Video+entrevista a Pablo Brescia

Por Nahum Torres y Miguel Ángel Hernández Acosta.

A fines de 1997, la UNAM publicó La apariencia de las cosas, del narrador Pablo Brescia: un extraño libro de papel intonso con relatos que son un mundo en sí mismo y que aún sorprende por el atrevimiento de sus formas y contenidos. El tomo es un artefacto lúdico que ejemplifica a la perfección que su autor no es un escritor de géneros. “Me parece que soy más un escritor mixto, de híbridos“, sentencia Brescia desde Tampa, Florida, a través del monitor que posibilita esta charla.

En aquel libro, Brescia jugaba con el lector exigiéndole una atención profunda para entender las bromas culteranas que había realizado. La apariencia de las cosas es, por decirlo de alguna forma, un volumen de relatos que adquiere su significado hasta el final: se trata de un laberinto que nos conduce a través de su belleza, pero sin dejarnos comprender a dónde vamos. Con el punto final, sin embargo, cualquier duda queda resuelta: “Hay un juego con el lector. Se cuenta lo mismo 28 veces, y justo el cuento que no cuento es el último. Me parece que sí es un artefacto que se puede leer en dos partes o de manera secuencial o de muchas maneras, la idea del último texto era hacer intervenir al lector, quien será el que armará el recorrido“, explica el también profesor de literatura especializado en cuento.

Una “coincidencia” marca estos relatos reunidos: la mayoría de las veces el narrador en primera persona termina diluyéndose y la historia, al final, es contada por otro personaje: “Tiene que ver con la búsqueda de alguna revelación final” nos dice, “un poco más tamizada a como sucede en el cuento clásico para que no se sintiera efectista, con ánimo técnico, sino que tuviera que ver con la historia en sí. Quería jugar un poco con la voz del narrador. Recuerdo que hay un cuento de Borges, La forma de la espada, que tiene justo esa estructura: el narrador se nos revela como una especie de sorpresa y eso causa un cataclismo en la manera de contarla“.

Pasaron casi 15 años entre la publicación de La apariencia de las cosas y Fuera de lugar, y la pregunta inmediata es saber ¿qué sucedió en ese tiempo? “Para responder en términos vitales: pasó que la vida me pasó por arriba“, dice Brescia, riendo para sí. Comparte que su carrera se relacionó con la lectura crítica y la academia -es autor de la monografía Modelos y prácticas en el cuento hispanoamericano: Arreola, Borges, Cortázar (2011)-, pero continuó publicando en antologías de narrativa -entre otras, Se habla español: voces latinas en USA (2000) y Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño (2005)-, al lado de autores “con más obra y mayor visibilidad“, reconoce sin complejos porque esa ansiedad que genera no desaparecer de “la escena literaria” se ha extinguido en él y todo este tiempo (11 años) le funcionó principalmente “para desembarazarme de los disfraces del primer libro y adquirir los disfraces del segundo“.

Una frase del cuento Salto mortal que integra La apariencia de las cosas sobresale durante la lectura: ¿Será que en “los límites entre la alucinación, el sueño y la realidad todo es una ficción?
A mí me gusta transitar esa zona, de límites“, responde entre risas, ya que considera que se trata de “una pregunta pesada“. “Si me obligan a dar una respuesta diría que sí, todo es ficción, porque cuando estás en ese territorio, resulta muy complicado separar la dimensión de lo que es alucinatorio, extraño, porque juega mucho la subjetividad. Yo diría, mejor, que todo es relato; todo es una manera de armarse una historia“, sostiene.

Pablo Brescia

Este camino de alucinación, que en La apariencia de las cosas se acomoda en la fantasía y no en lo fantástico (pues lo extraño es parte de la cotidianidad y no un hecho aislado), sucumbe ante este último género en Fuera de lugar (Borrador editores, 2012). En él, Brescia retoma la tradición norteamericana del cuento y reúne temas que, desde lo cotidiano, revelan mundos fantásticos. En estas narraciones encontramos un dramatismo alejado de lo lacrimoso y su autor logra también conformar personajes que no sienten pertenecer al mundo que los rodea. “En Fuera de lugar el estilo es más despojado. La ironía tiene más capas e incluso lo fantástico también tiene más capas. Me interesaba la cuestión de duda e incluso hay muchos fantasmas y creo que el lector no sabe bien que es lo que está pasando: si el personaje alucina o qué, y esa es la idea porque el drama cotidiano está lleno de presencias y de ausencias“.

Escribes que “los fantasmas son huecos llenos de nada, que duelen…”Es algo que me rondaba. También hay fantasmas en la historia de Argentina, una historia que yo no vi y eso es una ausencia que no se puede subsanar. Me gustaría que alguien escribiera algo sobre eso que ‘pudo haber sido y no fue’ porque siempre está presente esa pregunta de lo que habría pasado si yo hubiera permanecido, porque cuando vuelvo a Argentina hay una sensación muy rara: el Pablo Brescia que ronda por ahí, que se quedó y que no conozco…“.

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