Ahogaperros: Un año con Eros díler

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Un año con Eros díler

Por Nazul Aramayo

No se necesita escribir un libro para saber que las mujeres están locas. Pero yo lo hice.
Después de un proceso editorial de un año y medio o poco más, Eros díler apareció en abril de 2012. En mayo tuve mis primeros ejemplares que oculté a mi novia. ¿Para qué confirmar sus sospechas de que, en efecto, había estado obsesionado con una mujer casi diez años más joven, más chichona y más chola que ella?

En Un arte espectral, Norman Mailer recomienda que no hay que narrar los hechos biográficos tal cual sucedieron sino que hay considerarlos como prismas fundamentales a los cuales hay que arrojarles luz para que muestren espectros más amplios que nutran personajes e historias. De lo contrario, si los hechos decisivos en nuestra biografía se vuelcan tal cual en la página, se corre el riesgo de que estos agoten sus posibilidades narrativas. Sin embargo, también da un consejo a los jóvenes que tomamos referencias evidentes de nuestra vida personal: si somos capaces de arruinarnos de esa manera y de no censurarnos y aguantar vara, vamos por buen camino.

En el transcurso de este año me he vanagloriado de que empecé a escribir esta novela para ligar. Tal vez debí decir que la motivación primordial fue para vivir. Necesitaba hacerlo para, ahora sí, poder echar los perros. La mayoría de los hombres que conozco no necesitan escribir nada, lo que me lleva a una conclusión: a un año de tener el libro en mis manos me resulta imposible conocer la diferencia entre un escritor y un demente.

Cuando presenté mi libro en la FIL de Saltillo (septiembre, 2012), el salón estuvo repleto de adolescentes del Colegio de Bachilleres de Coahuila. Hubo audiencia diversa pero los uniformados fueron mayoría y robaron mi atención a tal grado que pensé en que podía escapar con algunas morritas cuando se acercaron conmigo a felicitarme por lo que había leído y platicado. Me confesaron, a sus quince o dieciséis años, que vivían noviazgos de violencia y de harta verga. Nadie las preparó para eso. Crecen para convertirse en animales azotados, humillados, desempleados; crecen para convertirse en viejas culeras. ¿Qué les podía decir? “Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado / que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla”, en palabras de Dylan Thomas.

Dos meses después, durante la presentación en la FIL de Guadalajara, el editor Rogelio Villarreal me preguntó qué tanta influencia había de Bukowski en mi novela porque le parecía que los personajes vivían de una manera muy al estilo del viejo indecente. Contesté que la influencia había sido en mis relaciones amorosas y en la manera de beber, y que disfrutaba mucho la lectura de su obra. ¿En qué momento un libro se transforma en experiencia y biografía?

A un año de Eros díler, he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado una misma mujer. Sin embargo, recuerdo las palabras de empatía de morros que se me acercan, ya sea por redes sociales o en persona, porque leyeron la novela y encontraron algo, quizás un lenguaje que les llega, anécdotas que vivieron, palabras que ellos también traen, no sé. La conexión existe y entonces la novela cobra un poco de vida ajena a mí, dejan de ser mis pedas, mis cogidas, mis chingazos, mis maniacadas.

En un año, Eros díler parece escrito por alguien diferente. Aunque he aplicado como mantra “yo soy el Eros díler, yo soy el Eros díler” para salir de una enfermedad, emborracharme y esa misma noche enredarme con una mujer que después de ocho años de no vernos nos deseamos como enamorados.

Suelo dedicar el libro con palabras más o menos parecidas a excepción de cuando lo dedico a alguien que conozco y a quien le profeso cariño, admiración y respeto. O deseo como la vez de una presentación que tuve en Aguascalientes, mi amiga ‘la Jaiba’ me llevó a un téibol donde la pasamos de maravilla. Dediqué un libro a ‘Kihara’, teibolera que seis meses después me mandó su número de celular con ‘la Jaiba’ y dijo que esperaba verme en la Feria de San Marcos.

Porque eso también ha sido Eros díler: relaciones, amistades, encuentros, viajes. Pura sabrosura, puro vacilón. Y dos o tres quiebres psicóticos de los que sólo recuerdo ser espectador de mis salvajadas.

Descubrí que cada nueva amiga que conozco o cada vieja amiga que regresa es una puta. O eso dice la mujer que vivía conmigo y que quizás en unos días más volvamos a hacerlo. Quién sabe. La desilusión no tiene llenadero.

Finalmente el año me ha alcanzado. No ha sido un año de exceso como los previos a la escritura de Eros díler, pero ha sido un año violento. Después de lo que ha sucedido conmigo, ¿ya estoy listo para escribir una nueva novela?

La amistad se basa en gran parte en la humillación”, escribió Dostoievski en El jugador. Creo que esa es la relación entre Eros díler y yo.