Temporada de jabalíes, de Gilda Manso

Por Ignacio Sapia.

En Temporada de jabalíes, su tercer libro de cuentos, Gilda Manso perfecciona lo que hizo en Primitivo ramo de orquídeas (2008) y en Matrioska (2012): ficciones breves, punzantes y precisas, donde en poca extensión crea un mundo muchas veces ambiguo, pero siempre satisfactorio, sorprendente.

En sus cuentos breves (el más largo del libro -Por favor, dígame por qué- alcanza las cuatro hojas) Manso despliega un universo propio, donde elementos fantásticos se cruzan con registros y personajes cotidianos. Los ecos de cada uno de los cuentos del libro siguen sonando después de terminada su lectura.

Las narraciones de Temporada de jabalíes pueden dividirse en tres categorías. La primera está conformada por los relatos de corte realista, de situaciones cotidianas. Por ejemplo en Guillermo Juárez el paciente, donde el director de un hospital tiene que elegir al mejor de sus médicos para que se encargue de Juárez, un torturador, “uno de los mayores hijos de puta del país”. O Un auto caro, en el que la vida cotidiana de una villa se ve interrumpida por un auto, con un chofer y una rubia muy linda en la parte de atrás que recluta a un hombre para “un trabajo”. Con un lenguaje austero y cálido, Manso narra personajes y situaciones y deja abierto el final.

La segunda categoría la integran los relatos fantásticos. Sin embargo, lo fantástico no se despliega unidireccionalmente, sino que se constituye de modos diferentes. Uno de ellos es la fauna sobrenatural: pelícanos mágicos, unicornios, mariposas gigantes. Animales fantásticos que irrumpen en la cotidianidad de una casa de familia.

Otro recurso de Manso es narrar lo fantástico a través de la extrañeza: una mujer que cada día se despierta siendo una distinta, otra que desata un terremoto cada vez que tiene sexo. A través de la extrañeza es como Manso decide contar lo femenino.

La otra manera de contar lo sobrenatural se despliega a través de una reescritura de cuentos infantiles clásicos: Manso reinterpreta Caperucita Roja, La Cenicienta y El flautista de Hamelin. En todos aparece el ánimo realista de la primera categoría: las fábulas adquieren espesor real.

La tercera manera de narrar que Manso despliega en Temporada de jabalíes no tiene que ver con el género sino con la extensión: los microrelatos, tanto los fantásticos, donde aparecen el Gulliver de Swift, o Dorothy de El Mago de OZ; o los de corte más realista, donde aparecen anoréxicas y boxeadores, Manso demuestra que sólo le bastan unos pocos renglones para crear un universo definido, con bordes y profundidad.

Con algunas reminiscencias de Alejandro Dolina (Los escondidos puede leerse como una reversión de Didascalias) e incluso con algo del humor tierno pero punzante del dibujante Liniers, Gilda Manso redondea un libro ameno, importante en los tiempos de 140 caracteres.

Manso, Gilda. Temporada de jabalíes. Argentina: MP Bucks, 2012.