Víctor Muñoz

Algo destacable del escritor guatemalteco Víctor Muñoz es que posee una habilidad nata para representar (y tocar) las fibras más profundas y reflejar nítidamente las emociones humanas por medio de su escritura. Cuando leemos un libro suyo es muy fácil vernos reflejados en sus personajes e identificarnos con sus penas, alegrías e inseguridades, manías y rituales. Su oído para escribir diálogos convincentes y su manejo del lenguaje coloquial (ojo, que coloquial no significa vulgar) son envidiables“, escribió recientemente el narrador Byron Quiñónez sobre el novelista, cuentista y poeta guatemalteco.

Muñoz nació el 12 de noviembre de 1950. Sus textos están cargados de humor e ironía, siendo su fuerte los relatos breves. Sus primeras obras aparecieron en la década de los setenta, a partir de la publicación de un relato corto semanal en el diario El Imparcial. Entre sus libros de cuentos están: Atelor, su mamá y sus desgracias personales (1980), Yo lo que quiero es que se detenga el tren (1983) y Cuatro relatos de terror y otras historias fieles (2001).

En 1985 publicó Instructivo breve para matar al perro, libro con el que, según el escritor Luis Aceituno, “se hace patente la maduración de su oficio y de su estilo, y en donde se aleja de los retratos de costumbres, para incursionar en las neurosis de la sociedad urbana guatemalteca. Aquí su humor deja de ser amable, y empieza a tener ese tinte negro y amargo que le caracterizan.”

Su primera novela, Todos queremos de todo (1995) retrata la vida partidista guatemalteca. Su segunda novela: Sara sonríe de último recibió el Premio de Novela “Mario Monteforte Toledo” (1998). En 2004 publicó Collado ante las irreparables ofensas de la vida, que obtuvo una mención en el I Premio Nacional de Novela Corta “Luis de Lión”.

Víctor Muñoz

Foto tomada de PrensaLibre.com

Su libro de cuentos Postada: ya no regreso (Magna Terra editores, 2006) es, en palabras de Aceituno, “un brillante testimonio de la depuración y la fuerza de su estilo. En él, el autor abandona el tono coqueto y casi carnavalesco que definió sus primeros trabajos, para sumergirse en un clima a ratos cercano al realismo sucio, a ratos deudor del absurdo kafkiano. Atmósferas opresivas, historias miserables, seres perdidos en los más tristes recovecos de la existencia. Relatos de terror, en donde el horror surge de lo ordinario que puede llegar a ser la vida. La mayoría de los cuentos están centrados en las relaciones familiares, en una serie de pequeñas tragedias, de aquellas que se cuentan a media voz en las sobremesas o en la semioscuridad de las salas de estar o de los zaguanes”.

Según el escritor Gerardo Guinea: “Muñoz ha construido a lo largo de varias décadas una sólida obra, caracterizada por un ejercicio fascinante y riguroso en el tratamiento de temas decantados por una mirada extraña y ácida de la fallida modernidad nacional. Autor referencial, sus cuentos y novelas son un fiel retrato del fracaso sentimental y existencial de la clase media guatemalteca y sus obras son portadoras de un humor poco frecuente, el cual puede denominarse como ejercicios de lucidez y genio corrosivo, tan presente en la vaga y melancólica conducta de sus personajes.”

A fines de octubre 2013 Víctor Muñoz recibió el XXVI Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”, por su amplia y sólida trayectoria, galardón con el que, a decir de Pamela Guinea, se le reconoció en dos ejes, como “el hombre sencillo y el escritor contundente.”
Su más reciente novela se titula La noche del 9 de febrero, ambientada en la Guatemala de los años 70. Una obra dolorosa y profundamente humana en la que se relaciona la tragedia y la guerra civil.