Entrevista a Javier Vásconez, novelista quiteño

La intensidad de los disparos, la violencia, de alguna manera, creó el estilo, el ritmo, la cadencia de la escritura de esta novela.

Por Javier Moro Hernández.

La piel del miedo (2010) es una novela ambigua, plomiza, que nos cuenta la adolescencia de un chico ecuatoriano cuyo padre, periodista político, ha desaparecido de la ciudad después de criticar desde su columna al presidente del país. Perseguido y torturado, el padre de ‘Jorge’ protagoniza una noche de terror al irrumpir en su propia casa disparando a los fantasmas y a las sombras que lo acechan desde su paranoia. Ese acto instalará el miedo en la vida de ‘Jorge’ a su padre, quién desaparecerá poco después sin dejar rastro aparente, dejando a la familia en un estado de indefensión y carencia que obligará a su madre a trabajar precariamente para mantener a sus hijos a flote.

La historia, contada en primera persona, es una reconstrucción de hechos a partir de recuerdos desvelados de ‘Jorge’: su amistad con ‘Ramón’, dedicado al tatuaje; su relación amorosa con ‘Fabiola’, una cantante mayor quién vive en el Hotel Dos Naciones y que trabaja en lugares oscuros, extraños, tristes; así como la relación conflictiva con su madre y su hermana menor. La piel del miedo es así una novela habitada por fantasmas, viejos boleros y un mundo que parece desvanecerse, pero del que el protagonista no quiere desprenderse del todo.

Su autor es el editor (en Librimundi) y escritor quiteño Javier Vásconez (1946), conocido por libros como El hombre de la mirada oblicua (1989), Premio “Joaquín Gallegos Lara”, otorgado por la ciudad de Quito como mejor libro de novela de ese año; así como las novelas El viajero de Praga (1996), La sombra del apostador (1999) y Jardín Capelo (2007), las dos últimas finalistas del Premio “Rómulo Gallegos”.

Recientemente Vásconez estuvo en México. La apuesta por entrevistar a un autor que lo mismo reconoce entre sus influencias a Jorge Carrera Andrade, que a Kafka, Onetti, Faulkner, Céline, Nabokov y Le Carré, era, por supuesto, una llamada en espera; un encuentro que podría bifurcarse hacia diferentes temas. Vásconez es un escritor preocupado por el poder del lenguaje y por el tono para construir una novela. Para La piel del miedo trabajó con mucha paciencia, incluso la revisó hasta 14 veces antes de ser publicada por primera vez en su país natal.

Esta novela la quise escribir desde hace muchos años, incluso antes de novelas como El viajero de Praga, La Sombra del apostador o Jardín Capelo, pero no encontraba el tono para que una novela tan intensa, tan compleja no tuviera una cualidad de folletón, de excesivo sentimentalismo y tardé como dieciséis años en encontrar ese tono, a pesar de que siempre supe de que iba a ser la novela: la historia de un muchacho cuyo padre, que es un periodista político perseguido por el gobierno y por lo tanto enloquece y, una noche, completamente alcoholizado dispara en el interior de su casa y esto produce una situación de profunda violencia familiar. Este hecho hace que se instale en muchos aspectos de la vida de ‘Jorge’, que es un chico muy joven“, comentó el autor al principio de la entrevista.

Quería preguntarte del estilo porque la historia es un continuum, un río que va llevando al lector…
Tardé muchos años en encontrar la primera frase: “Desperté en medio de la noche con el ruido de los disparos en el corredor…”, una frase aparentemente muy sencilla. La intensidad de los disparos, la violencia, de alguna manera, creó el estilo, el ritmo, la cadencia de su escritura.

En algunas partes el protagonista narra con ciertos titubeos, a veces nos dice “no estoy” o “si mi memoria no me falla”, lo cual crea una especie de distorsión en el lector, no sabemos si las cosas realmente ocurrieron de la manera en que Jorge nos está contado.
Hay un elemento de ambigüedades, de filtro, de conjeturas. La historia contada a través de la memoria, contada a través del pasado y contada por lo que dicen varios testigos está tamizada, está filtrada por las conjeturas, por la utilización del “quizá”, del “tal vez”, para crear en el lector la idea de que no ocurrieron las cosas como aparentemente están contadas y es una manera de crear, de inducir al lector a participar en la estructura misma de lo que se está contando porque, de esa manera, lo involucro, lo comprometo.

El miedo, como el sentimiento central de la novela, apoya la sensación de ambigüedad, pienso por ejemplo, en la relación que ‘Jorge’ sostiene con ‘Adela’: no sabemos sí se llevan bien, sí no se quieren
Es una relación extraña, ambigua entre los dos hermanos. ‘Jorge’ tiene una relación muy conflictiva con su padre, que es el que ha generado toda esta situación de violencia y ‘Jorge’ no tiene ningún simpatía hacia su padre a pesar de que se la pasa inventándole una serie de vidas, de posibilidades a su padre que en un momento dado abandona a la familia y desaparece de la ciudad, pero la hermana, que es menor, parece tener, parece sentir una mayor piedad, en secreto parecería que siente una mayor simpatía por su padre y esto separa a los dos hermanos.

También el miedo está presente en la relación que sostiene ‘Jorge’ con ‘Ramón’, su mejor amigo. Siempre está la sensación de que ‘Jorge’ no quiere comprometerse, no quiere saber mucho más de él…
‘Jorge’ es un hombre temeroso. Pienso que si vemos nuestras vidas frente al espejo, descubrimos que hay una edad en que todos pasamos por una suma de inseguridades, de temores. Nada es seguro en la vida de un joven, todo es confuso, todo es desconcertante; entonces, utilicé esta cualidad de inseguridad para crear la psicología de ‘Jorge’ y esa confusión (emocional) me ayudó a crear una mayor ambigüedad en la totalidad de la novela.

