El último día antes de mañana, de Eduard Márquez

Por Sergio Loo.

Al parecer, la literatura catalana va muy a otro ritmo de la castellana escrita en España. Si por un lado tenemos a Sergi Pamíes con su narrativa desparpajada, por este otro tenemos a Eduard Márquez, cuyo estilo es más bien concreto, breve, muy fino. El primer párrafo de esta novela puede ser muestra. De hecho, es lo que abre el texto de contraportada del libro y, a su vez, es la sinopsis que uno puede encontrar tanto en la página de la editorial como en todas las páginas de las librerías que lo venden (nótese la preciosura de errata que los expertos filólogos españolitos nos han regalado, tío, ¡joder!):

623 gramos. Las devuelvo. Calculo. 2 quilos y 76 gramos menos que al nacer. Con los ojos abiertos enseguida. Muy abiertos. Una mirada lo bastante conmovedora para que se me hiciera un nudo en la garganta.”

La novela narra de forma intercalada, en fragmentos brevísimos, tres momentos de la vida del protagonista: la infancia, las primeras amistades y los abusos, tanto sexuales como de autoridad, por parte de los clérigos que llevaban la escuela donde estudiaba; una juventud llena de sueños, rock, poesía, las primeras experiencias sexuales, un suicidio, la belleza de la fotografía en blanco y negro, una España postfranquista; la madurez, el divorcio, la inminente pérdida del padre. Sin embargo, la novela no trata de ello, sino del inesperado entrelace de estas épocas a partir de un personaje que llega, justamente, a marcar el último día antes de todos los mañanas.

De forma muy sutil pero sin dejar de lado un tono cotidiano en el lenguaje, Márquez traza pequeños conflictos que de golpe se resuelven todos. Una destreza disfrazada de parquedad.

Márquez, Eduard. El último día antes de mañana. España: Alianza Editorial, 2009.