Violencia enmarcada en la literatura mexicana

Por Nahum Torres.

La vida es breve y el miedo es inmenso. Nadie se siente libre de los demás ni seguro ante otros, y parece que ninguna ley ni poder pueden proteger a nadie de la violencia: pernoctamos en la desconfianza general, porque en la espesa penumbra de la realidad, incluso la figura más débil puede sorprendernos.

La violencia es algo ineludible. La violencia está en todas partes. En aspectos públicos y privados, en la intimidad de cualquier hogar. Se ha convertido en una expresión que está por encima incluso del juicio que pudiera hacerse de ella. Lo sabemos: en nuestro país la violencia nos ha rebasado. Basta con recordar la orgiástica locura mediática a las que nos condenó la lucha institucional contra el narcotráfico: la nota roja desbordó la sección a la que estaba constreñida y se volvió parte de la vida de todos.

Esta situación, aparentemente, ha generado un incremento en la producción de obras literarias relativas a la violencia. Es por ello que reunimos aquí una variedad de puntos de vista con Élmer Mendoza, Yuri Herrera, Norma Lazo, Hugo César Moreno, Omar Nieto e Iris García Cuevas en torno al fenómeno de la violencia en la literatura mexicana.

*

Ellos han convertido la violencia en una virtud literaria”
J. L. Borges

Escritora, editora y guionista, Norma Lazo es conocida por sus ensayos y libros de crónica, en los que ha tratado temas cercanos al horror, la violencia y el sexo. Es autora de los libros El mecanismo del miedo -también documental (Once TV, 2005)-, El dilema de Houdini, Sin clemencia, los crímenes que conmocionaron a México -producto de su columna en el suplemento cultural Confabulario de El Universal (2006-2007)-, El horror en el cine y la literatura y la novela El dolor es un triángulo equilátero.
Para Lazo nos encontramos inmersos “en un mundo en el que el ser humano está en una tensión del deber ser, lo que genera una violencia (cotidiana); y de repente hay una mirada que asume que la violencia ocurre en otro lado. Los violentos son aquellos, ellos, otros: los narcos, los delincuentes, los criminales; “y evitamos pensar que la violencia es algo inherente al ser humano a nivel social, cultural, político”.
Si bien el crimen es un tipo de violencia más visible, añade, “hemos dejado de lado una violencia que se está respirando todos los días en nuestro entorno más cercano. Esta idea un tanto junguiana de la ‘sombra’. Siempre me ha atraído esta parte oscura y creo que la literatura de violencia es una muy buena forma de acercarte al tema, reflexionarlo, de producir un punto de vista diferente sin caer en el festín de la nota roja. Es el caso específico de los ensayos de Sin Clemencia: siempre nos impacta un crimen porque en el fondo hay una resonancia”.

Reportera, narradora y dramaturga, Iris García Cuevas “escribe melodramas negros” y como tal, es autora del libro de cuentos Ojos que no ven, corazón desierto y la novela 36 toneladas. ¿Cuánto pesa una sentencia de muerte? En su opinión “la violencia es cualquier acto que transgrede la voluntad del otro, cualquiera que sea el ámbito, no sólo el físico que es lo más evidente; se trata siempre de actos de abuso, de sometimiento, de supresión del otro, porque es la supresión absoluta del otro, es el asesinato, de allí, de su irrevocabilidad, el interés que suscita y su presencia recurrente en la literatura. Alguna vez leí que todos somos víctimas de víctimas. La violencia se vuelve parte de la vida cotidiana, se naturaliza; la violencia se vuelve parte de nuestro proceso de socialización y después ni siquiera somos capaces de percibir esos actos como violentos. Esa es la parte que como cuentista me interesa explorar: cómo se da esta relación entre víctima y victimario en los diferentes ámbitos, en lo público y lo privado, en lo social y en lo íntimo. La violencia como posibilidad humana: la que ejercemos y la que permitimos en nuestra vida, guiados incluso por patrones culturales. Y por el otro lado el miedo, la imposibilidad de romper con un ciclo destructivo. Al final de cuentas lo que me interesa abordar es que la violencia no es solamente un fenómeno social, es un acto humano, realizado y permitido por seres humanos, por hombres y mujeres que son similares a nosotros, con las mismas limitaciones y posibilidades. Mi pregunta de inicio es siempre qué es lo que lleva a un hombre o a una mujer a realizar o permitir en su vida un acto de violencia cualquiera que este sea.”

