Libros sobre el Narco: periodismo narrativo y testimonio

Por Omar Nieto y Javier Moro Hernández.

¿Es el narco una temática nueva para la narrativa mexicana o para el periodismo de investigación? Evidentemente no; sin embargo, a menudo se recurre al lugar común de si la novela o el periodismo narrativo que aborda el narcotráfico forma parte de una “moda”, del oportunismo editorial, o es un tema de coyuntura, y no se reflexiona en que es el síntoma de nuestros tiempos, la crónica de la descomposición que vivimos, y sobre todo, una reconfiguración de nuestra identidad actual como mexicanos.

Hay que decirlo, la gran parte de los libros sobre el narcotráfico han molestado, inquietado y escandalizado. Pero no es el escándalo su objetivo sino la exposición.
Incluso hay quienes en el campo de la crítica literaria, dividen el ejercicio de la ficción entre la “imaginación” y el “realismo”, como si este último fuera un acto transitorio, con fecha de caducidad. Dicha postura pareciera desconocer que la literatura no es historia, sino reacomodo del caos, del sentido y no sólo imaginación desordenada. La novela del narcotráfico tampoco es crónica fiel de hechos verificables que se trasladan al papel. Tal razonamiento resulta infantil pues de ser así, posiblemente sus autores no estarían vivos.

A continuación, ofrecemos una lista de reseñas breves, que no pretenden analizar sino describir el contenido, alcance, impacto y tal vez la aportación de cada obra. Arrancamos con títulos tomados al azar, que no representan un orden cronológico ni didáctico. El número de entregas se irá incrementando hasta que el espectro de libros sobre el narcotráfico sea lo suficientemente amplio como para ser sujeto de estudio. Es posible que se registre un número menor de obras de ficción con respecto a las periodísticas, lo que echaría abajo la hipotesis de que “estamos rodeados de novelas del narcotráfico”.

***

1.- NARCOTRÁFICO Y PODER, de Jorge Fernández Menéndez.- La acepción “guerra de cárteles” parecería una marca de los sexenios del ex presidente Felipe Calderón, pero no es así. Jorge Fernández Menéndez revela que ésta habría iniciado en 1993 con el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, y el periodista Manuel Buendía. En este libro, publicado originalmente en 1999, aborda con libertad inusitada el involucramiento del narco en las más altas esferas detrás de los asesinatos de José Francisco Ruiz Massieu, Luis Donaldo Colosio, el atentado al cardenal Posadas y el levantamiento zapatista de 1994. El autor aventura vínculos de Mario Aburto con miembros de ciertos cárteles y asegura que la muerte de Camarena y Buendía se habría efectuado al descubir que la CIA pactó con el Cártel de Guadalajara para entrenar en México a la Contra nicaragüense llevando armas a Centroamérica a cambio de internar cargamentos de droga hacia Estados Unidos. Sorprende la claridad con la que se menciona a familiares presidenciales y a Raúl Salinas de Gortari formando parte del tríangulo de lavado de dinero del Cártel del Golfo junto a Juan García Ábrego y Carlos Cabal Peniche. La obra vincula a Daniel Arizmendi “El Mochaorejas” con la protección de cárteles y a políticos como Mario Villanueva, convirtiendo a Quintana Roo en un paraíso del narco. En esta obra apenas comienzan a mencionarse nombres como “Chapo” Guzmán u Osiel Cárdenas. Por otra parte, es invaluable que se documente a bandas como “Los Texas”, en el que se habría entrenado el Z-40, antes de Los Zetas, lo que nos ayuda a entender que la guerra entre cárteles no es nueva y solo cambia de protagonistas, siempre al amparo o bajo órdenes de distinguidos políticos. Este libro resulta indispensable para estudiar seriamente el fenómeno del narcotráfico en México. (México: Rayuela Editores, 1999). (Nieto)

2.- LOS CAPOS. LAS NARCO-RUTAS DE MÉXICO, de Ricardo Ravelo.- Exhaustiva revisión sobre los principales jefes de los cárteles del narcotráfico activos en México hasta poco antes de la entrada del gobierno del ex presidente Felipe Calderón: en Tijuana (Arellano Félix); en Sinaloa o la Federación (que tenía al “Chapo” Guzmán como cabeza más visible); en Juárez (Carrillo Fuentes); en el Golfo (Osiel Cárdenas Guillén); en el Cártel del Milenio (hermanos Valencia); y los hermanos Amezcua (conocidos como los reyes de las metanfetaminas). Muchos de estos “narcos históricos” fueron apoyados, controlados y protegidos por los agentes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad. El recuento nos permite observar a profundidad las formas de actuar de los principales capos mexicanos, algunos de ellos arrestados y extraditados a Estados Unidos y otros asesinados en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado mexicano y unos pocos libres al frente de sus negocios. Este mapa ha cambiado a partir de la guerra del gobierno de Felipe Calderón, sin embargo la fuerza y el poder de los delincuentes no menguó. Al contrario, en algunas regiones se incrementó de tal manera que en el caso de Los Caballeros Templarios se convirtieron en un estado paralelo en Michoacán. Ravelo nos descubre así el poder en crecimiento de estas organizaciones, el encubrimiento por varios funcionarios públicos, así como la falta de una política efectiva de combate a estas organizaciones por parte de los gobiernos emanados del PAN. (México: De Bolsillo, 2005). (Moro)

3.- EL CÁRTEL DE JUÁREZ, de Francisco Cruz Jiménez.- Fiel a su estilo, el autor esboza una amplia investigación sobre el origen y transformación del Cártel de Juárez, desde los años 30 con la “Nacha” Jasso y su esposo “El Pablote” hasta la recuperación de ese territorio en los años 80 con Pablo Acosta Villarreal, “El Zorro de Ojinaga”, asesinado en 1989 para dar paso al esplendor del cártel en mano de los sinaloenses Carrillo Fuentes. Cruz Jímenez teje la historia de la finalista del concurso Señorita México, María Dolores Camarena, acusada por lavado de dinero para el Cártel de Juárez en 1987, con las historias de esta región marcada por la violencia donde “los cadáveres se abandonan en cajuelas, en las bajísimas dunas del desierto”. El libro cuenta la historia de Carlos Villarreal, alcalde de la ciudad quien controló el narcotráfico en los años 30, así como el gobernador Rodrigo M. Quevedo, general revolucionario quien “se apropió a punta de chingadazos, golpes bajos, traiciones y represión de Chihuahua” las aduanas de ese estado, para contrarrestar al grupo de Villarreal, quien “contaba con la amistad plena, franca y la bendición de Gustavo Díaz Ordaz”. Desde entonces, los nombres al frente del Cártel de Juárez se suceden: la propia Nacha Jasso y sus hijos, Manuel, Natividad, Ignacia y Pabla, madre de Héctor Ruiz, “El Árabe”, quien controló el mercado de heroína hasta 1973; Rubén Jaramillo quien para 1987 tendría la hegemonía de la región, abasteciendo a Manuel Unzueta Salcido “El Cochiloco”; y Rafael Muñoz Talavera, quien habría perdido la guerra por el control de la frontera en 1998 a manos de Vicente Carrillo. Tras la muerte de “El señor de lo cielos”, Ignacio “Nacho” Coronel se trasladaría a Jalisco, y “El Azul” y “El Mayo” Zambada se concentrarían en el Cártel de Sinaloa. Cruz subraya la sospecha de un vínculo entre la familia Zaragoza, dueños del mayor consorcio de gas en México y los Carrillo Fuentes, aunque no es categórico. El libro ya no aborda la creación de La Línea, brazo armado del Cártel de Juárez, cuya disputa contra el Cártel de Sinaloa, costó miles de muertes en Chihuahua a partir de 2008. (México: Temas de Hoy/Editorial Planeta, 2008). (Nieto)

4.- EL SIGLO DE LAS DROGAS, de Luis Astorga.- Profesor del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Astorga es uno de los más reconocidos expertos en el tema del narcotráfico en México porque ha dedicado buena parte de su labor a investigarlo. En este libro, hace un recuento de la historia de las drogas desde la época del porfiriato hasta la de las grandes organizaciones criminales que se disputan el territorio nacional a sangre y fuego. Su análisis histórico nos marca una clara división sobre la forma en que la sociedad y el gobierno han observado el fenómeno: desde la muy tolerante época porfirista en donde el consumo de marihuana, opio y cocaína era vista como un fenómeno recreativo dentro de algunas clases sociales, pasando por los intentos realizados durante el gobierno del general Cárdenas por legalizar y controlar la venta de enervantes, hasta la época de los años sesenta y setenta cuando el negocio de opio y marihuana empezó a generar ríos de dinero que llegaron inesperadamente hacia regiones de difícil acceso de las sierras de México. La historia del consumo en México y EU son de vital importancia: desde una liberación en el consumo en la década de los veinte hasta la entrada en vigor de las leyes prohibicionistas posterior a la caída de la Ley Seca. Uno de los elementos más interesantes es la afirmación sobre el hecho de que Estados Unidos implementó la siembra de adormidera en la sierra de Sinaloa, motivo por el que en esa región dicho cultivo tuvo un éxito inusitado. Dicho mito es desmentido y desmontado en este libro por ser una de las teorías más repetidas sobre el afianzamiento del negocio del narcotráfico en nuestro país. (México: Grijalbo-Proceso, 2012). (Moro)

5.- LA GUERRA POR JUÁREZ, coordinado por Alejandro Páez Varela.- Para 2012, el número de muertos en Ciudad Juárez ascendía a más de 30 mil, lo que le valió ser considerada la “ciudad más peligrosa del mundo”. En 2009, Alejandro Páez Varela compiló varias piezas de siete reporteros nacidos en esa ciudad para hacer un retrato de los protagonistas y víctimas de esta violencia. El volumen arranca con la muerte de Domingo Aranda en 1973, cuyo sobrino Manuel Carrasco “La Víbora” asumiría el control de la región. A éste, le sucedería Pablo Acosta quien tuvo como empleado a Amado Carrillo Fuentes, sinaloense con quien se aliaría para obtener heroína y marihuana y enviarla a Estados Unidos. A su muerte, los Carrillo Fuentes obtuvieron el poder absoluto. José Pérez Espino esbosa los orígenes, incluso indígenas, de El Paso del Norte, y su vocación de contrabando, que habría llevado en los años 30 a Al Capone a beber de la fábrica Juárez Whiskey Straight American. Ya en la época actual, Marcela Turati cuenta la historia del gerente nocturno de una funeraria así como la de un grupo de adictos en rehabilitación asesinados a pesar de ser cristianos. Miguel Ángel Díaz hace un recuento del fenómeno de las narcomantas. Ignacio Alvarado relata la historia del “Camarón”, vendedor de mariscos que se descubre como sangriento asesino y secuestrador. Enrique Lomas cuenta la historia del “Rulys” y el “Brandy”, mientras que Páez Varela adjudica a los asesinatos de Arturo Guzmán Loera, hermano del “Chapo”, y del “Ceja Güera”, la guerra que se libró en la ciudad, mientras que Sandra Rodríguez Nieto cuenta la historia de la poderosa familia menonita LeBarón, quienes habrían opuesto resistencia a las extorsiones de La Línea. La particularidad de este libro es la brevedad y la contundecia. El lector no saldrá incólume de estas historias que han logrado retratar el horror de toda una época y de una ciudad que siempre ha estado en guerra. (México: Temas de Hoy/Editorial Planeta, 2009). (Nieto)

