Entrevista a Lorea Canales, autora de Los perros

Quería mostrar que la violencia no es intrínseca a nosotros: los mexicanos no inventamos a los decapitados.

Por Nahum Torres.

Un thriller. Dos hermanos. El menor (‘Miguel’) es un empresario transportista que aprovecha la coyuntura política para enriquecerse. El mayor (‘Jorge’) es casi un hippie, y al ser encarcelado decidirá permanecer en prisión hasta la muerte. La novela se titula Los perros, segunda obra de la abogada y escritora regiomontana Lorea Canales, quien ha retomado aspectos de la clase económicamente privilegiada así como de la vida carcelaria del México contemporáneo para mostrar una tragedia familiar y social en la que el intrincado de ambición ha desquebrajado cualquier gesto de bondad. En algunos momentos, la autora intercala parajes literarios de violencia como una manera de demostrar, desde la ficción, que la violencia ha existido mucho antes de cualquier guerra institucional contra el crimen organizado.

“Corolario” fue un título tentativo, ¿en algún momento pensaste hacer una serie de tu anterior novela?
Es una palabra muy bonita y muy poética. La definición normal es “una causa que sucede después de otra”, yo sentía que el daño que se hacen entre los hermanos (de la novela) y el daño que nos hacemos en México son daños corolarios, de acciones no planificadas, sin intención, pero que se va expandiendo afectándonos a todos los mexicanos. Sin embargo, el título no le gustó a los editores, no tenía punch…

En la novela sólo una vez el personaje ‘Magali’ recurre a la primera persona, mientras que el personaje ‘Jorge’ habla todo el tiempo en primera persona…
Con respecto a ‘Magali’ quería poner la imagen de ella encontrando un valor interno pero me era muy complicado desarrollar toda una escena infantil. ‘Jorge’ era un personaje muy difícil para mí porque nadie quiere estar en la cárcel a propósito y cómo es que una persona que tiene recursos para salir no accede a ello. Era difícil mantener la trama, la huelga de hambre, el pasaje homosexual -porque hay personas que le tienen aversión a eso y yo quería que causara simpatía. Todo el cambio a primera persona lo hice muy al final. Yo la escribí en tercera (persona)…
Hay una máxima que me gustó mucho que es: para el personaje que más se parezca a ti usa la tercera y para el personaje que menos se parezca usa la primera. Es una cosa como de escuela de escritura, pero siempre tengo presente los distanciamientos.

Regresando a ‘Magali’ y tomando en cuenta tu primera novela (Apenas Martha) que es una ficción sobre el mundo femenino, en Los perros las mujeres juegan papeles secundarios: prácticamente ‘Magali’ no toma decisiones, la mamá tiene actividades nimias…
Con Apenas Martha hice mi venganza. En ella las mujeres son las actoras principales como respuesta a que la mayoría de las novelas son escritas por hombres y los personajes femeninos son patéticos y débiles; como mujer era una ofensa que tuve que resarcir. Para Los perros mi intención era reflejar el México contemporáneo: uno de los grandes problemas que tenemos es el machismo, entonces no era necesario involucrar la figura femenina. Puedo decir que para el personaje de ‘Magali’ escribí más -dejé como 100 hojas en el tintero- pero era muy fácil escribir sobre ella y finalmente, me di cuenta que no era su novela, entonces acoté el personaje a su relación con ‘Miguel’ y ‘Jorge’.
Con respecto al personaje de la mamá retomé un consejo de un escritor que me tomó muchos años entender: “Lo que no escribes es más importante que lo que escribes“; entonces la mamá casi no está presente, pero ¿sabes?, la fuerza que tiene ella sobre ‘Jorge’ es reflejo de estos matriarcados de mamás pasivas-agresivas que sin tomar ninguna decisión traen “amarrados” a los hijos a un mandato berrinchudo. Son madres castrantes. Y eso creo que sí está en la novela, la imagen de una mala madre.

