaje pero no lleno de salvajismo. Sin embargo, Guzmán Wolffer desgastó su personaje al enfrentarlo en otras de sus novelas con vampiros y hombres lobo, como en Colman los muertos el aire o con zombies, en Sepu y el Milanesas contra los zombies políticos (sic). Extraña que un autor con tanto conocimiento sobre el mundo judicial en México no haya continuado la veta que planteó en esta novela. (México: Lectorum, 2001) (Nieto).

20.- LADYDI, de Jennifer Clement.- La vida en las comunidades de la Sierra Madre Oriental, en Guerrero, transitan entre el miedo, el abandono, la migración, las ganas de seguir soñando, y la realidad de las pocas oportunidades de vida que la pobreza ofrece. El miedo a los narcos y a los tratantes de blancas han obligado a las familias de la zona a abrir zanjas en las milpas para que las niñas puedan esconderse en cuanto se oigan las camionetas subiendo hacia el pueblo. Esa es la realidad en la que vive ‘LadyDi’, una jovencita cuyo padre migró a Estados Unidos en busca de una mejor vida para él y su familia, a la que al final termina por abandonar, cortando los lazos de comunicación y a las tres amigas con las que comparte juegos, escuela y sueños. Estos sueños pronto se verán destrozados por la cínica y obtusa realidad, en la que el miedo a los varones es su único compañero. Una de sus amigas es raptada por los narcos-tratantes y llevada como regalo a otro narco mayor en la frontera de Tamaulipas. La madre de ‘LadyDi’ ante la posibilidad de que eso mismo le suceda a su hija decide mandarla a Acapulco, en donde al final la niña se verá envuelta en crímenes que no entiende y con los que no tiene nada que ver, por lo que será arrestada y enviada a la cárcel en la Ciudad de México. Ahí entablará amistad con un grupo de presas, que le contarán sus desventuras, algunas tan parecidas a las tristezas que se ven a a diario en su pueblo: pobreza, marginación, violencia y migración. En la cárcel, ‘LadyDi’ sabrá y entenderá más de su vida de lo que jamás habría entendido en el pueblo y se dará cuenta que el destino de muchas mujeres es el de intentar salir adelante con las pocas armas con las que la sociedad las ha dotado. La novela de la escritora norteamericana avencidada en México, Jennifer Clement, concluye en un halo de esperanza. (México: Lumen, 2014) (Moro).

21.- CORAZÓN DE KALÁSHNIKOV. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL NARCO, de Alejandro Páez Varela.- Alejandro Páez Varela, experimentado periodista y ex subdirector de El Universal y Día Siete se aventura en su faceta como escritor a contar la historia de “Jessica”, una mujer de Ciudad Juárez asesinada mientras se entera por televisión de una masacre en Texas donde tres niños pierden la vida, sin saber que son los hijos del hombre que la abandonó años antes por miedo a las represalías al perder más de 20 kilos de cocaína en una aduana. En la novela de Páez también se entreteje la historia de Juanita Quintero, mujer de 50 años que regentea un burdel y que se suma a la interminable lista de mujeres ejecutadas en la ciudad. Las referencias a la vida de la frontera, donde Páez Varela nació y creció, están dominadas por el narcotráfico. Incluso se alude a “dos muchachos” que se convertirán en futuros jefes “de la Raya” (La Línea), “brazo armado del cártel (de Juárez)”. Aunque llena de sicarios, “Corazón de Kaláshnikov” es un claro ejemplo de que la ambientación no es suficiente para considerar a una obra “narco novela” dado que aquí el peso de la trama tiene que ver más con la imposibilidad del amor que con el narcotráfico. El propio autor ha señalado: “Me rehúso a pensar que se esté haciendo una literatura del narco, eso no existe, lo que hay es una literatura, buena literatura, que se está alimentando de lo que hay alrededor”. “Corazón de Kaláshnikov” posee un ritmo fluido y capítulos donde cada escena explica la anterior, causando la sensación de que bien podría ser leída al revés. Causa curiosidad que el libro presente los mismos colores y diseño que “El arte de la guerra para narcos”, publicado también por Editorial Planeta. (México: Planeta, 2009) (Omar Nieto)