6.- HISTORIA DEL NARCOTRÁFICO EN MÉXICO. APUNTES PARA ENTENDER AL CRIMEN ORGANIZADO Y A LA VIOLENCIA, de Guillermo Valdés.- El ex titular del CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) durante el sexenio de Felipe Calderón, desde donde pudo conocer los entretelones del poder del narcotráfico en nuestro país, Valdés se decidió por contar una historia que no se diferencia demasiado de la ya contada por varios investigadores y periodistas: la marihuana y el opio llegaron a nuestro país a finales del siglo XIX y su venta era legal en boticas, farmacias, mercados. Estas dos drogas llegaron a México tras la migración china que pretendía arribar a las ciudades de California donde se había asentado. Tijuana y la costa del Pacífico son los primeros lugares en donde se instalaron los chinos con su cultura, comida y tradiciones. A partir de entonces la historia de estas sustancias se entrelazan con sucesos como la Gran Depresión de 1929 y la prohibición del consumo del alcohol que abriría la posibilidad para los traficantes mexicanos de Ciudad Juárez y Tijuana en Estados Unidos, apuntalando el poder de los gomeros de Sinaloa. Valdés no puede dejar de soslayar el papel que han jugado a lo largo del tiempo diferentes personajes vinculados a la política nacional como Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente Manuel Ávila Camacho, quién durante varios años fue el dueño de los plantíos de marihuana más importantes del centro del país, así como varios gobernadores de Sinaloa y Tamaulipas. Más importante aún es el papel jugado por las fuerzas de seguridad mexicanas, como la extinta Dirección Federal de Seguridad. Para terminar, Valdés hace un recuento pormenorizado de las reformas estructurales llevadas a cabo por el gobierno de Calderón para intentar controlar el poder del narcotráfico. Políticas que sin embargo aún no terminan por dejar ver sus bondades. (México: Editorial Aguilar, 2013). (Moro)

7.- PAÍS DE MUERTOS. CRÓNICA CONTRA LA IMPUNIDAD, coordinado por Diego Enrique Osorno.- La mayoría de los reportajes de este volumen no tienen que ver directamente con narcotráfico pero sí con el alto grado de corrupción e impunidad que vive el país. En él pueden leerse trabajos como “El naufragio de las mandarinas” de Emiliano Ruiz Parra, sobre un accidente petrolero en la Sonda de Campeche; “La carnada” de José Luis Martínez S., acerca del secuestro de Hugo Alberto Wallace; “Los niños de junio” de León Krauze, sobre el caso de la guardería ABC; “Los negocios de la muerte” de Arturo Rodríguez García, sobre el rescate de los mineros de Pasta de Conchos; “Afán de impunidad” de John Gibler, acerca del asesinato del reportero estadounidense Brad Will en Oaxaca; así como el trabajo del propio Osorno sobre un tenista argentino, amante de la esposa del ex gobernador Arturo Montiel; el asesinato del líder magisterial disidente, Misael Núñez Acosta, de Ángeles Madaleno; así como la crónica “Nadie les pidió perdón” de Daniel Rea sobre el caso News Divine. Los restantes cinco relatos son reportajes de gran impacto sobre asuntos de narcotráfico. “La muerte imparable” de Pablo Ordaz documenta el asesinato de varios jóvenes en Ciudad Juárez; “La tropa loca” de Alejandro Almazán narra la matanza de civiles por parte del ejército en La Joya de los Martínez, Sinaloa; Alejandro Cossío ofrece un reportaje fotográfico sobre ejecuciones y narcotráfico en Tijuana; Daniel de la Fuente documenta la matanza de 13 jóvenes en Creel, Chihuahua; y Froylán Enciso contextualiza el hallazo de un camión con al menos 40 personas calcinadas en Guamúchil, parte del grupo del “Chaguín”, líder de los Beltrán Leyva en Mazatlán. Un libro importante para entender lo más oscuro de la historia nacional reciente. (México: Editorial Debate/Random House, 2011). (Nieto)

8.- LOS SEÑORES DEL NARCO, de Anabel Hernández.- Éste es uno de los libro de investigación más emblemáticos de los últimos años en el que se delatan los vínculos del poder político y policiaco mexicano con los narcotraficantes más importantes del país. La autora hilvana nombres de poderosos con eventos y acciones sucedidas a lo largo de las últimas dos décadas que terminan por posicionar al narcotraficante Joaquín “Chapo” Guzmán como el máximo líder delictivo del país por ser quien mejor logró tejer dichas redes de corrupción y colusión. Anabel Hernández dedicó cinco años a esta investigación por la que ha recibido constantes amenazas de muerte debido a los señalamientos directos que realiza en contra de varios miembros de las instituciones de seguridad mexicanas, entre ellos, mandos militares. Los datos aportados nos dejan con la imagen de que en México la industria del narcotráfico creció en las décadas de los 80 y 90 al abrigo de estos personajes, de los cuales todos los carteles se sirvieron y trabajaron en conjunto. El libro permite conocer los entramados y las formas en la que los narcos mexicanos han crecido hasta convertirse en los más importantes del negocio del narcotráfico a nivel mundial. “Los señores del narco” es un texto indispensable por la profunda investigación realizada por la periodista para dar a conocer la corrupción que permea en las instituciones de seguridad de nuestro país. (México: Grijalbo/Editorial Proceso, 2012). (Moro)

9.- CRÓNICAS DE SANGRE. CINCO HISTORIAS DE LOS ZETAS, de Ricardo Ravelo.- Pocos libros se han publicado sobre este grupo criminal fundado por desertores de élite del ejército mexicano, quizá por el grado de peligrosidad que esto representa. Los Zetas imprimieron al trasiego de drogas tácticas operativas inéditas al igual que barbarie y violencia extrema, sobre todo a partir de 2009, que se escinden del Cártel del Golfo, teniendo una rápida expansión en más de 20 estados de la República. En este breve libro, Ricardo Ravelo documenta la forma en que Carlos Herrera Araluce, dueño del consorcio lechero Chilchota de Durango y de oscuros orígenes priistas, le fuese arrebatado el control de La Laguna por Los Zetas desde el 2007. Hasta ese momento, Herrera estaría en colusión con “El Chaky”, escudo protector de esa región del Cártel de Juárez, puesto que luego obtendría “El Grande”, terrateniente de los Beltrán Leyva cuando eran parte del Cártel de Sinaloa. Ravelo señala que el 23 de mayo de 2007, el abogado Alberto Romero llamó a Víctor Alducín, funcionario de Canacintra, para darle la noticia de que Los Zetas poseían información de los empresarios de la región que serían asesinados si no se alineaban a sus deseos, táctica que siguieron en todo el territorio nacional. Ravelo señala que “El Grande” tendría importantes nexos en las cúpulas panistas ya que estaría emparentado con el senador Guillermo Anaya, amigo cercano al ex presidente Calderón. Otra de las crónicas clave es la carrera de caballos en Villarín, Veracruz, donde habría resultado muerto el Z-14, quien poseía una cuadrilla con la que Los Zetas corrían apuestas, donde estaría Pancho Colorado, contratista de Pemex. La última crónica documenta el choque bestial entre Gente Nueva, el brazo armado del Cártel de Sinaloa, y Zetas, donde la decapitación y el desmembramiento son la lógica de un cártel con bastiones en el sur de México y lógica kaibil aprendida en El Petén, Guatemala. (México: Debolsillo/Grijalbo, 2007). (Nieto)

10.- CONTACTO EN ITALIA. EL PACTO ENTRE LOS ZETAS Y N´DRANGHETA, de Cynthia Rodríguez.- La ex reportera de Reforma y corresponsal de El Universal en Italia, relata la forma en la que una célula del Cártel del Golfo hace contacto con integrantes de la N´Dranguetta, la tercera organización en importancia de la mafia italiana, después de la Costa Nostra y la Camorra. Para contextualizar el poder de esta organización, la autora da voz a especialistas y autoridades italianas que tienen identificado a Reggio Calabria como la región donde nace y se desarrolla. La investigación de Rodríguez procede de una serie de llamadas que Vincenzo y Giulio Schirripa hacen desde Nueva York a familiares en Calabria para avisarles que han hecho contacto con un nuevo provedor de cocaína. Se trata de Christopher Castellano y Javier Guerrero, que la DEA tenía identificados como miembros del CDG. Debido a la peligrosidad de los mexicanos, los Schirripa se preocupan por las represalias que puedan sufrir en Nueva York pues la calidad de la coca les impide su venta, aunque los envíos son tan pequeños que les llegan en servicio express del correo. La investigación se torna cansada y llena de detalles inecesarios. Más que un canal de distribución establecido entre Los Zetas y la N´Dranguetta, el relato de Cynthia Rodríguez se queda en el nivel de indicio, ya que al final este “contacto” logró colocar en Italia 30 kilos de cocaína, poco en comparación de las 70 toneladas que Heriberto Lazcano o Miguel Ángel Treviño introducían en Nueva York. El libro es útil como indicio del contacto de los cárteles mexicanos y otras organizaciones europeas, pero la anécdota principal apenas si justifica el título del volumen. (México: Grijalbo/Editorial Proceso, 2012). (Nieto)

11.- OFICIO DE MUERTE, de Carlos Moncada.- Esta exhaustiva investigación nos muestra que el oficio periodístico siempre ha estado investido de peligro. El autor se basa en periódicos locales para escudriñar y hacer una lista lo más completa posible que incluya a todos los periodistas que han sido asesinados en México desde 1860 hasta 2010, ciento cincuenta años de historia nacional. Para ello, se nutrió de documentos históricos, visitó los lugares donde se registraron varios de los asesinatos y las desapariciones, y privilegió la información testimonial. Moncada denuncia así la ineficacia de la legislación con que se ha intentado parar la incesante acumulación de cadáveres de periodistas, cuyo trabajo crítico contra las élites políticas y económicas siempre ha conllevado un profundo riesgo. El libro demuestra que a partir de los años setenta la dinámica de amenazas hacia la prensa dio un giro significativo con el arribo de un nuevo poder fáctico que cambiaría el panorama en muchas regiones del país: el narcotráfico y los barones de la droga. En ese sentido, Sinaloa se convertiría en la región más peligrosa para el periodismo. Para los 80 el asesinato del periodista Manuel Buendía en plena Zona Rosa de la Ciudad de México demostraría que el poder del narcotráfico había llegado a tocar a las más altas esferas de las instituciones de seguridad del país. Buendía fue asesinado según estas investigaciones por órdenes de José Antonio Zorrilla, mando de la Dirección Federal de Seguridad. Supuestamente su asesinato se debió a las filtraciones que realizaba en su columna sobre los vínculos de poderosos políticos con el llamado Cártel de Guadalajara. (México: Grijalbo, 2010). (Moro)

