Freak y otros tormentos, de Adolfo Vergara Trujillo

Por Hugo César Moreno Hernández.

Ocho son los tormentos de Adolfo Vergara Trujillo: Freak es desvarío sintomático de la razón, es decir, la sinrazón siempre en el lado siniestro, en la parte no iluminada de la razón. Freak y otros tormentos no enhebra un sendero unívoco sencillamente porque encuentra en el tormento el dulce sabor anidado entre lengua y paladar del ejecutor. Siempre existe el otro lado y Vergara Trujillo prefiere sentarse del lado operador, sin olvidar cómo el dolor invita a cierto placer.

Primer tormento, la venganza. Los mamones dicen que la venganza no sirve para el vengador, que no resuelve los despropósitos ocasionados. No es verdad. La venganza es un concepto central para comprender nuestra sociedad. Mejor dicho, la manera en que se escamotea al individuo, es el pilar de la convivencia política de la modernidad, por ello es deslavada con moralinas y mierdas así. Adolfo Vergara inicia los tormentos con una venganza contra el diablo que no deja mal sabor de boca, quizá a palomitas y Pepsi, con un regusto a justicia pura, dura, elemental. No importa si corrompe los códigos, mejor dicho, lo importante, lo saludable psíquicamente hablando es que destroza los códigos. La venganza es un tormento, para el ejecutor un tormento con dejo a orgasmo, rápido, leve, demasiado pequeño, pero delicioso al fin. Para el ejecutado es justo.

Segundo tormento. La convivencia. Compartir el medio ambiente con otro ser humano es tormentoso, y compartir un cubículo con forma de departamento debe ser peor que soportar el abrazo de la Iron maiden. Cuando la convivencia es entre un patán con el reloj impuesto en una hora que promete mejores jugos y pollos y una mujer que pretende ser la perfecta ama de casa y se convierte en una patada en los huevos, bueno, la convivencia es un tormento.

Tercer tormento. El torbellino y la resignación. Si la cruda no se cura, se alienta a la enfermedad y el vuelco parece una repetición snuff donde los pedazos de cráneo son los de uno mismo.

Cuarto tormento. La fantasía.

Quinto tormento. La fantasía de otro. Las filias entre partners no siempre son complementarias. Cuando uno busca algo diverso, el otro entiende que es posible cosificar al imberbe para usarlo de holocausto y recrear algún ritual: la fantasía versus la ritualística milenaria, el pasado versus el futuro. Sin embargo, el encontronazo puede superar el mal sabor de boca que deja la sangre después del tormento.

Sexto tormento. Meg Ryan, sobre todo hoy con las toneladas de silicón, plásticos y toxinas cosméticas en su rostro. En el momento del relato, una belleza perfecta para joder.

Séptimo tormento. Quedar como un imbécil.
Séptimo tormento. Saborear quedar como un imbécil.

Octavo: espanto. La locura.

Freak. La ciencia hermanada con la tortura, el arte y el desvío de la misión o la misión reencontrada en la carne de putas y miserables para colocar cada pedazo en el altar del progreso de la alquimia psiquiátrica y psicotrópica. ¿Raro? Apenas la punta. El circo amalgama los tormentos y sus efluvios anímicos para forjar placeres asquerosos, viejos, casi míticos, mefíticos, “un continuo culto a lo irracional”. Lo orgánico se convierte en máquina de tendones, músculos e impulsos eléctricos en Freak.

Vergara Trujillo, Adolfo. Freak y otros tormentos. México: Ficticia, 2002.