Yuri Herrera, autor de Trabajos del reino, Señales que precederán al fin del mundo y La transmigración de los cuerpos apunta que, en la literatura mexicana “hay malos lectores que no han entendido que se habla de la violencia como uno más de los dramas humanos, pero no es asunto central. La violencia está en todas las literaturas. En la literatura del norte mexicano la violencia está presente desde hace décadas pero es un error meter en el mismo bote a todos los escritores, porque aunque hay temas en común, las propuestas son distintas, individuales.”

Hugo César Moreno Hernández es autor de varios libros de narrativa (Cuentos porno para apornar la semana, entre otros) y miembro del consejo de SuplementodeLibros. En sus relatos la violencia es parte del día a día. En sus palabras, la violencia es algo que aparece irremediablemente. “Escribes de ello porque es algo constante, porque marca el día a día. No creo que la violencia haga la literatura, sino que es parte de una literatura. Es violento porque transgrede ciertos límites poéticos o estéticos. La violencia es una pulsión humana y es también la violencia creativa de la que hablaba Nietzche: tenemos que ir sobre el otro o contra el otro para crear -hay quien confunde ésto con destrucción o autodestrucción-. En el juego de las pulsiones, Eros y Tánatos no están separados, tampoco existe ser bueno o ser malo; la literatura es un medio que tiene ciertas limitaciones y gracias a esas limitaciones resulta más fascinante; sin embargo, es quedarse con la ‘mala imagen’ y no ver cómo la construcción del texto hace un vínculo con el lector (que tan violento, victimario o víctima puede ser); entonces, sin caer en el cliché antropológico, el humor puede atemperar esa violencia. Te puedes reír, burlar, hacer escarnio, porque necesitamos aligerar la digestión de esa crudeza”.

Herrera se inclina también por el humor para imprimir vida a los personajes, “para construir personajes tridimensionales que se salen de lo maniqueo”. Un ejemplo es su novela Trabajos del reino, en la que “un personaje miserable se va encontrando con personajes que tienen una actitud cínica. El humor es parte de la cultura mexicana que debemos aprovechar para dimensionar la tragedia.

Mendoza se afinca sobre la ironía como “una manera poderosa para desquiciar la realidad. Las palabras ayudan a crear estas atmósferas con gracia, es un instrumento narrativo poderoso, que insta al lector a pasarla bien.”

*

Tradición Literaria

Lazo señala que, de sus lecturas -la obra de Parra, Mendoza, Osorno- recupera “una literatura muy bien planteada sobre la crudeza de la vida, con una estética bien definida y que nos provoca la reflexión sin generar algo pueril como héroes marginales o que se inflamen ideas de gente trastornada. No produce identificación con el asesino y eso me gusta.”

García Cuevas reconoce que están puestos los cimientos para hablar de una tradición: “Ya existe una literatura con tonalidades propias. Recordemos por ejemplo que en los cuarenta los escritores de relatos policiacos imitaban los patrones sajones, pensemos en María Elvira Bermúdez, Antonio Helú y el propio Rafael Bernal con sus cuentos de ‘Teódulo Batanes’. Es el propio Bernal, en 1969, quien inicia la novela negra mexicana con el Complot Mongol. Mexicanos son los personajes, los ambientes, los problemas, sin que eso no implique que se trate de una literatura cerrada a lecturas del exterior. En los setenta llega Paco Ignacio Taibo II y le siguen todos los autores del neopolicial mexicano en los noventas. Junto a ellos los norteños y la violencia originada por el narcotráfico. Creo que sobre todo a partir de los noventa se generó un boom de la literatura sobre la violencia. Ya tenemos, entendiendo como tradición un conjunto de obras que sirven como modelo para futuras creaciones, al menos tres modelos propios para cimentar esta tradición, hora lo que sigue es que lo que se escriba siguiendo esos modelos sean obras literarias valiosas y no meras imitaciones o libros de oportunidad, creados sin rigor, solo para satisfacer las demandas del mercado. Yo veo más como padres de la literatura que se escribe en México: por un lado al corrido y por el otro a la nota roja, por eso creo que en lo literario es más reciente. Antes la violencia se cantaba, no se escribía…”