12.- EL CÁRTEL NEGRO. CÓMO EL CRIMEN ORGANIZADO SE HA APODERADO DE PEMEX, de Ana Lilia Pérez.- El poder de las más grandes organizaciones criminales en México no solo tienen que ver con el tráfico de narcóticos sino con la ordeña de ductos petroleros, actividad en la que se especializan Los Zetas. La deslumbrante investigación que hace Pérez documenta el impacto de este saqueo en el que los diversos cárteles usarían incluso en el sentido inverso, pipas de Pemex para transportar droga a Estados Unidos. “Desde Tierra Blanca, Poza Rica o Coatzacoalcosdonde Osiel Cárdenas tenía uno de sus centros de operaciones en una casa cerca del malecónlos cargamentos se metían en los dobles fondos o las llantas de pipas de Pemex”, según testimonio del testigo protegido “Rafael”. El libro revela que “El Hummer”, fundador de Los Zetas, era el principal encargado de operar la sustracción de ductos en la región del Golfo, además de que este cártel controla la Cuenca de Burgos, uno de los yacimientos de gas natural más grandes del mundo. En el negocio intervienen empresas legalmente constituidas propiedad de importantes políticos del país, entre las que destacan las de transporte de pipas y franquiciatarios de gasolineras que compran hidrocarburos robados. Según una delaclaración ministerial, diversas compañías pagaban en 2008 hasta 10 millones de pesos a “El Hummer” para que les autorizara enviar gas condesado para la industria estadounidense. En la primera demanda empredida por Pemex ante cortes estadounidenses se involucraron al menos 15 empresas norteamericanas participantes en este negocio ilícito. A tal grado llega esta industria, que el sobrino de Heriberto Lazcano usaba uniformes de Pemex para controlar las operaciones del cártel en Veracruz, Campeche, Tabasco y Chiapas. Para 2011, se extraían en México 20 mil barriles de hidrocarburos diariamente, es decir, 3 millones de litros de derivados del petróleo. (México: Grijalbo/Editorial Proceso, 2012). (Nieto)

13.- LAS HISTORIAS MÁS NEGRAS DE NARCO, IMPUNIDAD Y CORRUPCIÓN EN MÉXICO, de José Reveles.- Con prólogo de Miguel Ángel Granados Chapa, Reveles presenta una recopilación de 30 textos breves donde se evidencia el grado de cercanía del crimen organizado con las más altas esferas de la política en México. El reconocido periodista refiere que en el caso del secuestro de la hija de Nelson Vargas, estarían inmiscuidos presuntos integrantes de Los Rojos, banda al servicio de los Beltrán Leyva; también menciona el secuestro de Fernando Martí, hijo del empresario de productos deportivos del mismo nombre, a manos de la banda La Flor, protegida desde la Secretaría de Seguridad Pública federal. El investigador aborda el espinoso tema del accidente aéreo donde moriría Juan Camilo Mouriño y el ex zar antidrogas, Santiago Vasconcelos, nave posiblemente derribada por la delincuencia organizada. Documenta también que la compañía que vendió el jet habría transportado a familiares de Amado Carrillo y que Vasconcelos habría protegido a los Beltrán Leyva. El libro considera montajes los granadazos del 2008 en Morelia, Michoacán, ya que los tres detenidos habrían sido vistos a ese misma hora en el puerto de Lázaro Cárdenas, a varios kilómetros de distancia, según 30 testigos, pruebas ignoradas por la PGR, como las cartas que presentó el coordinador nacional de Seguridad Regional de la PFP, Javier Herrera Valles al ex presidente Felipe Calderón, denunciando la corrupción del comisionado federal, Genaro García Luna. Extraordinario resulta el texto sobre cómo Los Pelones se asentaron en Guerrero en 2008, obligando a los ganaderos a sustituir los fetos de sus vacas con cargamentos de cocaína para ser exportadas a Estados Unidos. El libro ofrece varias crónicas más sobre Edgar Guzmán, hijo del “Chapo”, Digna Ochoa, “El Mocharejas”, el caso de Lydia Cacho y Kamel Nacif, y el uso de submarinos para llevar cargamentos a Estados Unidos. (México: Debolsillo/Random House, 2009). (Nieto)

14.- LOS INFILTRADOS, EL NARCO DENTRO DE LOS GOBIERNOS, de David Aponte. En 2007, el testigo protegido “Felipe”, confesó que aún siendo ubicado por la Interpol México como contacto entre capos y policías, logró ser contratado dos años después como investigador criminal por la US Marshalls en la embajada de Estados Unidos y luego obtuvo una plaza en la AFI por conducto de un alto mando de la PGR quien se desenvolvía como informante del Cártel de los Beltrán Leyva. Desde 2005 “Felipe” recibía 10 mil dólares por informar de los movimientos de las instituciones en las que trabajaba. Infiltrado en la misma embajada estadounidense, el cártel subió su sueldo a 30 mil dólares mensuales. En 2008, sus declaraciones llevaron a directivos de Interpol y a Noé Ramírez Mandujano, subprocurador de SIEDO, a la cárcel. Ejemplos como éste pueblan este libro clave para entender cómo opera el narco en México. El libro aborda el considerado primer “narcovideo” de la guerra entre cárteles, el cual evidenció el grado de infiltración de la SIEDO, en el que La Barbie ejecuta al Z-17 en Acapulco. Aponte documenta también el caso de “La empresa”, grupo que obtenía expedientes en el Centro de Inteligencia de Antinarcóticos de la Sedena y los vendían a cárteles enemigos. Pero lo más importante son los capítulos que reconstruyen la historia de los Beltrán Leyva, desde que se integraron al Cártel de Sinaloa hasta que se convierten en enemigos del “Chapo” Guzmán, en voz de quien fue su escolta. Aponte también narra el frustrado intento de rescate del “Mochomo”, hermano de Arturo Beltrán Leyva en las instalaciones de la SIEDO y una emboscada frustrada contra Santiago Vasconcelos, antes de morir junto a Juan Camilo Mouriño. El libro también documenta casos como el del coordinador técnico de la SIEDO, Miguel Colorado, quien trabajó al servicio de los Beltrán siendo cuñado del ex jefe de Inteligencia Militar de la Sedena y director del Centro de Planeación para el Control de las Drogas de Vicente Fox. (México: Grijalbo, 2010). (Nieto)

15.- EL ESPEJISMO DEL DIABLO. TESTIMONIO DE UN NARCO, de M.A. Montoya.- Este testimonial describe el periplo realizado por el autor en el mundo del narcotráfico durante las décadas 80 y 90. Hijo de una familia de clase media de Guadalajara, Montoya trabajó como enlace entre dos países, justo en los años en los que el narcotráfico mutaba para convertirse en el negocio que conocemos hoy en día. Sus primeras andanzas las llevó a cabo junto con un compañero de preparatoria, cuando ambos lograron pasar un par de pequeños embarques de marihuana a los Estados Unidos. A partir de ese momento el autor mantendrá una relación de cercanía con varios personajes que se dedicaban de lleno al negocio. La historia contada a través de varios cambios en el ritmo y en los tiempos narrativos a veces nos puede dar la apariencia de ser una novela; sin embargo, el autor estará muy presente recalcando su intención moral al dejarnos muy en claro que la historia del narco es una historia llena de traiciones y de egoísmos. El autor apuntala una moraleja al contarnos poco a poco su caída en la drogadicción y al ver cómo todos sus intentos por prosperar en el negocio se van a pique gracias a las traiciones de socios, amigos y jefes, un mundo del cual el autor aporta datos someros que nos permiten recrear esos años en los que los grandes cárteles colombianos estaban siendo desmantelados lentamente, algo que aprovecharían muy bien sus socios mexicanos. (México: Axial, 2011). (Moro)

16.- FUEGO CRUZADO, de Marcela Turati.- Este es uno de los libros más dolorosos que se hayan escrito sobre las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, donde niños, ancianos o mujeres tuvieron el infortunio de estar en el lugar y momento incorrectos para convertirse en una cifra más de los “daños colaterales” del sexenio de Felipe Calderón. Turati da voz a los sobrevivientes de una guerra que no distinguió a narcos de civiles, ni inocentes de culpables. El libro, perfectamente documentado, echa mano de la revisión de expedientes militares y policiacos para respaldar cada una de las historias. Cobra relevancia el relato de Luz María Dávila, madre de dos jóvenes asesinados en Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez, quien tuvo la valentía de gritarle su sentir al ex presidente Calderón, luego de que sicarios de La Línea rafaguearan una fiesta de adolescentes confundiendo a sus hijos con enemigos. Resalta también el caso de Adán Abel Esparza, quien en 2008 viajaba en la sierra de Sinaloa a bordo de una camioneta con esposa, hermana y una profesora adolescente, así como varios niños que fueron baleados sin ninguna razón por soldados que habían consumido anfetaminas, marihuana y cocaína. Al sentir un balazo en la mano, Esparza se bajó del vehículo para poner los brazos en alto pero recibió uno más en la otra. Por si fuera poco, la camioneta cayó a un barranco donde perecieron los infantes que iban en la caja. Historias como estas, subrayan la intención de que la memoria sobre la guerra de Calderón no se extinga. Turati es una de las cronistas más aventajadas de su generación y pieza clave en la defensa de los derechos de los periodistas en México. (México: Grijalbo, 2010/Editorial Proceso, 2012). (Nieto)

17.- HISTORIAS DE MUERTE Y CORRUPCIÓN, de Julio Scherer.- Cuando el fundador del semanario Proceso, Julio Scherer García, apareció en la portada de ese medio fotografiado con “El Mayo” Zambada, se desató una de las polémicas más acaloradas sobre los medios de comunicación de los últimos años. Era evidente que quien quiso ser entrevistado y aparecer en la portada fue el poderoso capo, y no que Scherer haya conseguido la entrevista. Pero ya que se presentaba la oportunidad, ¿el maestro de toda una generación de periodistas debía dejarla ir? En este libro, Scherer cuenta la forma en la que se dio ese encuentro y lo que sucedió después cuando el gobierno federal se lo reclamó. El pequeño volumen proporciona flashes sobre varios temas: la famosa novia del Chapo, Zulema, asesinada por un comando de Los Zetas; o una carta que el presidente Calderón le envío donde le expresa sus diferencias en cuanto a la visión del panismo y el poder en México. Scherer también dedica algunas líneas sobre la captura de la “Reina del Pacífico”. El fundador de Proceso asigna un capítulo completo a El Güero, Isaú, El Pollo, El Mija, El Bistec, El Pelón, El Chayote, El Satán y El Bastardo, niños sicarios de Gente Nueva, el brazo armado del Cártel de Sinaloa, quienes comparten en común admiración a El Chapo y al Mayo, y una pistola en las manos. El libro aboda casos de violación de derechos humanos por militares en Villa Aldama, Coahuila, y echa un vistazo a figuras que han muerto a manos del narcotráfico, como Manuel Buendía y Juan Camilo Mouriño. El libro es breve y está contado con la concisión, propiedad y documentación que hizo de Scherer la máxima referencia del periodismo en México. (México: Grijalbo, 2011). (Nieto)