22.- LOS PERROS, de Lorea Canales.- Divida en dos partes y un epílogo donde la visión de sus tres principales protagonistas (‘Jorge’, ‘Miguel’ y ‘Magali’), la historia se entrelaza para reflejar el grado de infiltración del narcotráfico en las estructuras más altas del empresariado nacional. Inspirada en “hechos reales”, la construcción es totalmente novelística, lo que permite a Canales romper la linealidad, plantear mayor profundidad a los personajes y perfilar pasajes oníricos que se descubren como el mayor acierto del libro. Los Perros cuenta la historia de ‘Jorge’, profesor de Derecho, yogui y ecologista, encarcelado por culpa de su hermano Miguel, transportista que se colude con ciertas organizaciones ubicadas en el Golfo de México para llevar y traer cargamentos de droga con permiso legal respaldado por una certificación internacional ISO como empresa altamente calificada, lo que le permite pasar de una flotilla de tráileres a convertirse en una de las transportadoras más importantes del país. El acierto de Los perros”’ es la fiel reproducción de la vida carcelaria, tal vez conocimiento de primera mano por parte de Canales quien es abogada de profesión. El mejor pasaje de la novela es aquel donde se narra un sueño dentro de la cárcel mezclando historia y el caos onírico de seis decapitados. La frase: “El dinero como símbolo de poder de los que controlan la violencia”, constituye el subtexto de esta novela que no solo se enfoca al narco sino a la corrupción, y que posee información entre líneas de mucho interés para los que conocen del tema. (México: Plaza & Janés, 2013) (Nieto).

23.- LA PRIMAVERA DEL MAL, de F. G. Haghenbeck.- Ambientada en la época posrevolucionaria, narra el ascenso al poder del excoronel villista Benito Guadalupe Serrano, dedicado a cultivar marihuana en su rancho de Jalisco, y quien con las conexiones políticas adecuadas, llegará a controlar la incipiente industria del narcotráfico mexicano, en compañía de su ahijado y guardaespaldas Raúl Duval. Esta ficción tiene tras de sí una amplia investigación y la recreación de la época (los años comprendidos entre 1930 y 1950), momento en el que el régimen revolucionario terminó de construir sus estructuras de poder, mantos protectores que los gobiernos emanados de la Revolución otorgaron a estos “empresarios” de drogas ilegales que comercializaron a Estados Unidos la marihuana y heroína producida en nuestro país (principalmente en Sinaloa, Guerrero, Michoacán y Jalisco). Así, personajes variopintos atraviesan este relato, desnudando que parte del control de este negocio provienen del poder político y sus allegados, como el expresidente de México, Abelardo L. Rodríguez, quien fuera dueño de casinos en la ciudad de Tijuana, o el Gral. Maximino Ávila Camacho, hermano del que fuera presidente del país, Manuel Ávila Camacho, y dueño del mayor rancho productor de marihuana de las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado, terreno otrora conocido como Africam Safari. Otro aspecto a destacar en la novela es la figura del Dr. Leopoldo Salazar Viniegra, quien por unos meses dirigió el Departamento de Salubridad en 1938 -durante el gobierno de Lázaro Cárdenas-, pionero de la medicina al pretender legalizar el consumo de marihuana e intentar una política preventiva. Al final sus intentos fracasan y la política norteamericana de represión se impone en el mundo como el único modelo a seguir en el tema de las drogas. (México: Suma de Letras, 2013) (Moro).

