House. Retratos desarmables, de Sergio Loo.

Por Katnira Bello.

Son raros los títulos que no mienten.

Raras las narrativas no lineales capaces de emocionar a estas alturas.

Raro un autor haciendo chistes sobre su novela en la contraportada de esta.

Raros los libros con tapiz incluido entre sus páginas para indicar con precisión donde va la bocanada de aire y que dependiendo del humor del lector es bidimensional o tridimensional, a veces sube, otras baja y luego se pierde de vista.

Raro descubrir casi al final del libro el verdadero sentido del tapiz y que, como toda revelación, pierda su encanto en ese preciso instante.

Aún así House no se podría describir como novela “rara”. No, rara no.

La cuestión central aquí no es lo inusual sino el ritmo, ese ritmo con el que se salta, se baila, se mira hacia ninguna parte porque todo está en penumbras o peor aún, con luces estroboscópicas. Ese ritmo memorable presente en tracks fáciles de olvidar porque lo importante no eran las rolas sino el baile.

Sonia, Luis Rafael, Octavio y Ricardo son los personajes que dan razón de ser al subtítulo Retratos desarmables. Son ellos los que se van armando a cachos conforme avanzamos en la lectura, los que en su interacción se han modificado mutuamente, los desarmados e imposibles de reensamblar porque están rotos, como cualquiera.

El personaje principal no es ninguno de ellos, sino la pieza de house que se crea mezclándolos a excelente ritmo y con buenos beats. Cada uno habla exclusivamente de lo suyo, son un conjunto de sonidos periféricos potenciados con reverbs que se extienden a lo largo de la novela.

Está el que observa su presente, toma café, rememora vívidamente su pasado, enlista palabras para calmar los nervios, va a trabajar, analiza temas diversos y va encadenando pensamientos uno tras otro en esas líneas impecables donde se enlazan cosas que en apariencia no tendrían relación alguna. El otro que a ratos es otra, siendo fan de Almodóvar, charla intercalando en su parloteo diálogos exactos de las películas y a menudo imagina algunas escenas como si fueran anécdotas personales; mezclando lo real, lo fílmico, lo cómico y lo rosa. La chica es narrada por ese que todo lo mira y no perdona rincón alguno, el que todo lo sabe y todo lo espulga: sueños, secretos, secuencias de reencarnaciones, el color de los muebles o el olor del humo. Y por último está el más parco pero no por ello menos interesante, se trata de un DJ que lleva una suerte de brevísimo diario o notas mentales sobre un proceso creativo que –por supuesto- culminará en una innovación musical digna de un ¡Eureka!

También están Fobia, Gabriela y Maggie, las síncopas de este house que se lee en una sentada; porque como toda magnífica pieza, te atrapa en su ritmo de principio a fin.

Loo, Sergio. House. Retratos desarmables. México: Ediciones B, 2011.