18.- EL CÁRTEL INCÓMODO. EL FIN DE LOS BELTRÁN LEYVA Y LA HEGEMONÍA DEL “CHAPO” GUZMÁN de José Reveles.- Bautizados por el desaparecido periodista sonorense Alfredo Jiménez Mota como “Los Tres Caballeros”, Alfredo, Arturo y Carlos Beltrán Leyva, pasaron de entrañables socios a irreconciliables enemigos del Cártel de Sinaloa, a pesar de que ayudaron a construir dicho emporio controlando las plazas más importantes del país, desde Guerrero hasta Nuevo León. A finales de la década de 1990, la actuación de los Beltrán Leyva era tan discreta que sus nombres no aparecieron en el Maxiproceso de Mario Villanueva ni en los expedientes del atentado al cardenal Posadas. Nacidos en La Palma, Badiraguato, los Beltrán son primos lejanos del “Chapo” Guzmán, y la menor de ellos, Gloria, está casada con el hijo de Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, mientras la otra hermana, Laura, fue esposa de Arturo “El Pollo” Guzmán Loera, hermano del “Chapo”. En total, los Beltrán son nueve hermanos, seis hombres y tres mujeres. Su función siempre fue muy específica: cooptar policías y militares para brindar seguridad a los miembros del Cártel de Sinaloa. De mano de “El Mochomo”, los Beltrán lograron hacerse del control de “Los Números” en Sonora. Posteriormente, “El Mochomo” sería entregado a las autoridades y los Beltrán respondieron con el asesinato de Édgar Guzmán, hijo de “El Chapo” (a quien se le mandaron a comprar 50 mil rosas rojas desde Villa Guerrero). Con ese hecho, se desató una guerra cruenta, la cual culiminó con la muerte de Arturo en los edificios Altitud de Cuernavaca, en diciembre de 2009. Luego de ello, Héctor habría tomado el control del cártel. Quizá mientras “El Chapo” estaba en prisión, Sinaloa nunca se percató del enorme poder de los Beltrán y cómo Arturo se convertía en “El Jefe de Jefes” de varios cárteles en Guerrero, Morelos o Sonora, incluidos el de José Alberto Pineda Villa, uno de sus principales lugartenientes en Guerrero, cuñado de José Luis Abarca, alcalde de Iguala, quien habría ordenado la desaparición de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en 2014… (México: Grijalbo, 2009). (Nieto)

19.- MORIR EN MÉXICO, de John Gibler.- Las crónicas realizadas por el periodista norteamericano retratan la situación de peligro que viven muchos periodistas mexicanos que realizan su labor en ciudades y territorios que se han convertido en verdaderas zonas de guerra. Ciudad Juárez, Culiacán, Torreón, Cuernavaca, Monterrey son varios de los sitios que el periodista visitó para conocer la labor periodística del día a día en territorios tomados por la delincuencia organizada. Los reporteros trabajan con recursos y materiales limitados, sin protocolos de seguridad implementados por los empleadores para protegerlos. Gibler desarrolla su actividad en ciudades en donde nunca se sabe bien a bien quién es la verdadera autoridad, en un país en donde al final de cuentas narcotráfico, política, impunidad pueden ser la misma cosa. Gibler aborda también la labor de semanarios como Río Doce o Zeta, así como periódicos como El Diario de Ciudad Juárez, entre varios más, que son retratados de forma punzante. El libro de Gibler resalta justo por la solidaridad gremial, pues se trata de un periodista hablando con emoción, admiración y preocupación de la labor de sus pares, algo que tendríamos que aprender. Lo hace hablando sin tapujos de lo absurda y oscura que son las guerras contra el narco. (México: Sur +, 2012). (Moro)

20.- MEDIANOCHE EN MÉXICO. EL DESCENSO DE UN PERIODISTA A LAS TINIEBLAS DE SU PAÍS, de Alfredo Corchado.- Corresponsal en México del Dallas Morning News desde 1994, Corchado fue el primer periodista en recibir la información de que el temible Miguel Ángel Treviño Morales, “Z-40”, líder de ese cártel a la muerte de Heriberto Lazcano, sería encarcelado por el gobierno de México. Treviño tiene 13 hermanos y comenzó como deshollinador en Piedras Negras, lavador de carros, transportador de marihuana en camionetas de su hermano Francisco y luego se convirtió en policía llegando a ser el único alto mando de Los Zetas sin experiencia militar. Treviño, dice Corchado, buscó reclutas que fueran su reflejo: hombres y mujeres jóvenes, sin educación, que conocieran bien la calle. Les ordenaba matar a alguien al azar, poniéndole la mano en el pecho. Si el recluta titubeaba, Treviño le daba un balazo a la cabeza. Corchado recibe la noticia de que Los Zetas quieren asesinarlo por informar de una cumbre entre cárteles y gobierno. La amenaza es corroborada por la “Paisana”, agente encubierta quien le explica: “Esta gentelo único que entienden es el poder, la fuerza bruta… Yo te sugiero que mejor te vayas de México”. Una persona cercana a “La Barbie” también le corrobora la especie: “No somos idiotas. Nosotros no fuimos, pero del gobierno no me extrañaría“, contestaría el jefe de sicarios de los Beltrán. En el libro, el autor revela haber tenido un encuentro fortuito con Treviño años antes en Texas, sin saber que se trataba de uno de los personajes más sanguinarios del narco mexicano. El tono confesional del volumen es repetitivo. El autor aprovecha para contar su historia personal, el de un hijo de una humilde familia mexicana que emigra por la violencia a Estados Unidos y logra allá el sueño americano al convertirse en un prestigioso periodista con acceso a fuentes de La Casa Blanca y Los Pinos. (México: Debate, 2013). (Nieto)

21.- CONFESIÓN DE UN SICARIO, de Juan Carlos Reyna.- “Un sicario no duerme. Un sicario no lleva una vida normal. Cuando estás adentro de una organización, tus horarios son los suyos…” De esa manera, Drago, jefe de sicarios y lugarteniente de un cártel del norte del país, revela sus días como hombre de confianza de un importante capo, y tiempo después, testigo protegido de la PGR, institución que lo abandona a su suerte, por lo que vive huyendo de un infierno que él mismo ayudó a crear. “Tenía 16 años la primera vez que maté… Durante una semana no pude dormir, escuchando los gritos de aquel hombre que maté aquel día”, narra Drago, quien presta su testimonio para que el periodista, escritor y músico, Juan Carlos Reyna, configure un relato en primera persona donde se habla de la forma en la que operan los cárteles, “desde dentro”, con tácticas que comprenden el terror y el sadismo. Con nombres clave –“Elefante”, “Tiburón”, “Cocodrilo”-, el libro de Reyna ha desatado toda clase de especulaciones sobre la identidad de estos despiadados criminales, aspecto ocioso pues, desgraciadamente, puede aplicarse a cualquier grupo de pistoleros que operan en México. Las escenas donde se explica el por qué el capo apodado “Tiburón” se hizo acreedor a tal mote y aquella donde se realiza un rito de sangre con una mujer embarazada son dos de los pasajes más terribles que haya logrado capturar el periodismo narrativo en nuestro país. El libro se ha convertido en un clásico en cuanto a la crónica de la guerra del narcotráfico en México. (México: Grijalbo, 2010). (Nieto)

22.- LEVANTONES. HISTORIAS REALES DE DESAPARECIDOS Y VÍCTIMAS DEL NARCO, de Javier Valdez Cárdenas.- La narrativa creada en el sexenio de Felipe Calderón estigmatizó a las personas asesinadas y/o desaparecidas a lo largo de esos seis años como culpables de su propia muerte: “Sí era asesinado era porque andaba en malos pasos”, reza el dicho. Sin embargo, esta adminstración registró al menos 24 mil personas desaparecidas que solo estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado al sufrier un “levantón”, palabra que define un secuestro realizado sin fines extorsivos o de cobro de rescate. Levantones… reúne 32 testimonios que nos dan cuenta de la brutalidad con la que los grupos delincuenciales impusieron su reino de terror. Fundador del semanario Río Doce en su natal Sinaloa, el periodista Javier Valdez ha documentado con su pluma el baño de sangre, las guerras intestinas que día a día se viven en aquella región del país, combatiendo de alguna manera la indolencia con la que autoridades y ciudadanos ven la guerra contra las drogas. Levantones… es un libro de crónicas en el que el autor revisa no solo historias de personas desaparecidas, como la de un indígena de Chiapas que es reclutado supuestamente para trabajar en campos agrícolas en Sinaloa y termina obligado a trabajar para La Familia Michoacana. Valdez también enlaza teorías complejas donde se da a entender que el avión donde viajaba Juan Camilo Mouriño, ex secretario de Gobernación y hombre cercano a Felipe Calderón, habría sido hecho explotar desde un hotel en la zona de Polanco por el Cártel de los Beltrán Leyva. La mayor parte del libro aborda el dolor de las familias de los “levantados”, de quienes día con día luchan por saber qué fue lo que les pasó a sus seres queridos. El libro da voz a padres, madres y hermanos que desean encontrar a sus familiares con vida y se aferran a esas pequeñas esperanzas. (México: Aguilar, 2012). (Moro/Nieto)

23.- TIERRA NARCA, de Francisco Cruz Jiménez.- Uno de esos libros que todos los mexicanos deberían leer. Contiene tres aspectos indispensables para entender las ramificaciones del narcotráfico actual. El primero, el papel de los municipios mexiquenses que colindan con Guerrero, Michoacán y Morelos, claves para el control de drogas en la región centro y Pacífico sur, entre ellos, Luvianos, Tejupilco y Tlataya. En segundo lugar, el esclarecimiento de uno de los grandes misterios de la guerra de cárteles: la matanza de 24 albañiles en La Marquesa, a escasos kilómetros del DF, confundidos con miembros de La Familia Michoacana. El tercer elemento son los negocios de la familia Manzur Ocaña, cercana al grupo Atlacomulco, ya que uno de sus miembros fue acusado de proteger a cárteles en Ecatepec y Coacalco, y otro más, murió acribillado. Esta investigación documenta cómo a partir de 1992 el penal de Almoloya atrajo a familias de poderosos capos a Metepec, Zinacantepec, Toluca, Coacalco, Huixquilucan y Valle de Bravo. Además, durante la gestión de Enrique Peña Nieto fueron asesinados cuatro personas cercanas a él, entre ellos, el director operativo de la Policía Ministerial, Arturo Cuitláhuac Ortiz Lugo, su primo en segundo grado. El libro se vuelve incisivo cuando explica a Luvianos como región en disputa por el Cártel de Sinaloa, Los Pelones, La Familia y Los Zetas. “Bajar a la cabecera de Tlataya o a Luvianos sin ser de la región es un pasaporte directo al levantón”, nos explica el autor. Aún más extraordinaria es la investigación sobre la masacre de La Marquesa en la que fueron ejecutados con tiro de gracia de El Indio, 24 albañiles de obras residenciales en Huixquilucan debido a un “pitazo” que habría recibido el “R”, lugarteniente de los Beltrán, y ex colaborador de La Tuta, según declaración del testigo protegido “Claudia”, comandante de la policía municipal de Huixquilican. Después de ese acto, La Familia envió un mensaje al “R”: “Pobres inocentes a los que mataron, porque ni siquiera trabajan para nosotros”. (México: Editorial Planeta/Temas de hoy, 2010). (Nieto)