24.- OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN DESIERTO, de Iris García Cuevas.- A menudo este título es referido como uno de los libros claves de la narrativa sobre el narcotráfico pero en realidad solo los cinco primeros abordan este tema, los restantes versan acerca de la soledad, la ciudad y hasta el amor, con un dejo nostálgico. El último, “Designio”, está dedicado a Puebla, donde la autora cursó una maestría. La primera parte tiene referencias claras: Los Calvos, es decir, Los Pelones, sicarios de Arturo Beltrán Leyva. También se menciona a Los Zetas y al video donde “La Barbie” ejecuta al Z-17 en una casa de seguridad de Acapulco. García Cuevas plantea el relato como un performance tratando de diluir el estatuto de verdad, en el concepto de “verdad débil” de Gianni Vattimo que se referiría a la ausencia de una verdad absoluta o la idea de “precesión” de Baudrillard en la que “la simulación se caracteriza por la precesión del modelo…”, en este caso aplicable a un hecho de la realidad que la autora debilita para hacernos dudar de si en efecto, “La Barbie” ejecutó al Z-17, en 2007 como los medios de comunicación “hicieron creer”, a pesar de que ese video fue entregado en DVD a las oficinas de la PGR y filtrado, dando inicio una era de narcoejecuciones filmadas. García lo presenta como la idea de una productora con actores amateurs que terminarían ejecutados de verdad “por accidente”, como parte de una filmación gore. En los demás cuentos la idea de simulacro prevalece. Si bien, la prosa de Iris García Cuevas es irreprochable, su referente mimético está dramáticamente relativizado. Queda claro que la misión de la literatura no es transcribir la realidad y que el lenguaje es la materia con la que el discurso literario se conforma pero quizá este cuentario quedará como referencia de que un sector de la sociedad consideró a la realidad del narcotráfico un gran montaje. Y quizá eso termine siendo también, paradójicamente, un reflejo fiel de la misma realidad. (México: Fondo Editorial Tierra Adentro-CONACULTA, 2009) (Nieto).

25.- HISTORIAS DEL SÉPTIMO SELLO, de Norma Yamille Cuéllar. Con elementos del género policiaco y la novela fantástica, la autora crea una obra intensa, desquiciante, que antecede a los hechos violentos que dominarían a la ciudad de Monterrey en los años finales del sexenio de Felipe Calderón. El libro plasma a narcos que asesinan sin control en una ciudad sin ley en el que se suceden las balaceras, los apagones, mientras un diluvio interminable cae sin parar sobre la ciudad y un asesino serial anda suelto por las calles de un Monterrey, mientras la joven reportera de nota roja, ‘Jasminder Chaoa’, recorre noche tras noche buscando las últimas noticias de esta ciudad apocalíptica en donde la violencia no tiene freno. Sin embargo de este maremágnum en el que se ha convertido la ciudad, ‘Jasminder’ (que trabaja para el periódico ‘En Exclusiva’) tendrá que entender que su trabajo no es solo registrar las historias de muerte y dolor, sino que también debe llevarle la justicia a las víctimas de ese asesino serial que anda suelto asesinando mujeres embarazadas e inocentes cuyo nombre se pierden en esa violencia. La autora nos introduce en un universo en el que la realidad se ha trastocado y en donde el mundo de los vivos se confunde cada vez más con el de los muertos. Historias del séptimo sello anticipa, a través de la metáfora, el humor negro y el sarcasmo, la violencia real que el narcotráfico ha dejado en esa ciudad del norte. La visión, impregnada de fantasmas, de muertos que se comunican a través del escáner que la periodista tiene para interceptar las frecuencias policiacas y que termina convertido en una especie de vínculo entre el más allá y ese mundo urbano, no desaparece hasta que obtiene justicia esquiva en un país en donde los poderosos dictan las leyes para trastocar el orden social y beneficiarse de él. (México: Fondo Editorial Tierra Adentro-CONACULTA, 2011) (Moro).

