Entrevista a Isaí Moreno

Por Miguel Ángel Hernández Acosta.

Cuenta la leyenda que cierto día Daniel Sada le dijo a Isaí Moreno (Ciudad de México, 1967) que era hora de que abandonara su taller literario: “Ya no puedo enseñarte nada. Tú no debes asistir a un taller, sino dar un taller”, le habría comentado. Por entonces Moreno ya había publicado Pisot. Los dígitos violentos (Lectorum/Conaculta, 2000; versión e-book: Malaletra Libros, 2011; Ediciones Fósforo, 2013), novela que se había hecho acreedora al Premio Juan Rulfo 1999 y la cual había obtenido el galardón “por su notoria originalidad, su erudición sutil y la prosa diáfana y elegante con que explora el mundo de la ciencia y nuestro pasado colonial”. La historia trata sobre ‘Policarpo de Salazar’, “relojero, calculista y asesino” quien aterró el tiempo donde vivió por las muertes que provocó así como por tener extraños objetos pendulares que nunca dejaban de moverse. Pisot es un curioso libro que entre la erudición y el exceso lingüístico se transforma en una narración con tintes policiacos, de terror y hasta cómicos. Es, como advierte el narrador en cierto momento, una historia donde “la maldad se nutre de las nieblas de las leyendas” y donde al hablar del hombre se habla también “de las ideas, de la lluvia de sueños que deja éste tras su muerte; es también hablar de sus problemas y sus dudas”.

Un lustro después, Isaí Moreno publicó Adicción (Joaquín Mortiz, 2004), novela en la que exploraba la humanidad de un camarero que servía a una especie de Vito Corleone y a cuya hija cuidaba. Además de poseer una visión de artista, este personaje reflexionaba constantemente sobre su rededor y el narrador podía filosofar sin que ello repercutiera en la agilidad del relato: “Si hubiese hecho una pregunta a ese chino sé lo que me habría respondido: ¿Qué sentido tiene conocer la contestación a tu incógnita?: el mundo es más interesante con tu pregunta que con la respuesta que puedas encontrar”.

Con El suicidio de una mariposa, publicado a fines de 2012 por editorial Terracota, Isaí Moreno ha entregado una novela que, por su singularidad y contenido, se convierte en un retrato humano entrañable. El casi protagonista ‘Antonino’ es un niño que vive rodeado por la violencia del mundo: real, social y psicológica. Frente a él ‘Saúl Castellán’, el personaje principal de la historia, asume el papel de malviviente que le enfunda la madre de ‘Antonino’; de amigo, de acuerdo a la visión del padre del niño, y de guía espiritual, para el propio Antonino. ‘Saúl’ es un joven que de repente se cuelga la chamarra al hombro en un dejo a la James Dean, pero también es un hombre que cree que el conocimiento puede reivindicar a los humanos, de ahí que le compre revistas a ‘Antonino’ cuando descubre que el niño las desea; de ahí que le dedique partes de sus tardes para platicar con él; y de ahí que lo defienda del terror que significa el mundo.

Con rastros formales y estructurales semejantes a El innombrable, de Samuel Beckett, El suicidio de una mariposa es un libro que nuevamente bucea en las razones filosóficas que impulsan los destinos humanos, así como en temas universales como el odio, el perdón y la culpa. Además, es una novela que recupera al narrador eficiente de las anteriores novelas y condensa la madurez adquirida a lo largo de su proceso creativo dando como resultado un libro mínimo en tamaño pero gigante en su contenido y en sus posibles lecturas.

Por lo anterior, en SuplementodeLibros, platicamos con Isaí Moreno para conocer un poco más de este narrador, quien además de catedrático, fotógrafo e investigador, consigue con esta última novela uno de esos libros a los que dan gusto acercarse. Del diálogo con el autor, obtuvimos respuestas en torno a los siguientes temas:

* El suicidio de una mariposa
La novela estuvo 12 años en el cajón del escritorio. Hice un intento de desaparecerla, de hecho la desaparecí, porque me desagradó el tratamiento que le había dado. Pero tuve la fortuna de encontrarme un disquette de 3 ½ pulgadas; y tuve curiosidad por saber qué tenía el disquette (me dije “no sé qué tendrá, pero deseo ver por qué lo tenía guardado”). Fui a un café internet y ahí encontré el archivo de esa novela, la rescaté, la leí de un tirón, me emocioné y creí que debía retomarla. Eso pasó hace cuatro o cinco años. Después la reelaboré por completo, quizá ya con mi visión más actualizada del mundo, de mi postura hacia la novela.

* La violencia
Es un tema que me persigue. La he abordado de múltiples formas, intentando no caer en el tremendismo. Soy muy cuidadoso al tratar mis mundos particulares, no permeándolos con eso que nos rodea, con esa violencia mediática a la que se nos somete a diario. Trato que mi universo particular se desborde tal cual es y si la violencia forma parte de ello, yo la explicaría como una violencia primigenia, propia de la naturaleza humana.

* El conocimiento
Nunca tuve la intención, ni la he tenido como ser humano, como ciudadano, de que podamos ser buenas personas a partir de conocimiento. El conocimiento, a fondo, destruye. El conocimiento cuando nos obsesionamos con él, cuando llegamos al límite de él, destruye. El conocimiento es orden, y cuando ordenamos algo en un sitio provocamos desorden en otro.

* Su experiencia con el libro electrónico
Ha sido una experiencia bien interesante. Quise ver de qué modo movía un libro que ya estaba, por decir de algún modo, muerto; ya no se había reeditado, era muy difícil de hallar, y la propuesta de ediciones Malaletra fue moverlo. Me parece que fue un ejercicio como de resucitar un cadáver. Se trabajó de una manera muy rigurosa y eso me dio alegría, porque en ocasiones se cree, y no es erróneo creerlo, que la publicación electrónica es una autopublicación más que una publicación seria… Vamos, es muy fácil ahora hacerte un libro en Amazon… Y el modo en que trabaja esta editorial me pareció fascinante porque trabajan bastante duro, hombro con hombro con el autor.

* Las redes sociales y el escritor
La inmediatez que deparan las redes es muy nutritiva, sobre todo vas retroalimentándote de comentarios de los lectores; de algún modo te diagnosticas. Un lector es un ente que no se puede ver, una entidad abstracta, no sabes nada de él, y con las redes es una forma de que se materialice. Los comentarios, tanto positivos como negativos que los lectores generan, mueven el termómetro de qué tipo de recepción hay de tu obra. Creo que en ese sentido es nutritivo, estimulante y deseable.

* Cinco libros para acercarse a la literatura mexicana:

La puerta en el muro, de Francisco Tario.
Los peces, de Sergio Fernández.
Albedrío, de Daniel Sada.
Noticias del imperio, Fernando del Paso.
Soledad, de Rubén Salazar Mallén.

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