24.- ¿DE QUÉ SE RÍE LA BARBIE?, de Miguel Aquino.- Édgar Valdez Villarreal fue el quinto de ocho hermanos de una familia de comerciantes de clase media estadounidense. Nacido en Laredo, tuvo una beca por su desempeño como jugador de futbol americano en la Universidad de Texas, pero un accidente automovilístico donde murió una persona, lo envió a la cárcel. Tras esa experiencia creó su propia red de venta de marihuana en Estados Unidos y a los 19 años fue detenido por la DEA, escapando hacia México. En Tamaulipas se asoció con “El Chacho”, integrante del Cártel del Golfo, quien fuera asesinado por Osiel Cárdenas. Por esa razón, “La Barbie” entabló una guerra con Los Zetas matando a un hermano del Z-40, lo que le valió ser reclutado por Arturo Beltrán Leyva hasta quedar al frente de Los Pelones. Miguel Aquino, experimentado reportero de Tv Azteca consiguió entrevistarlo minutos antes de que el helicóptero de la Policía Federal despegara para extraditarlo. Entre las pocas preguntas que le pudo hacer fue si su captura había sido pactada o un golpe de suerte de los policías federales que supuestamente lo detuvieron casi por accidente. La investigación concentra la cruenta guerra de los Beltrán con otras organizaciones, la polémica carta que “La Barbie” publicó en 2006 en varios periódicos dirigida al presidente Fox para que no se culpara a su organización “de todo lo que sucedía en el país” y el seguimiento que la PGR tenía desde 2009 de la estructura de los Pineda Villa, cuya hermana estuvo involucrada en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Asimismo, aborda el caso del “JJ”, protegido de “La Barbie”, quien disparó al futbolista paraguayo Salvador Cabañas en 2010. El libro remata abordando el por qué Valdez Villarreal, al ser presentado ante los medios, esbozó una sonrisa de satisfacción. “¿De qué se ríe La Barbie?” fue una pregunta que todo mundo se hizo en ese momento. La respuesta que se revela al final hace repensar el horror que México vive hace décadas. (México: Editorial Planeta/Temas de hoy, 2011). (Nieto)

25.- LOS MALDITOS. CRÓNICA NEGRA DESDE PUENTE GRANDE, de J.J. Lemus.- Si de víctimas de la guerra que el ex presidente Felipe Calderón emprendió contra el narcotráfico hablamos, el testimonio de Jesús Lemus, periodista de La Piedad, Michoacán, refleja mejor que ninguno el atroz manejo de la política de incriminación que emprendió dicho sexenio contra cualquiera que se dijera sospechoso de narcotráfico, o incluso, a cualquier crítico del regimen. Director del pequeño diario regional El Tiempo, Lemus publicó en 2008 algunos reportajes que irritaron a las autoridades locales, entre ellas, funcionarios cercanos a Calderón, también michoacano. Citado por un comandante de la policía judicial en la frontera con Guanajuato para darle información sobre actividades criminales, Lemus fue apresado bajo cargos de delincuencia organizada, acusado de dirigir incluso células de dos grupos antogónicos: la Familia Michoacana y Los Zetas. De no ser porque colegas de la Casa de los Derechos de los Periodistas le insistieron en escribir la historia y difundirla, el testimonio de torturas e intimidación que Lemus vivió, nunca se habría conocido. Como acto de sobreviviencia al ser internado en el Penal de Máxima Seguridad de Puente Grande, al lado de los más grandes delincuentes de la historia mexicana como “El Mochaorejas”, “El Duby” (integrante de la banda de los narcosatánicos), Juan Sánchez Limón (lugarteniente de “El Lazca”), Daniel Aguilar Treviño (asesino de José Francisco Ruiz Massieu), Rafael Caro Quintero, Mario Aburto, o Alfredo Beltrán Leyva, el autor de esta descarnada crónica logró escribir en papel sanitario dichos relatos, incluida la estadía de “El Chapo” Guzmán en ese penal en 2001. Con esos testimonios, Jesús Lemus logró una radiografía de los secretos mejor guardados de todos los cárteles. Pocos libros en la historia editorial mexicana reciente han tenido tanto éxito como éste. Apenas un año después de su publicación había vendido alrededor de 50 mil ejemplares, convirtiéndose en uno de los más leídos sobre narcotráfico. (México: Grijalbo, 2013). (Nieto)

26.- EL CÁRTEL DE SINALOA, de Diego Enrique Osorno.- Con prólogo de Froylán Enciso, Osorno ofrece un recuento histórico del Cártel de Sinaloa, citando las investigaciones de Luis Astorga, las memorias del ex procurador Manuel Lazcano y las del investigador Carlos Resa, para establecer que la siembra de opio en Sinaloa se remonta a los años 20 hasta que el ex presidente Miguel Alemán crea la Policía Federal de Narcóticos, para que su regulación produciera divisas. Asimismo, Osorno revisa desde la Operación Cóndor en los años 70 hasta la forma en que este cártel entabla una guerra contra el del Golfo por Nuevo León, provocando que en San Pedro Garza García su alcalde Mauricio Fernández decida crear un cuerpo de élite al margen de la ley para contrarrestar a ambos. En este libro, Osorno tiene el acierto de entrevistar al abogado de los hijos de Miguel Ángel Gallardo Félix, fundador del Cártel de Guadalajara. El propio Gallardo Félix niega haber sido él quien repartiera los territorios y rutas del narcotráfico nacional a personajes como Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada, los hermanos Arellano Félix, Amado Carillo Fuentes, etcétera, conformando los cárteles como hoy los conocemos. “En 1989 no existían los cárteles… Fue González Calderoni quien en su tiempo repartió las plazas…” escribe Gallardo Félix de su puño y letra en diarios a los que Osorno tuvo acceso. El capítulo dedicado al estado de Guerrero explica la división provocada por los hermanos Pineda Villa, bajo el mando de los Beltrán Leyva, y Rogaciano Alba, quien operó para el Cártel de Sinaloa. Habría que advertir al lector que la lectura de este libro no es una tarea fácil pues el autor no sigue una línea cronológica, por el contrario, aporta testimonios que parecieran inconexos. (México: Grijalbo, 2009). (Nieto)

27.- EL EXTRADITADO, de Juan Carlos Reyna y Farrah Fresnedo.- Este libro aborda la figura del capo Benjamín Arellano Félix, fundador del cartel que lleva sus apellidos y que durante 20 años fue una de las organizaciones criminales más importantes de América Latina. La vida y obra de Benjamín Arellano, a quien se entrevista varias veces en su lugar de reclusión en los Estados Unidos, donde fue extraditado, permite reconstruir la historia de la ciudad de Tijuana durante ese periodo: el crecimiento comercial, el consumo de sustancias tóxicas, la muerte de amigos y familiares que se vieron involucrados con el crimen organizado. La vida de Benjamín sirve como un espejo para conocer el desarrollo de una organización criminal que terminó controlado a representantes de los tres niveles de gobierno establecidos en la frontera norte del país. Los Arellano Félix crecieron coptando a policías, ministerios públicos, militares y un largo etcétera, permitiéndoles consolidar su poder hasta que se infiltraron en lo más granado de la sociedad tijuanense, lo que llevó a que varios de sus más temibles sicarios fueran hijos de las familias más pudientes de esa ciudad, salidos de las mejores escuelas. Estos jóvenes, conocidos como los “narco-juniors” muestran el poder de penetración que tiene el narcotráfico, la forma en la que puede llegar a ser aceptado por todas las capas de la sociedad a partir del poder del dinero. El libro también nos cuenta del trágico final de las personas que se involucraron y trabajaron en este cártel y ayudaron a convertirlo en una máquina de producir dinero. El final de varios de los hermanos del clan nos ejemplifica muy bien que el narco sigue siendo un negocio que paga muy mal. (México: Grijalbo, 2014). (Moro)

28.- LOS ZETAS. LA FRANQUICIA CRIMINAL, de Ricardo Ravelo.- Con prólogo de Edgardo Buscaglia, este volumen se suma a los pocos que abordan al segundo cártel más poderoso de México. Si bien su información es incluso estratégica, como los datos que apuntan hacia una protección por familiares y políticos hidalguenses ligados a Miguel Ángel Osorio Chong, el autor apenas si se detiene en el origen de esta terrible organización criminal, quizá las más sanguinaria en México, y que para 2013 operaba en 22 estados de la república y 34 países. Ravelo ubica su génesis al momento que Arturo Guzmán Decena, ex militar de élite, con clave Z-1, conforma una escolta de ex GAFES hasta que en 2003 Osiel es capturado. A pesar de que el gobierno mexicano supo de Los Zetas desde el 2000, Vicente Fox negó su existencia. El libro abunda en pasajes como el de Alejo Garza, ranchero que a punta de rifle defendió su rancho matando a cuatro sicarios, así como el supuesto abatimiento de Heriberto Lazcano y la aprehensión de Miguel Ángel Treviño Morales (“Z-40”). Ravelo consigna las declaraciones de testigos protegidos que señalan a los gobernadores Tomás Yarrington y Eugenio Hernández como cercanos al “Lazca” y al “40”, quien patrocinaría a Hernández en su carrera hacia la gubernatura de Tamaulipas. El libro narra un viaje que haría Ravelo a uno de los ranchos de Treviño Morales, en el que su cuidador pondría en duda la identidad de quien la PGR presentó como jefe del cártel luego del abatimiento de “El Lazca”. (México: Ediciones B, 2013). (Nieto)