26.- TODOS SANTOS DE CALIFORNIA, de Luis Felipe Lomelí.- Ingeniero físico con especialidad en genética, con maestría en ecología y doctorado en filosofía de la ciencia, Luis Felipe Lomelí, escribió un libro que aborda el narcotráfico en la región de Baja California Sur y su conexión con la costa de Sonora y Sinaloa y que, en 2001, mereció el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí. Antes de escribir el volumen, Lomelí vivió en California, Wisconsin, Monterrey, Illinois, Ciudad Juárez y La Paz, dinámica que se ve reflejada no solo en el habla de sus personajes sino también en el uso de sus técnicas narrativas. El ambiente de Todos santos de California es exótico. En él se describen las ballenas retozando y las formas cactáceas reflejadas en la calma del Mar de Cortés, en contraste con la violencia del narcotráfico y del usufructo de la sal, dado que en la península se asienta la salera más grande del mundo. El acierto del libro radica en su despliege idiomático que captura pochismos, anglicismos y registros locales. Destacan los cuentos “Todos santos de California”, y “Al fin y al cabo”, que recuerda la mítica balacera entre el Chapo Guzmán y los Arellano Félix en Puerto Vallarta en 1992. En este cuento unos sicarios introducen armamento en un teibol usando a la gente de intendencia. La tensión se mantiene hasta que llega el momento de ejecutar a los enemigos. “Esto va a ser como lo del Christine, vato”, le dice un sicario a otro, mientras disfrutan del espectáculo de las chicas contoneándose. “Mejor ya dejemos la plática y vámonos al baño por las armas”, dice el otro, haciendo que en Baja California Sur también se detone el poder del narco. (México: Tusquets/Conaculta, 2002) (Nieto).

27.- CHINOLA KID, de Hilario Peña.- Éste es uno de esos libros que dicen más de lo que aparentan. Escrito en clave de parodia, la quinta novela de Peña presenta una trama que bien podría ser considerada un western, en el sentido de que un hombre de honor funge como agente de la ley imponiendo la justicia en un ambiente de pistoleros y maleantes, extrapolando la dicotomía entre buenos y malos. Sin embargo, al pasar este esquema a la realidad mexicana (en un poblado ficticio de Sinaloa llamado ‘El Tecolote’) la clave cambia, ya que el hombre de honor resulta tener un pasado como maleante. Al creerse su papel a pie y juntillas, ‘Rodrigo Barajas’ aplica la ley con tal rigor que los malos quieren asesinarlo y los buenos lo consideran incómodo. Peña delinea en su protagonista a un héroe que no toma en cuenta las viejas rencillas entre familias ni la ambición casi connatural en un entorno dominado por el narco. Tampoco considera que al aplicar la ley en un ambiente como ese hasta uno de los jóvenes más pacíficos del pueblo se pase a las filas de los malos al sentirse humillado. Lo especial en Chinola Kid es que conforme pasan las páginas, ‘El Tecolote’ se vuelve un micromundo que devela los hilos que explican la violencia en México, definidos por la venganza y el pragmatismo criminal. Hilario Peña, nacido en Mazatlán y radicado en Tijuana, sabe que mediante el humor se puede mostrar también la parte débil de los criminales. “Chinola” es el nombre que reciben las personas de Sinaloa que llegan a Tijuana y pareciera que incluso con este simple giño, Peña logra retratar la transformación que ha sufrido el noroeste de México al arraigarse la cultura y la economía del narcotráfico. (México: Random House Mondadori, 2012) (Nieto).