¿Los perros está escrita en un contexto específico?
Con mi primera novela aprendí que los tiempos editoriales no son los que uno tiene como escritor. Entonces tuve mucho cuidado porque quería que fuera una lectura muy vigente y, al mismo tiempo, se pudiera leer en 20 o 30 años. Seguramente está marcada por una época, eso es inevitable, pero no quería que fuese algo manifiesto, entonces no puse detalles temporales.

Sin embargo, el grado de descomposición social que se relata sí puede tener un contexto…
Los últimos años del calderonismo, si lo quieres ver así, cuando ya sabíamos lo fallido de la estrategia de la guerra contra el narco, de los números espeluznantes de 60 mil muertes. Yo jamás creí que esa era una forma de controlar el país, pero tuvo que haber gente que creyó en ello. La vuelta de Peña Nieto -que me parece peor de nefasto- redobla la apatía, el sentimiento de angustia, de desconsuelo… La novela estaba escrita antes de las elecciones (de 2012), pero era inevitable ese resultado, que es igual: de un México sin esperanza.

Para el personaje de ‘Jorge’ intercalaste tres imaginarios de muerte, dolor y desesperanza en los que no existe ni Cielo ni Infierno…
Existen parajes: el del ahorcado, el del decapitado… Lo que sucede con ‘Jorge’ es que está reflexionando cómo funciona el poder -del narco, del Estado, del dinero- y la violencia. Quise ofrecer una perspectiva que saliera del contexto nacional y también del contexto contemporáneo; es decir, estas luchas de poder y violencia han existido en muchos momentos, en todo el mundo, en tiempos de crisis. Quería mostrar que la violencia no es intrínseca a nosotros: los mexicanos no inventamos a los decapitados.

En la novela hay aspectos sociológicos interesantes. Uno de ellos es que retomas el auge sanjudero. ¿Piensas que en México se vive una causa perdida?
En la cárcel es ya evidente la división que existe entre los que le van a la Santa Muerte y los cristianos. La figura de San Judas Tadeo es muy venerada también. Me imagino que lo sienten como una causa perdida. Quizá en ese capítulo intenté darle algo de humor como mecanismo de defensa personal a algo que para mí es muy sórdido.

“La relación del dinero y la violencia es el idioma universal del poder”…
Y mientras más piensas en esos términos, más te das cuenta por ejemplo, que Estados Unidos está todo los días utilizando la FUERZA para un beneficio económico. Hay que ver lo que esto genera para los demás países.

Sergio González Rodríguez escribió que “Los perros expone la alegalidad que vive nuestro País”.
Creo que “le dio en el ajo“. Considero que Sergio es uno de los escritores más brillantes que tenemos y que él opine me parece importante. Hay muchos escritores con avidez estética pero que sus textos están muy fuera del contexto real en el que estamos. El hombre sin cabeza se me hace el libro de ensayos más importante.

“¿En qué momento nos encontramos con la realidad?” se pregunta a sí mismo uno de los personajes, esta frase me hizo pensar que ante la realidad social y política ni el periodismo ni la literatura pueden hacer gran cosa…
Hay tanta miseria que no la puedes ni asimilar. Y nuestras autoridades están sobrepasadas en todos los sentidos y a la vez no están haciendo su trabajo. Es un vacío terrible. Sin embargo, creo que es esencial escribir -aún desde el punto de vista utilitario- porque el arte simplemente enriquece la experiencia humana y en ausencia del arte queda una cosa desprovista de todo sentido. Entre mejor periodismo tengamos más informados estaremos y funcionaremos más como sociedad. Con la literatura es lo mismo, no encuentro otra forma de poder empatar con otras experiencias.

¿Los perros sirve para #leerMexico?
Mientras no aprendamos a vernos a nosotros mismos… Fuera de todo marketing, el tema de México no solo es fascinante para los mexicanos sino para los extranjeros.

¿Existe la literatura coyuntural?
Creo que hay un problema de calidad más no de contenido y en la medida que hagamos más cosas de calidad, que provoquen su lectura… Rulfo, Fuentes, Pacheco, Paz son referentes pero sus obras ya no abarcan lo que está sucediendo. Ahora hay muchos escritores como Yuri, Ortuño, Páez Varela…, que estamos en ese esfuerzo, en ese reto.