29.- LAS JEFAS DEL NARCO, de Arturo Santamaría Gómez (coordinador).- La incursión de las mujeres en los territorios de la mafia no es un asunto nuevo. Arturo Santamaría Gómez, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, señala que desde los años treinta y cuarenta, la mujer tuvo un papel principal en el mundo del narco de la mano de tres grandes jefas de aquella época: Ignacia Jasso viuda de González, alias “La Nacha” que operaba en Ciudad Juárez; Dolores Estévez Zulueta, alias “Lola la Chata”, a la que William S. Burroughs incluyó en sus novelas Junkie y El almuerzo desnudo; así como Manuela Caro, que dirigió el tráfico de goma de opio en Sinaloa por más de 20 años al lado de Gil Caro y Rafael Fonseca (tío de Rafael Caro Quintero y Amado Carrillo). A la lista se suman las hermanas Amezcua, del Cártel de Colima y Enedina Arellano Félix, de Tijuana. El volumen menciona los casos de reinas de belleza coludidas con capos y de mujeres recluidas en cárceles por “burreras”. Una de ellas fue sorprendida en el Aeropuerto de Culiacán con más de un kilo de heroína pegada al cuerpo con valor de 17.5 mdp, de los cuales solo le tocarían 10 mil pesos, cinco veces más que su ingreso semanal familiar. Destacan las entrevistas que el estudiante de periodismo José Carlos Cisneros realizó a varias jefas del narco en activo. Una de ellas, de 56 años con alto rango, se jactó de haber sobrevivido “desde los tiempos de Caro”. Otra entrevistada, de 30 años, asegura que se entra al negocio “por hambre o por un hombre”. La limitación del libro radica en que aborda el papel de la mujer solo en el noroeste y no en cárteles como el de Los Zetas, que ha pasado de emplear a mujeres como halconas o acompañantes, a contratarlas como pistoleras, como el caso de la “Comandante Bombón”, líder de Las Panteras. En Los Zetas también operaron “La Contadora”, “La Comandante Rojo” o “La Flaka”. (México: Grijalbo, 2012). (Nieto)

30.- LA REINA DEL PACÍFICO, de Julio Scherer.- Sandra Ávila Beltrán, bautizada por el ex presidente Calderón como “La Reina del Pacífico”, es una de las figuras femeninas más controversiales en el mundo del narcotráfico. Detenida con su novio colombiano Juan Diego Espinosa, “El Tigre”, por el presunto trasiego de nueve toneladas de cocaína en un barco decomisado en Manzanillo, Ávila Beltrán fue trasladada a la Cárcel de Santa Marhta Acatitla tras asegurársele 15 cuentas bancarias, autos de lujo y casas en Jalisco, Nayarit y Sonora. También se le decomisaron 179 joyas entre las que se encontraba un dije con 228 diamantes, 189 zafiros y 83 rubíes, así como relojes con valores superiores a los 300 mil dólares cada uno. Con un porte distinguido y sangre fría para encarar a la justicia, Sandra Ávila Beltrán se le identifica como enlace entre cárteles debido a que es sobrina del capo de capos de los años 80, Miguel Ángel Gallardo Félix, además de que sus progenitores son compadres de Ernesto Fonseca Carrillo. Asimismo, La Reina del Pacífico se casó con dos policías antidrogas que terminaron siendo asesinados. Con un estilo pausado, Scherer entrevista a Ávila, quien asegura que en la década de los 80 “aún no eran poderosos los Arellano ni Zambada. Este último era sólo un ganadero de Sinaloa” y que al “Chapo” Guzmán fue el tipo de personas que “solo conoció en fiestas”. “¿Cómo son las mujeres en la sociedad narca?”, le pregunta Scherer. “Competitivas, exhibicionistas. Me incluyo porque yo también fui así…”, dice Ávila, quien afirma que en el mundo del narco “Dios está muy lejos”. “La Reina del Pacífico” también aclara que está enterada de la novela que supuestamente está basada en su vida, pero señala que “cualquiera sabe que “La Reina del Sur” es un personaje de ficción del escritor Pérez-Reverte “y yo de ficción nada tengo, que de carne y hueso soy”, aseguró. (México: Grijalbo, 2008/Editorial Proceso, 2012). (Nieto)

31.- MARES DE COCAÍNA, de Ana Lilia Pérez.- Este volumen analiza a través de documentos, testimonios, entrevistas la importancia que para el crimen organizado tienen las rutas náuticas en cuanto a transporte de las diferentes sustancias psicoactivas ilegales que se venden en el mundo. Pérez analiza el papel que las compañías y contratistas navieros tienen en el marco de las actividades ilícitas que las mafias realizan por aguas internacionales. Buenaventura, Barranquilla o Cartagena son los puertos de embarco de toneladas de cocaína que anualmente recorren los mares del mundo con diferentes mecanismos, escondrijos y una serie de increíbles y asombrosos escondites en los que las drogas son camuflajeadas para viajar de un continente a otro. Pérez logra, a través de una investigación que le llevó varios años visitando varios países, reconstruir las rutas marítimas del narcotráfico, desde las costas de Sudamérica hasta las playas cosmopolitas de la Costa Azul francesa, pasando por el Amazonas hacia el continente africano, lugar de almacenaje y reembarque hacia los países europeos en donde el precio de la cocaína se triplica de manera exponencial. Lo mismo sucede desde el puerto de Lázaro Cárdenas en Michoacán, México, hasta las costas asiáticas, en donde a pesar de las duras penalidades para sus operadores, las ganancias son estratosféricas. El libro nos permite ver que los brazos de las organizaciones mafiosas mexicanas se extienden a muchos lugares del mundo, gracias a su poder corruptor, llegando a convencer a capitanes, dueños de barcos y tripulaciones enteras para que trabajen para ellos. Sin embargo, a pesar de las enormes ganancias, el hilo se rompe en la gente más necesitada de las embarcaciones: los marineros. (México: Grijalbo. 2014). (Moro)

32.- LA GUERRA DE LOS ZETAS, de Diego Enrique Osorno.- En los últimos años, los reportajes de Diego Osorno lo han convertido en una referencia de la crónica sobre el narcotráfico en México por su acceso a fuentes privilegiadas que enriquecen el debate sobre la delincuencia organizada. “La guerra de Los Zetas” tiene la principal virtud de reducir su campo de estudio solo a la incursión de este cártel a los territorios que Osorno conoce bien: su natal Nuevo León, y su vecina, Tamaulipas. Es justo decir que el libro no explora el origen de Los Zetas –soldados del narco que proceden en un 80 por ciento del centro y sur de la república, como el Z-3, Lazcano, nacido en Hidalgo, o el Z-7, El Mamito, de Campeche-, sino que se trata de un recorrido por lugares como Ciudad Mier en Tamaulipas o la Hacienda Calderón, fosa ubicada en Nuevo León donde se hallaron 51 cuerpos. Osorno aporta valiosas entrevistas a alcaldes y empresarios regiomontanos que revelan cómo dicho cártel estableció sus bastiones.
Este libro tiene una estructura de viaje”, confiesa Osorno en un apéndice donde ofrece documentos importantes como la operación Cuerno III de la Armada de México sobre la muerte de Arturo Beltrán Leyva. Aún así, La guerra de Los Zetas es más una crónica del impacto del cártel “de la última letra” en el noreste del país que un mapa para entender cómo lograron dominar 22 estados de la república para 2013. El prólogo de Juan Villoro resulta débil, lo que hace pensar en una lejanía del fenómeno, en contraposición a Osorno, quien se convirte en testigo privilegiado desde el campo de guerra. (México: Grijalbo, 2012). (Nieto)

33.- OSIEL: VIDA Y TRAGEDIA DE UN CAPO, de Ricardo Ravelo.- Uno de los máximos periodistas sobre narcotráfico en México, egresado de la Universidad Veracruzana, ex reportero de El Dictamen y corresponsal de la revista Proceso en el Puerto de Veracruz, Ravelo es un conocedor de los fenómenos de la delincuencia organizada en el litoral del Golfo. En este libro revela la historia del Cártel del Golfo desde la época de su fundación por Juan Nepomuceno Guerra, quien traficaba whiskey en los años 30 a través de Texas, imperio que se extendió al tráfico de indocumentados, armas y robo de autos hasta los años 70 cuando su sobrino, Juan García Ábrego, toma el control del cártel importando cocaína colombiana. Hacia 1996, el reino de Ábrego se debilita y es capturado. A su caída, es un ex mecánico, ex madrina de judiciales de nombre Osiel Cárdenas Guillén, quien recompone el cártel a base de asesinatos y traiciones, con el que se gana el mote de “El Mataamigos”. Será Cárdenas Guillén quien pida a Arturo Guzmán Decena (Z-1) juntar a Los Zetas, para conformar su guardia personal para ejecutar “operativos” de aniquilamiento de sus enemigos más próximos. El libro de Ravelo cuenta con el facsímil del acta de nacimiento de Osiel Cárdenas y detalla la forma en la que Los Zetas habían urdido un plan para rescatarlo usando dos helicópteros y un pelotón de 50 sicarios. Osiel fue capturado en 2003 al quedarse dormido tras celebrar los 15 años de su hija. El defecto que se encuentra en el libro de Ravelo es su estilo repetitivo en el que usa una especie de lírica para contar expedientes exclusivos, los cuales por sí mismos, constituyen un documento muy valioso para entender la historia reciente del narcotráfico en México. (México: Grijalbo, 2012). (Nieto)

34.- EL ARTE DE LA GUERRA PARA NARCOS, de Tomás Borges.- Ex alfil de la Policía Federal y agente en áreas de inteligencia donde participó en operaciones encubiertas, el autor de este volumen -que bien debió titularse “El arte de la guerra contra narcos” para hacer más específico su contenido-, relaciona las máximas del clásico de Sun Tzu con los actos de la “guerra” del ex presidente Felipe Calderón contra los cárteles del narco desde el punto de vista militar. Tomás Borges busca comprobar que el ex presidente desató una guerra sin una estrategia militar y sin informes de inteligencia fidedignos que le permitieran saber el grado de infiltración del narcotráfico en las instituciones. Máximas como “Cuando el ejército emprende largas campañas los recursos del Estado no bastarán” o “Cuando el soberano se inmiscuye en los asuntos militares sin el conocimiento necesario, confunde a los oficiales”, son evidentes alusiones a la falta de capacidad de Calderón para emprender una guerra contra un enemigo con mayor adaptación y bases operativas enraizadas en la pobreza y falta de desarrollo social. El libro basa su información en notas, videos y audios que se difundieron en medios de comunicación o sitios de Internet, pero también aporta datos inéditos como que el Cártel de Sinaloa presuntamente becó a jóvenes para enrolarse como cadetes en colegios militares para así, tener infiltrados permanentes. En un tiempo en el que las fuentes de información sobre el narco han ido desapareciendo, un libro como éste se vuelve importante para entender cómo se perdió una guerra por falta de capacidad del Mando Supremo. Hay que subrayar que las viñetas, la formación editorial e incluso la portada no están a la altura del contenido del libro, escrito con un estilo a veces rabioso pero no exento de aciertos, como aquel que recuerda lo que Sun Tzu decía: “Hay ocasiones en las que las órdenes del soberano no necesariamente han de obedecerse”. (México: Temas de hoy/Editorial Planeta, 2011). (Nieto)