28.- DEUDAS DE FUEGO, de Paul Medrano.- Nacido en Ciudad Victoria, Tamaulipas, pero avecindado en Guerrero, Paul Medrano inventa la ciudad ficticia de Plomosas (que bien podría referirse a Chilpancingo) para contar la historia del ‘”Chicharrón” Valencia’, agente de la policía estatal que recibe la orden de su corrupto y violento jefe, ‘Tacho Zaragoza’, para matar al ‘Oso’, también agente policiaco y mejor amigo de ‘Valencia’. Al negarse, es asesinada su mujer, por lo que ‘Valencia’ pide al ‘Oso’ se una a él para librar a ‘Plomosas de Zaragoza’, quien no solo pertenece a un cártel sino que usa a los policías de la corporación para limpiar la plaza de competidores. Ayudado por el ‘Mai’, mecánico que termina siendo uno de los mafiosos enemigos de Zaragoza, Valencia consigue lo que quiere: vengarse de ‘Tacho’ usando un método de capamiento que recuerda a Juan Justino Judicial de Gerardo Cornejo, enterándose al final que el encono de ‘Zaragoza’ hacia él responde a que años antes, ‘Valencia’ había matado al hermano de ‘Zaragoza’, como para dar cuerpo a la idea de que “la vida te cobra todo en vida”. Con capítulos alternados donde se escucha la música de “El Buki” como telón de fondo y con una prosa breve y eficaz, Medrano entrega un texto que obtuvo el Segundo Concurso Nacional de Novela Negra convocado por el gobierno de Tamaulipas, y en el que el sur del país queda expuesto como otro espacio geográfico tan violento como Coahuila, Chihuahua o Tamaulipas, aunque bien pueda ser la radiografía de todo el territorio nacional más allá del norte o el sur. (México: Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2013) (Nieto).

29.- EL ABOGADO DEL NARCO, de Harel Farfán Mejía.- Thriller policiaco en el que se devela la forma en la que el negocio del narcotráfico creció al amparo del poder político en nuestro país, entre las décadas de los años 80 y 90. El autor crea varios personajes ficticios que funcionan en medio de personajes reales del crimen organizado por todos conocidos y nos permite revivir la guerra oculta de las mafias mexicanas. Los datos producen una visión de la vida corrupta de nuestra clase política, sus vínculos con los jefes policiacos y los mafiosos gracias a la voz narrativa, la del joven abogado ‘Lorenzana’, quien irá escalando posiciones al trabajar para uno de los jefes del extinto Cártel de Guadalajara. La novela aporta un acercamiento interesante sobre los vínculos corruptos entre estos elementos de la vida pública del país, al narrar quizá hechos reales que el autor conoce o conoció de cerca, aunque sufre de un trabajo lingüístico apresurado, poco cuidado, que desorienta al lector, dejando muchos cabos sueltos, con saltos en el espacio que no son explicados. El abogado del narco intenta entrelazar la historia aún no escrita, que sigue en la bruma de los escándalos mediáticos, de los rumores, las falsas noticias que han conformado los mitos que pueden conducir a personajes tan reales como el propio Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. (México: Ediciones B, 2012) (Moro).

30.- TARDARÁS UN RATO EN MORIR, de Imanol Caneyada.- De origen vasco pero sonorense por adopción, el autor de esta obra presenta un fino cruce entre novela negra y un thriller de un asesino serial que ocurre paralelamente en Canadá. De niños, ‘Martín Torrevieja’ también conocido como ‘Tinín’, quien se convertirá en gobernador, conoce a ‘Juan José Salvatierra’, alias ‘el Cabezón’, el clásico chico de barrio que defiende a un niño rico del ataque de chiquillos violentos. Dicho incidente define el futuro: ‘el Cabezón’ –llamado así por tener una cabeza de tamaño desproporcionado-, se convierte en asistente personal de ‘Martín’. Es él quien le lee a diario los periódicos que señalan la red de empresas en la que ‘Martín’ lava el dinero del trasiego de drogas que encabeza el capo local ‘Ezequiel Ahumada’ a quien ‘Martín’ le designa policías para su protección hasta que el nuevo delegado de la PGR, quien trabaja para el cártel rival, llega a “limpiar” la plaza pidiendo al ‘Tinín’ que, en su calidad como gobernador, entregue a ‘Ahumada’. De acceder, le permitirán que su exilio transcurra sin problema alguno. Es justo ‘el Cabezón’ quien aloja al ‘Tinín’ en la casa de su madre en Montreal, ciudad en la que ‘Martín’ se someterá a una cirujía de rostro, en una clara alusión a la historia de “El Señor de los Cielos”. Puesto en libertad, ‘Ahumada’ ubica el paradero del ‘Tinín’ y ‘el Cabezón’. Infiltrado en la clínica donde operarán a ‘Martín’, ‘Ahumada’ le tasajea el rostro, le corta la lengua y le dispara en el estómago anunciándole que tardará un rato en morir. Un personaje secundario arma la historia: se trata de un agente de la policía canadiense que frecuentaba a la madre del ‘Cabezón’ y a quien le ayudó a resolver el enigma del asesino serial que conforma la otra mitad de la trama. Al final, ‘Ahumada’ es acribillado por la policía canadiense logrando un golpe al narcotráfico mexicano (México: Suma de Letras, 2012) (Nieto).