La relación del periodista con su realidad, con su entorno político es la que genera este proceso de violencia y este ambiente político opresivo se ve reflejado, se ve extendido al interior de la casa.
Sin miedo no podríamos vivir, el miedo paraliza pero también estimula, es a partir del miedo que vivimos cada día, que llevamos adelante nuestras vidas, vivimos instaladas con el miedo y toda cualquier enfermedad desde una gripa hasta el cáncer es una forma de violencia y es una relación con el miedo, y en este caso el miedo se desborda porque es un miedo político, es un abuso político que es muy común en América Latina, pero no me interesaba hacer una novela política, a mí no me interesa particularmente la política, me interesaba era mostrar como a partir de este miedo que genera la política, el poder, los excesos se puede descomponer totalmente una relación de familia, se puede distorsionar la vida de un muchacho.

Aunque la política no es un elemento central sí se genera una ambiente opresivo…
Todas mis novelas están ambientadas en ese ambiente opresivo porque transcurren en Quito, a pesar de que a veces están vinculadas con otras ciudades, europeas casi siempre, y esto se debe a que la ciudad de Quito, que es una ciudad de montaña, con un volcán al centro de ella, el Pichincha, genera una actitud como de sofoco, de asfixia. Esta atmósfera de ciudad sofocante la he construido a propósito. Hay dos elementos centrales y uno de ellos es la sensación de sofoco, de laberinto, de que no se va a poder salir de ella, de que es una especie de maldición estar en ella, y por otro lado el elemento de la lluvia que permanente cae y cae. Esa sensación de inmovilidad la he acentuado a propósito.

La relación de ‘Jorge’ con las mujeres es otro elemento central de la novela, la relación con su madre, quién se convierte en el soporte de la familia después de la desaparición de su padre, pero quién cae en periodos de crisis, de enfermedad, y la relación con la cantante, que es una mujer mayor de la que se enamora y con la que mantendrá una relación. Pero siempre hay una relación de distancia, de desconfianza hacia ella.
‘Jorge’ tiene una edad que podríamos llamar complicada, una edad en la que uno aprende a conocer el mundo, a caminar, una edad en la que uno tiene amigos, aventuras, y eso desemboca en la actitud, en la relación que él tiene con la cantante, una relación un poco temorosa, desconcertante, ya que ella es una mujer mayor, es una relación intensa, apasionada en donde ella tiene la batuta, el mando, y en cuanto a su relación con la madre que él admira y quiere a su madre, pero la ve muy frágil, desamparada después del abandono del padre, la ve como una persona débil y él también se empapa, se contagia con esta debilidad, lo que crea una relación indefinida, una vez más ambigua, y yo creo que una de las características de la novela es no responder a situaciones, sino más bien crear interrogantes de cómo puede darse la vida, cómo puede darse la relación entre un hijo y una madre conflictiva, cómo puede darse una relación entre una mujer mayor, en ese sentido creo que la psicología de los personajes es vaporosa, para crear una mayor sensación de secreto, crear un magnetismo alrededor de ellos.

Son personajes complejos, contradictorios, por ejemplo la madre es una mujer frágil, que aparentemente se está derrumbando pero al mismo tiempo puede levantarse y regañar duramente a Jorge por llegar tarde.
Más que contradictoria, creo que es lo que ocurre muy frecuentemente en la vida de una mujer que está sola. La historia está situada en los años sesenta del siglo pasado y la madre es una persona de una educación conservadora e incluso sí puede ser muy estricta con la hija y con el propio Jorge cuando él comete ciertos desacatos y en esos momentos a ella le sale la madre protectora que está deseando que las cosas ocurrran como tienen que ocurrir en su casa. Todos, seamos hombres o mujeres llevamos una zona secreta que es de fortaleza pero esa misma persona también tiene una zona de debilidad, de derrumbe, todos somos esas mezcla, esa combinación, nadie es completamente fuerte no nadie es completamente débil y eso es lo que quise hacer cuando escribí el personaje de la mamá de ‘Jorge’, construir una mujer contradictoria, solitaria, desamparada y al mismo tiempo deseosa de sacar adelante a su hijo, vigilante de la cosas que están ocurriendo en su casa.

¿Cómo fue trabajar durante tanto tiempo un libro?
La novela fue pensada durante mucho tiempo y siempre tuve claro que el personaje que iba a ser el protagonista, muchos personajes estaban ya pensados desde hace mucho tiempo, sabía que iba a ocurrir en la ciudad de Quito en los años sesenta y lo que tarde muchos años fue en encontrar el tono, la forma en la que está contada ésta historia, porque eso es muy importante, no solo eras importantes los hechos, los personajes, las situaciones de miedo, las crisis de Jorge, lo importante es la forma en la que está contada la historia y esa forma me tomo mucho tiempo, pero una vez que la encontré me tomo un año y medio escribir la novela, casi dos años, la corregí muchas veces, diez, doce veces, yo soy un escritor que trabaja a mano y que después pasa la novela a la computadora, algo que no me importa, es doble trabajo pero una vez que la paso a la computadora empiezan las correcciones, el trabajo de montaje como le digo yo, mejorar situaciones, ampliarlas, componerlas.

Vásconez, JavierLa piel del miedo. México: Alfaguara, 2013.