35.- CUANDO LLEGARON LOS BÁRBAROS. VIDA COTIDIANA Y NARCOTRÁFICO, de Magali Tercero.- Haciendo un viaje al pasado y al presente de la cuna del narcotráfico en México, este libro retrata los usos y costumbres de una sociedad permeada desde hace más de 100 años por la producción de drogas y la violencia derivada de ella en Sinaloa. Nieta del mayor Alfonso Leyzaola, quien fue asesinado por orden de terratenientes dedicados a la siembra de opio, Magali Tercero, considerada una de las cronistas más importantes del país, recaba de manera valiente las voces de periodistas, escritores y académicos sinaloenses como Luis Astorga, Javier Valdez, Élmer Mendoza, Ernesto Diéz-Martínez, J uan José Rodríguez o Arturo Santamaría, pero también de la gente común que vive el día a día en un estado donde la cultura del narcotráfico representa la vida cotidiana de mujeres y hombres que vieron en la economía del tráfico de drogas la única salida a la pobreza, la marginación y también, al empoderamiento. Esa cultura del narco llega en Sinaloa hasta “imágenes surrealistas”, como señala el director de teatro Alberto Solián quien un día vio en Culiacán a un grupo de narcos remolcando con su camioneta una lancha en la que tocaba una banda sinaloense porque era cumpleaños de uno de ellos. En el libro de Tercero también se capturan las voces de las víctimas del fuego cruzado, a partir de la muerte de Édgar Guzmán, hijo del Chapo. El volumen está dividido en seis partes, en las que se narran los viajes que hizo la autora a Culiacán, Guasave, Mocorito, Copala, Los Mochis, Mazatlán o Badiraguato, región donde nacieron los grandes traficantes del país. Como dice el director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa, “la violencia en Sinaloa es histórica. Mentira que los pueblos sean bucólicos. Debajo están hiriviendo, y más con dinero”. El libro es doblemente valiente porque Tercero enfrenta sus propios fantasmas al dedicar varias páginas a restaurar la imagen de su abuelo, y también porque encuentra una forma novedosa (usan párrafos breves que consignan cada una de las voces de los ciudadanos de Sinaloa) para dar la idea de calidoscopio de una región donde se vive la omertá, ese silencio cómplice de la población con la economía criminal, que a decir de Luis Astorga es más rigurosa que la italiana y que ha permitido que Sinaloa tenga el tercer lugar de ventas de camionetas en el continente americano. Es en Sinaloa donde se enraizó aquello que Magali consigna con gran precisión: “padre asesinado, sicario seguro”. Así han nacido los bárbaros de los que habla este libro, no solo en Sinaloa sino en todo México. (México: Temas de Hoy/Editorial Planeta, 2011). (Nieto/Moro)

36.- EL CÁRTEL, de Jesús Blancornelas.- Hablar de Jesús Blancornelas es recordar a uno de los periodistas investigadores sobre narcotráfico más emblemáticos del país. Fundador del Semanario Zeta de Tijuana, Blancornelas sufrió un atentado el 27 de noviembre de 1997 en el que recibió cuatro disparos, uno de los cuales le debilitó el pulmón izquierdo, lo que se sumó a una pleuresía que sufría desde niño y a un cáncer de pulmón que lo postró los últimos meses de su vida con oxígeno artificial, muriendo el 23 de noviembre de 2006. Trabajó en siete diarios hasta fundar el ABC de Tijuana, y en 1980, el Semanario Zeta, impreso en Estados Unidos para evitar la censura. Fue nombrado uno de los 50 periodistas más importantes del mundo al recibir el Premio Mundial de Periodismo de la UNESCO. Tras el atentado de 1997 (que sobrevivió gracias a que su chofer lo cubrió con su cuerpo), el presidente Ernesto Zedillo le asignó una escolta de 11 soldados de fuerzas especiales para protegerlo del Cártel de los Arellano Félix, articulado por “narcojuniors”. El libro relata las varias veces que los Arellano quisieron matar a El “Mayo”, Zambada a quien le pusieron una bomba en Guadalajara que estalló poco antes en manos de los sicarios del CAF. Dicha guerra se extendió hasta 2010 con cientos de víctimas disueltas en ácido por “El Pozolero” y “El Teo”. En agosto de 2013, la DEA declararía “extinto” al CAF, y en octubre, sería asesinado Francisco Rafael, el mayor de los hermanos, en una fiesta infantil. El libro nos ayuda a entender no sólo el origen del CAF sino por qué las guerras entre cárteles son tan profundas, quizá debido a raíces familiares que tal vez nunca lleguen a romperse del todo. (México: Plaza & Janés, 2002; De Bolsillo, 2007; Proceso, 2012). (Nieto)

37.- DE LOS MARAS A LOS ZETAS. LOS SECRETOS DEL NARCOTRÁFICO DE COLOMBIA A CHICAGO, de Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo.- Este reportaje hace un recorrido desde la guerra en Colombia hasta las calles de Chicago, pasando por las ciudades y pueblos de Centroamérica para subir por el sur de México. El libro hace una radiografía de cómo el mercado de las drogas mueve ciertas mercancías y como éstas se venden en las calles de la Unión Americana, mientras que otro tipo de productos (armas, dinero) hacen el viaje a la inversa. El narcotráfico, como lo muestra Fernández Menéndez y Ronquillo, es un negocio siempre cambiante en el que varios grupos participan: desde la guerrillas colombianas de las FARC y el ELN, los grupos paramilitares que protegen y controlan el cultivo de la hoja de coca y su transformación en cocaína, hasta grupos centroamericanos (entre los que destacan las pandillas de las Maras). Los grandes cárteles mexicanos, cuya disputa sangrienta por las rutas y las plazas de venta, marcan el último tramo del paso de la droga hacia el Gigante del Norte. Es en EU donde la guerra es más callada, más silenciosa, pero siempre presente, a pesar de la doble moral del gobierno norteamericano en cuanto al consumo, el gran motor de esta industria del crimen. Ésta es una investigación interesante pero que deja algunos cabos sueltos, pues se nota que los dos periodistas hacen su investigación desde sus oficinas y no en el terreno, por lo que en algunas ocasiones confunden datos, nombres, alias de algunos narcotraficantes y siguen transmitiendo algunas estereotipos sobre los grupos delincuenciales, principalmente con los grupos de pandilleros. Su acierto consiste en intentar un mapa regional que permite entender la situación del narcotráfico y verlo como un problema de escala global. (México: De Bolsillo, 2006). (Moro)

38.- EL CÁRTEL DE NEZA de José Antonio Caporal.- Cuando se habla de narcotráfico, pocas personas remiten el concepto a la zona metropolitana de la Ciudad de México, cuando fue Ciudad Nezahualcóyotl, el municipio más densamente poblado del país, la cuna de uno de los cárteles más temidos. El Cártel de Neza fue fundado por una mujer, Delia Patricia Buendía Gutiérrez, mejor conocida como “Ma Baker”, en alusión a la canción “La noche de Chicago” que en esos años interpretaba la Banda R-15, y que contaba la historia de una mujer que se dedicaba al robo acompañada de sus hijos. El libro del fundador del semanario Vértigo refiere el testimonio de Joaquín Quintero, alias “El Sapo”, quien en 1998 se integró por contacto de un ex policía judicial a la incipiente organización de la “Ma Baker”, quien de la mano de sus tres hijas, comenzó a vender cocaína a raíz de que Rivelino Contreras, distribuidor en Tepito, se casó con una de ellas. Fue Rivelino quien les proporcionó también rifles AK-47 y AR-15 y hasta granadas de fragmentación para sus operaciones. La organización creció cuando “El Águila”, ex policía judicial estatal, y su madrina, “El Pato”, se relacionaron con sus otras dos hijas. Fue “El Águila” quien buscó la ayuda del encargado de la Policía Judicial Federal en Neza, para obtener protección de comandantes y magistrados, y convertirse así en una de las pocas organizaciones locales de tráfico de estupefacientes que nació, creció y se diluyó sin pertenecer oficialmente a otras grandes organizaciones. El libro de Caporal ofrece al final un organigrama para entender mejor la estructura de dicho cártel, incluido a “Don Benja”, temible sicario de la tercera edad. El Cártel de Nez se publicó en 2003 bajo el nombre de “Cárteles protegidos”. (México: Grijalbo/Editorial Proceso, 2012). (Nieto)

39.- AQUÍ NO ES MIAMI, de Fernanda Melchor.- Hay un error en quien considera Aquí no es Miami, de la joven escritora veracruzana Fernanda Melchor, como el modelo a seguir para narrar periodísticamente la violencia en México de los últimos años. Y lo es porque esta colección de textos no son en realidad crónicas periodísticas sino relatos literarios que toman del periodismo de investigación apenas lo mínimo para configurar su verosimilitud. Es decir, varios de los textos vertidos aquí proceden de investigaciones hemerográficas pero no del reporteo de expedientes reales ni de investigación de campo. La misma autora ha declarado que le aburre el dato duro. “Lo que me interesa es contar una historia, encontrar una forma que sea atractiva para el lector, que sea emocionante”. Cuando Melchor afirma que escribe crónica como forma de desahogo, surge la duda de si un verdadero reportero escribiría sobre la violencia para desahogarse líricamente. Ese desdén por el dato real, provoca que el lector dude de lo fidedigno de sus textos. Y justo ese es el juego de Melchor: usar el periodismo para desgastar el concepto de realidad, lo que la hace quedar muy bien con sus pares literarios pero no con sus compañeros reporteros que en Veracruz han expuesto la vida al hablar de narcotráfico, oficio que la autora parece desconocer como cuando señala que la Reina del Carnaval de Veracruz de 1983, Evangelina Tejera, mató a sus hijos estrangulándolos, contradiciéndose al señalar líneas abajo que “según las periciales legistas” (sic) la muerte fue causada por “traumatismo craneoencefálico con fractura y hemorragia interna”, no estrangulamiento. En la página 73 hay un yerro mayor cuando señala que Fito, un aspirante a sicario, ingresa a “La Compañía”, es decir a Los Zetas, mediante “una entrevista”. “¡Aquí vienen a chambear hijos de la chingada!, bramaba el patrón, gerente” (sic) de la plaza y prófugo reciente del penal de Saltillo, nada más ni nada menos que Ezequiel Cárdenas Guillén, mejor conocido como Tony Tormenta”. Huelga decir que ningún cártel llama “gerente” a un jefe de plaza y ningún reportero señalaría a Ezequiel Cárdenas como miembro de Los Zetas, sino líder del Cártel del Golfo, acérrimos rivales desde marzo de 2010, año en el que Tormenta muere tras ocho horas de tiroteos, acto en el que por cierto, fallece un periodista. Melchor también asegura que en los cárteles se le llama “técnico” (sic) a quien se encarga de corroborar la pureza de la cocaína. Tampoco sabe que dar “una tunda en las nalgas desnudas con un leño” se llama “tablear”. La autora cierra su crónica relatando que Fito resultó tan buen elemento que lo ascendieron “a otro departamento (sic) dentro de La Compañía”, como si un cártel fuera una tienda departamental. Para Melchor cualquier construcción del lenguaje es una ficción, “desde la poesía hasta la nota informativa”, lo cual es irresponsable cuando hay muertos de por medio. Para la autora, nombres, expedientes judiciales y muertes son prescindibles, y tal vez lo sean dentro de la estética literaria pero no en el periodismo. Es verdad que estas crónicas –a los que debería llamar más bien cuentos- manifiestan un buen trazo prosístico, pero es menester señalar que se tratan de falsas liebres y que su estrategia consiste en eliminar los vestigios de veracidad para constituirlos más en piezas literarias que en crónicas periodísticas. (México: Almadía/El Salario del Miedo/UANL, 2013). (Nieto)