31.- EL CABALLERO DEL DESIERTO, de Omar Delgado.- En los límites de lo que podría considerarse una novela policiaca o un relato sobre migración, esta es una historia con personajes bien delineados y una trama que revisa la figura del héroe, en este caso de un pollero que a la vieja usanza, ayuda a pasar a los migrantes mexicanos hacia Estados Unidos ocultando su identidad, haciéndose pasar por un anciano que también busca cruzar la frontera de la mano de un pollero menor sin que nadie sepa que aquel viejo es en realidad ‘El Caballero del Desierto’. Pero no todo es felicidad en la vida de este héroe: en el pasado, una joven, de nombre ‘Ángela’, muere por accidente al intentar atravesar la frontera. Difundiéndose la idea de que la muerte de la chica había sido dolosa, ‘El Tecolote’, sicario de Los Zetas y hermano de la desafortunada muchacha, deja de lado Matamoros, Tamaulipas, donde sirve al Cártel del Golfo, y viaja hasta Ciudad Juárez haciéndose pasar por un migrante más, buscando a personas clave que lo lleven a dar con ‘El Caballero del Desierto’, que nadie sabe si es una leyenda o una persona real. Obligado a solicitar la ayuda de ‘Alexander Cohen’, agente fronterizo y viejo rival, ‘El Caballero del Desierto’ logra no solo vencer la amenaza del mortífero sicario sino acabar también con ‘Snake McKeena’, jefe de cazamigrantes en Arizona. Difícilmente podría considerarse a este obra, una novela sobre narcotráfico; sin embargo, El Caballero del Desierto aborda un tema que en la actualidad es indisociable del crimen organizado: el paso de migrantes que en antaño estaba en manos de familias expertas y que hoy pertenece a los más despiadados cárteles, ángeles de la muerte para cualquier latinoamericano que ose pisar tierra mexicana en busca de una mejor vida en Estados Unidos. Esta novela ganó el 8º Premio Internacional de Narrativa 2010 convocado por el Colegio de Sinaloa. (México: Siglo XXI Editores, 2011) (Nieto).

32.- SICARIO. DIARIO DEL DIABLO, de Víctor Ronquillo.- El autor de esta novela ha trabajado durante muchos años como periodista cubriendo los conflictos más importantes del país, desde los feminicidios en Ciudad Juárez o la migración que provoca la pobreza en extensas zonas agrícolas. Buena parte de su trabajo lo ha dedicado a documentar los eslabones del negocio del narcotráfico (como el libro De los maras a los Zetas que escribió en colaboración con Jorge Fernández Menéndez). Este bagaje le dio algunos elementos para intentar contarnos a manera de ficción la caída en el abismo de las drogas y del narcotráfico de un joven pandillero migrante apodado ‘El Diablo’ quien, en una sola noche, asesina a doce personas en su pueblo natal en el estado de Guerrero. Lo que podemos ver en esta novela es la preocupación del autor por entender qué lleva a un joven que encuentra en la migración un modo de sobrevivir a ser un pandillero de una ciudad fronteriza, en este caso a Tijuana. Sicario… es un retrato de la realidad de jóvenes que encuentran en el imaginario de la delincuencia una forma de arraigo a la vez que se convierten en carne de cañón de los cárteles, quienes ven en esos jóvenes un material desechable, barato, para los trabajos y asesinatos más terribles. Por desgracia, la novela de Ronquillo carece de profundidad narrativa para adentrarnos en esta psique atormentada y dañada que terminan asesinando personas en un acto de desesperación que conduce a ninguna parte. (México: Ediciones B. 2009) (Moro).