*

Poéticas de la violencia

La literatura de violencia ha sufrido un encasillamiento que podría considerarse extraliterario. El tema la define e inmoviliza, sin dar pie a una valoración estética. ¿Ha concluido el encasillamiento crítico a la literatura de violencia?, ¿qué papel juega la crítica académica al construir continentes literarios para los diferentes autores que abordan la violencia en sus trabajos literarios? En este sentido, Norma Lazo parafrasea a otro escritor, Enrique Serna: “El papel de la crítica siempre es querer marcar pautas para que la literatura mexicana trascienda en el exterior”. Por su parte, Yuri Herrera complementa la postura crítica ante la crítica: “La academia es en cierto sentido autista: tiene sus propios métodos y publicaciones. Desde sus propios criterios recupera textos que no son muy sonados pero no tiene mayor incidencia en el gusto de los lectores”. García Cuevas define: “Me parece que a partir de la última década del siglo pasado ha habido en la academia una revaloración de los hasta hoy considerados “géneros menores de la literatura”, entre ellos la novela negra. Los académicos responden con esto a una pauta social. Hace poco leí que se hizo un estudio en Francia (y no creo que la situación sea muy distinta en México en ese sentido) sobre por qué la gente lee novela policiaca o negra: hay dos opciones: para evadirse o para entender su realidad. Es un fenómeno que necesitamos entender y creo que en ese sentido va el análisis académico: sobre el modelo de mundo que nos está presentando la literatura sobre la violencia y cómo nos ayuda a entender nuestra situación actual.”

Élmer Mendoza es tan entusiasta como determinante con respecto a la lectura crítica: “El encasillamiento crítico es mediático, lo que empieza es la crítica de la academia, que realiza una evaluación diferente. Algunos estamos proponiendo una literatura como arte; en lo particular, creo que las sorpresas que la literatura mexicana está dando en el mundo es la voluntad de decir, es una invención que va más allá de lo que se cuenta comúnmente y que tiene que ver con los recursos de la narrativa contemporánea. Vamos por construir una estética de la violencia, una poética, para que podamos darle a los del próximo siglo elementos de lo que sucedía en el siglo XXI. Aquellos que han mencionado que se trata de una literatura vana, creo que van a tener que releernos”.

Autor de la novela Las mujeres matan mejor, Omar Nieto tampoco piensa que se trata de una “literatura de moda”. Explica: “En todo caso lo que debería juzgarse es la calidad (literaria) y no los temas en sí. Y creo que hay esquemas literarios que no aplican a la narrativa sobre el narcotráfico. El asunto es claro: narrar literatura histórica tiene sus mecanismos, narrar sobre el narcotráfico se está inventando y yo dudo que lleguemos a los parámetros como para que sea un género. Es novela negra, así de simple.

*

La narrativa de violencia en la TV

Desde finales del siglo XX la literatura dejó de pensarse como específica a un campo cultural. En nuestros días, no se ciñe a un sólo formato: el cine, la televisión, los videojuegos han construído narrativas que se asemejan y en ocasiones, superan a las mejores novelas. Hay quienes piensan que la televisión ocupa el lugar del libro. Cierto, es un pensamiento con muchos detractores, pero al final del día, ¿a quién no le gusta que le cuenten una historia cuya trama pone al filo de la navaja nuestros propios criterios? Una trama con intriga, una pesquisa verosímil, diálogos intensos. Y de eso están hechas las nuevas series de televisión en las que la violencia es un tema recurrente. Pensemos en “Los archivos del Cardenal”, producción chilena. Está la versión de “Millennium” producción sueca con base en el filme del mismo nombre que a su vez se basa en la existosa trilogía del periodista/escritor Stieg Larsson. También pueden mencionarse “The Wire”, considerada la mejor teleserie de todos los tiempos al yuxtaponer realidad y ficción (ex convictos y ex policías como actores de la serie, filmada en Baltimore, una de las ciudades con más criminalidad en Estados Unidos), “El escudo”, en el que la corrupción policial es el leitmotiv y “Breaking Bad”, que parte de la anécdota de químico enfermo de cáncer que fabrica metanfetamina y en cuya teleserie se puede observar la hipocresía social y la influencia de la narcocultura.