>>TESTIMONIO Y ENSAYO<<

40.- ME DICEN LA NARCOSATÁNICA, de Sara Aldrete.- Mucho antes de la llamada “Guerra contra el narcotráfico”, un caso sobre tráfico de drogas ocurrido 15 años antes, el 11 de abril de 1989, en pleno sexenio de Carlos Salinas de Gortari, sacudiría la opinión pública nacional. Agentes de la Policía Judicial Federal realizaron el hallazgo de un cementerio clandestino en el Rancho Santa Elena -a 30 kilómetros de Matamoros, Tamaulipas-, con 13 cadáveres sometidos a ritos vudúes, varios de ellos mutilados, con lo que se presumía incluso actos de canibalismo perpetrados por un grupo de narcotraficantes a quienes se les encontraron armas, vehículos de lujo, joyas y drogas. En ese rancho, las autoridades encontraron un templo donde se encontraron cráneos y señales de ritos también con animales. Entre los nueve miembros de esta secta, se encontraba una mujer, Sara María Aldrete Villarreal, quien confesó fomar parte de la “santería cristiana” que incluía santos católicos pero también el “Palo de Mayombé”. De acuerdo a la investigación, el grupo operaba bajo las órdenes de Elio Hernández Rivera quien buscó la protección santera de Adolfo de Jesús Constance, quien realizaba sacrificios humanos en las que participaban presuntamente políticos, artistas y narcotraficantes. Constance llegó a cocinar a sus víctimas en una olla llamada nganga. Los medios de comunicación señalaron a Aldrete, de 24 años, de ser quien enganchaba a las víctimas, siendo incluso ella, Elio y Constance los sacrificadores. En el libro que Aldrete publicó 11 años después de ser encarcelada en el Reclusorio Femenil Oriente, intenta deslindarse de dichas acusaciones y limpiar su imagen, aduciendo haber sido secuestrada al momento de realizarse el hallazgo. Dicho testimonio fue confeccionado en el taller de la escritora Josefina Estrada, quien impulsó a Aldrete a usar sus facultades narrativas que la llevaron en 2004 a ganar un tercer lugar en el Concurso Nacional de Cuento “José Revueltas” y mención honorífica en el Salvador Díaz Mirón de Poesía a nivel penitenciario. “Me dicen la narcosatánica” está escrito en clave confesional con herramientas narrativas casi novelísticas. Al final, el lector, saca su mejor conclusión. La pena de Aldrete de 647 años de prisión, fue reducida a 50. (México: Editorial Colibrí, 2000). (Nieto)

41.- CANTAR A LOS NARCOS. VOCES Y VERSOS DEL NARCOCORRIDO, de Juan Carlos Ramírez-Pimienta.- El corrido de “El Pablote”, como se conoció a Pablo González, esposo de “La Nacha” Jasso, la primera narcotraficante mexicana, podría considerarse la composición musical pionera con temática de narcotráfico de la que se tenga registro. Grabado el 8 de septiembre de 1931 por Norverto González en El Paso, Texas, junto con su autor, José Rosales, este corrido ha sido interpretado por conocidos cantantes como el Charro Avitia, y precede a “Por morfina y cocaína” y “El Contrabandista”, grabadas en 1934. Desde entonces el corrido sobre narcotráfico ha pasado de ser una crónica de la realidad a enaltecer la figura del narcotraficante. “Más que demonizar estas producciones culturales, conviene estudiarlas”, nos dice Ramírez-Pimienta, investigador de la Universidad Estatal de San Diego, quien analiza cómo el corrido reconstruye un hecho histórico, como el caso de Los Tigres del Norte cuyas canciones se han convertido en íconos de la cultura mexicana contemporánea. Ramírez-Pimienta revisa los corridos a Rafael Caro Quintero y a la muerte de Enrique Camarena. Capítulo aparte merece la figura de “Chalino” Sánchez, corridista que pasaría a la historia como uno de los cantantes más escuchados por la nueva generación de jóvenes mexicanos en Estados Unidos. Chalino fue asesinado en 1992 durante una presentación dejando un legado de más de 150 narcocorridos que componía por encargo. Él mismo era ex convicto y adepto a las armas de fuego. Sorprende el capítulo “Oaxaca también compone corridos”, tradición donde se hermanan los ritmos de la música norteña con letras de narcotraficantes locales, como los Díaz Parada, ensalsando la aspiración de trocas, mujeres y dinero en el sur, aunque también la valentía de regresar a tierras indígenas tras la migración a Sinaloa y Estados Unidos. El libro ya no alcanza a abundar sobre el fenómeno del “movimiento alterado” que transculturaliza la violencia del norte del país y las comunidades latinas en Estados Unidos con letras sumamente explícitas (México: Temas de Hoy/Editorial Planeta, 2011). (Nieto)

42.- EL KARMA DE VIVIR AL NORTE, de Carlos Velázquez.- Si bien, a últimas fechas la crónica como género se relaciona con piezas de corte periodístico alrededor del narcotráfico, en el libro de Velázquez, el eje de la narración se decanta por la idea de testimonio como habitante de Torreón, varias veces considerada una de las ciudades más violentas del mundo, por ser territorio en pugna de Los Zetas y el Cártel de Sinaloa. Lo particular en la prosa de Velázquez es el desparpajo, la idea de que nada es trascendente, incluso vivir dentro de un campo de guerra. Aunque hay referencias al mundo real (el gobernador Humberto Moreira, el equipo de futbol Santos) el discurso de Velázquez es literario en su sentido más posmoderno, con referencias a Borroughs, Pedro Juan Gutiérrez, Kerouac, López Velarde, Pink Floyd, Judas Priest, Patti Smith o Charly García (parafraseado en el título del libro). Queda claro que el autor vive en un mundo más cercano a las referencias mediáticas que al periodismo. “En menos de siete días la violencia me había desecho los nervios más de lo que la mafia y su familia se los había destrozado a ‘Tony Soprano’ en seis temporadas”, asegura. La referencia refleja que Velázquez vive el mundo real como una construcción ficcional. “Rodrigo Fresán había afirmado que The Wire era ´una serie trabajosa. Sobre el trabajo´. Me preguntaba sobre qué trata la serie que Torreón transmitía al mundo”, confiesa. La clave es que Velázquez tiene como objetivo crear un personaje literario de sí mismo. Capítulos como “Vi coger a un sicario” hablan más de él que de lo que realmente sucedió en Torreón. A lo gonzo, en Velázquez la experiencia junkie sustituye a la investigación. El autor solo estudió la preparatoria pero ha logrado una prosa que para muchos ha sacado del ostracismo a la literatura mexicana. “La escuela no otorgaba poder”, dice Velázquez en una de sus crónicas. Y es verdad, el poder le llegó de esa forma, sin necesidad de cursar la escuela. Esa fue su apuesta y le ha funcionado. (México: Sexto Piso, 2013). (Nieto)

43.- CAMPO DE GUERRA, de Sergio González Rodríguez.- Merecedor del Premio Herralde de Ensayo 2013, aborda la guerra contra el narcotráfico como parte de un conflicto que trasciende las fronteras de nuestro país. Este conflicto es analizado así desde las posiciones geopolíticas de Estados Unidos, principal consumidor de sustancias tóxicas a nivel mundial, pero también el principal exportador de armas con las que se nutren las organizaciones delincuenciales a nivel continental y el lugar donde estas mafias lavan millones de dólares todos los años producto de sus actividades ilegales. Para EU, el narcotráfico es considerado una amenaza de seguridad nacional, por tanto el enfoque con el que lo aborda es, por un lado a través de una visión militarista y de control, y por otro, desde el enfoque de un problema regional que debe atacarse desde la posición y la visión de cada país y no como un problema global. Así, en Colombia o México, se ve el tema como un problema de salud pública más que de seguridad pública. Esto significa impulsar una guerra a nivel continental, donde México es solo un campo de batalla más. González Rodríguez hace en este libro un recuento sobre los cambios de las políticas de seguridad y de la filosofía que se encuentra detrás de esta política. A partir de la declaración de la guerra contra las drogas en los años setenta del siglo pasado, el gobierno norteamericano impulso una visión de control territorial en América Latina que venía a reforzar el ya aplicado para controlar las riquezas naturales del subcontinente, necesarias para el buen funcionamiento de la industria y de la economía norteamericana. En esta lógica, el narcotráfico se convierte en una batalla en el que el gobierno de EU busca impedir que alguno de los grupos de narcotraficantes adquieran demasiado poder y subviertan e inclinen la balanza hacia el otro lado (México: Anagrama, 2013). (Moro)

44.- SOLO LAS CRUCES QUEDARON. LITERATURA Y NARCOTRÁFICO, de Ramón Gerónimo Olvera.- Si alguien ha entendido que la narrativa sobre narcotráfico es digna de un estudio serio es Ramón Gerónimo Olvera, quien en este libro hace un repaso a autores como Fernando Vallejo, Jorge Franco, Arturo Pérez-Reverte, Don Wislow, Laura Restrepo, Víctor Hugo Rascón Banda, Yuri Herrera, Luis Humberto Crosthwaite, Élmer Mendoza y Martín Solares. Olvera denuncia el encasillamiento de la crítica literaria que ha descalificado estos registros llamándolos “narcoliteratura” y acusándolos, en el caso mexicano, de explotar estereotipos norteños. En primer lugar, señala Olvera, “ni por asomo eso que les ha dado en llamar narcoliteratura es exclusivo de escritores norteños”, como lo demuestra Yuri Herrera, nacido en Hidalgo. En cuanto a Mendoza, “el título de narcoliteratura queda corto para los postulados que Élmer sintetiza”. Por otra parte, “¿cómo denominar a una corriente de escritura que lo mismo toma estructuras de la novela policiaca que utiliza pastiche con claros guiños posmodernos o que acuden a la intertextualidad?” Para Olvera, “la narrativa sobre la violencia en México muchas veces logra desplegar el mapa de la existencia”. Con este eje crítico, separa literatura de espectáculo, y esboza que en el caso de La virgen de los sicarios lo que priva es la figura del “héroe abyecto”. En cambio, en Rosario Tijeras hay “excedente, movimiento y consumo fácil”. Olvera no desdeña La reina del sur. Por el contrario, encuentra la lectura de una Malinche mexicana. En Contrabando la posibilidad de metaficción y las muchas formas de contar una historia. Este libro plantea un análisis preciso. El ensayo aparece en una editorial independiente en coedición con el Instituto Chihuahuense de Cultura, en una de las localidades más azotadas por el narco en México. (México: Editorial Ficticia, 2013). (Nieto)

———

+ Libros del Narco: ficción.
+ Reportaje: Violencia enmarcada en la literatura mexicana