33.- LOS NIÑOS DEL TRÓPICO DE CÁNCER, de José Luis Gómez.- En esta novela se narra la historia de ‘la Virgen’, joven andrógino y afeminado que líderes a una banda de niños de la calle que han aprendido a matar para defenderse de los cárteles de Tamaulipas, abatiendo a los sicarios más poderosos del capo local, el cual, al saber de estas derrotas, ordena su exterminio. Al final, son justo estos niños los que terminan defendiendo a la región hasta que descubren que ‘la Virgen’, su líder, en realidad no es un niño travesti que se ha “inyectado aceite en el pecho y se fabricó senos” (sic) sino una joven, a quien se descubre haciendo el amor con ‘Gabino Espejo’, otro niño pistolero. El lenguaje que despliega esta novela parece una copia degradada de Daniel Sada. Causa especial atención la insistencia en señalar la sexualidad de sus personajes-niños usando imágenes explícitas donde se les adjudica travestismo, analidad, deseo del falo o coito. Al final, el autor salva la trama que se va haciendo más pesada e inverosímil para cerrar en una normalización de la esperanza, en la que ‘la Virgen’ –asumiendo justo su femeneidad- tiene relaciones sexuales con ‘Gabino’, quedando embarazada y recuperando su identidad como mujer. Hay un engaño en la publicidad que el autor le ha dado a esta novela haciéndola pasar como alegoría de la realidad, “porque en los últimos años se han descubierto (en Tamaulipas) grupos de niños que van desde los tres a los 15 años, agrupados para defenderse o atracar”. Por el contrario, la novela se aleja de cualquier explicación social para alojarse en los terrenos de una sospechosa violencia infantil. Hay en su verborrea también una advertencia: el sinsentido puede cautivar o cansar. (México: Joaquín Mortiz, 2013) (Nieto).

34.- 20 POEMAS PARA SER LEÍDOS EN UNA BALACERA, de John Gibler.- ¿Poesía del narco? ¿Narcopoesía? 20 poemas para ser leídos en una balacera es un libro que va más allá. Es un libro que recuerda a la obra de Neruda y de Girondo. Del primero podríamos decir que retoma el sentimiento del amor, de un amor dolido que observa con tristeza, con frustración, cómo este país -segundo hogar del periodista norteamericano- se desangra mientras nuestras autoridades se niegan a ver que las causas de tanta muerte están más allá del mero negocio que el narcotráfico representa. Gibler nos dice que el motivo de tanta muerte, de tanta saña, también es la injusticia que gobierna, que se alimenta de la pobreza y la marginación. Gibler retoma el elemento de Girondo para darle una estructura de salmo, de pequeñas oraciones que pueden salvarnos la vida o cambiárnosla, al darnos a entender que nosotros somos observadores de este país que se nos derrumba pero también corresponsables de ese mismo derrumbe. La poesía de Gibler es una lírica descarnada que nos alerta sobre el dolor, pues nos dice que más que lamentarnos hay que levantar la voz, protestar, cuestionar, levantar las manos para detener las balas que asesinan a miles de personas año con año en este país en el que las condiciones socioeconómicas han creado un caldo de cultivo para la violencia que nos azota, de jóvenes que creen que la riqueza está a la vuela de un cargamento, que el respeto tiene forma de revólver o de cuerno de chivo. Gibler se duele por nuestro país en este libro conmovedor, crudo, amoroso, que nos pide que levantemos la cabeza y miremos lo que sucede y no nos quedemos callados, que leamos poesía, que hagamos arte, aunque sea en medio de las balas. (México: Sur +. 2012) (Moro).