Para García “en la diferencia de perspectivas de las series mexicanas y estadounidenses (compartidas por la literatura), nos damos cuenta cómo funcionan nuestros universos”. Por una parte, “las series gringas se enfocan a la investigación, a sus recursos técnicos para atrapar al criminal; a nosotros nos resulta atractivo este mundo en el que es posible restaurar el orden y los policías, al menos los que protagonizan series como La Ley y el Orden, Bones, CSI, quienes son incorruptibles o si se corrompen, son una anomalía a eliminarse del sistema; por otro lado, en las series mexicanas, tipo Mujeres Asesinas, hay casi una justificación del acto criminal como única respuesta posible en un mundo corrompido, en el que las víctimas tienen que convertirse en verdugos para no ser destruidas y las instituciones si no son parte de la corrupción, aparecen como meros observadores de la degradación humana.”

Para Lazo hay series afortunadas, “pero sin pretender un dictamen moral, definitivamente Estados Unidos se cuece aparte: es una sociedad muy enferma con el asunto de la violencia. Me impresiona la avidez por este tipo de programas y creo que se debe a que es un reflejo muy significativo de lo que la sociedad tiene en mente y sus temores -los únicos que tienen un aparato exclusivamente para buscar e identificar asesinos en serie son los Estados Unidos.”
Da un ejemplo: La Ley y el Orden. Unidad de Víctimas Especiales. “Está planteado de manera inteligente, con una polémica (multicultural) a través de cinco o seis personajes de diferentes razas y moralidades. Es una forma que los gringos han aprendido a colar información para ponerla en una conversación de cualquier televidente, porque plantean temas importantes (drogadicción, violencia sexual, pedofilia, etcétera); reconozco que son casos reales. También Criminal Minds me gusta por la información que vierten, fue asesorado por el equipo de John Douglas que es de quienes crearon la unidad de análisis de la evidencia conductual del FBI.
Son programas que te enganchan porque son entretenidos, tienen suspenso, una buena historia que, de refilón, te dejan un tema.”

“Sólo en muy contadas excepciones se ha experimentado en la televisión mexicana, recuerda Herrera, debido “en gran medida, a la ínfima calidad de los emporios televisivos”; sin embargo, “la TV estadounidense tiene productos culturales de alta calidad, como The Wire, que cuentan con una investigación etnográfica, lingüística, y además tienen una visión laica y crítica del poder dentro de las dinámicas del crimen organizado así como dentro de las institucionalidad política, lo que nos permite observar que paralelamente recurren a los mismos recursos, similitudes incluso de vocabulario. Pensemos en The Soprano, la primera serie que se atreve a sentar a un mafioso en el diván, lo que le da una profundidad psicológica al personaje, lo que habíamos visto pocas veces sobre la violencia en E.U.”.

Para Hugo César Moreno Hernández, las series como Criminal Minds y Bones son “la posibilidad de cientificizar el descubrimiento del Mal con todo un juego ideológico -que se viene armando desde la década de los ochenta- en el que se manifiesta el proceso de super individualización: ‘Tú eres culpable de tus actos’, entonces podrás estar jodido pero El Malo lo es por decisión propia, en consonancia con el liberalismo y la libertad de elegir”. Estas series más o menos psicologizan al personaje criminal pero siempre llevan por encima el asunto de la elección porque está relacionado con la institución de un estado penal que niega un estado de bienestar social y entonces crea sujetos culpables por elegir lo que son por tanto, no hay estructuras sociales que los determine”.
Se trata de negar la justificación sociológica porque todo es un acto (ir)racional individual para a su vez elevar al aparato policial hasta el Olimpo del buen guardián. Pienso en los cómics: mientras Spider-Man tiene una patología por la Justicia, hay cómics como Spawn que pertenecen a ciertas tendencias contraculturales y que, sin embargo, se mantienen en el mismo sentido de la elección individual: toda una estructura social representado por textualidades en que la violencia está permeada por la voluntad.

El gran público está ávido de una buena historia…

*

+ #librosdelnarco: periodismo narrativo.
+ #LibrosdelNarco: ficción.
+ Entrevista a Guillermo Rubio, autor de Pasito tun tun y El Sinaloa.
+ Entrevista a Lorea Canales, autora de Los perros.
+ Entrevista a Omar Nieto, autor de Las mujeres matan mejor.