35.- LA LÍNEA BLANCA, de René Morales.- Pocos poemarios han surgido con temática de la guerra del narcotráfico en nuestro país y aún menos sobre su impacto en el Sur donde el trasiego de estupefacientes arranca. Es en Chiapas donde nace este poemario que aborda el genocidio producto de la guerra del narcotráfico en México, un lugar donde “hay muertos que hablan a través del viento”. El lenguaje es directo. El autor grita pero también pincela ambientes pulcros donde la palabra contiene el poder de evocar el concepto “de un país que sangra”. “Algo queda de mí/en esta pedacería azul/en estas manchas rojas/que acompañan esta tarde inolvidable de ejecutados”, dice René Morales, creador de Public Pervert, editorial que da voz a jóvenes poetas de Chiapas y Centroamérica que cruzan la frontera sur para ser editados en una colección que ya aglutina a lo mejor de la poesía de la región. La Línea blanca revela asimismo la barbarie que vive la zona con las masacres a indocumentados centroamericanos, “porque ya solo los muertos pueden estar en paz/en este remedo de patria en donde nos tocó vivir”. René pertenece a una generación que solo conoció la crisis, la violencia y la sangre. Por eso dice: “Esta hoja posiblemente solo sirva/para explicar que hice lo único que sabía hacer/que posiblemente fallé/que escribí poesía a la mitad de la peste/que escribí poesía para estar siempre del lado de las víctimas”. En ese sentido, el poemario es un canto de sobreviviencia pero también de trabajo de un lenguaje que plasma el dolor de un pueblo donde las “buenas” personas han hecho de este país polvo, un polvo blanco que se extiende por todas partes. La línea blanca es un canto donde el poeta sentencia: “y los traidores pagarán/por destruir/lo único que no les pertenecía/la esperanza de la gente”. (México: Public Pervert, 2013) (Nieto).

36.- EL PLOMO EN LA PATRIA, de Eric Uribares.- La plaquette del escritor Eric Uribares forma parte de una serie de libros de poesía que abordaron desde este género literario la emergencia política y social generada por la llamada guerra contra el narco. En el mismo sentido que la antología Mi país es un zombie (publicada en el 2011 por la editorial 2015), que reúne la voz de varios poetas preocupados por esta situación, o bien, el libro de Jorge Humberto Chávez Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, la poesía de Uribares se forma a partir de versos secos, intensos, fuertes que nos permiten entender que el dolor y el miedo que este país ha vivido por la llamada guerra contra el narcotráfico también logró atravesar las fronteras genéricas, tocando también a la labor poética. A partir de poemas cortos, concisos, este volumen logra tocar las fibras más íntimas de los lectores. Uribares reconstruye la sensación de abandono y zozobra que muchas personas han sentido a lo largo de los últimos años con poemas concisos que no buscan el regodeo con el lenguaje sino que, al contrario, buscan dar un mensaje contundente. La plaquette, que consta de nueve poemas y un epílogo, conforma un grito en contra de la militarización, contra la violencia desatada en las calles, en contra de esa sensación que deja inerme a los ciudadanos. Este libro es un interesante ejercicio de reflexión a partir de la poesía sobre la situación de violencia que se vive en el país, pero también de acción por parte de la poesía para revertir esta situación. (México: Acá las letras Ediciones, 2011) (Moro).

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+ Libros del Narco: periodismo narrativo.
+ Reportaje: Violencia enmarcada en la literatura mexicana