El hombre de a cero, de Juan Carlos Nalvarte Lozada

Por Sergio Loo.

Lo acepto: me causan prejuicio ciertos problemas de edición: letra azul sobre una imagen que hacen ilegible el texto de contraportada, por ejemplo, la ausencia de sello editorial en portada, contraportada y lomo (sólo en la página legal aparece); foto del autor en escenario de libros (¡vaya, si no, uno cómo va a suponer que el autor tiene lecturas!), mala encuadernación (se despega el forro de las páginas), que en la ficha biográfica, en un arrebato coloquial o para darle el tono personal, se revelen genialidades como “Está convencido de que los duendes existen”. O reproches como: “Los niños buenos no ganan (2008), libro que por gracia divina nunca logró ser distribuido” (información imprescindible para un lector ¿no?, sobre todo lo de los duendes), las dedicatorias cursis y hasta en latín (“A Andreita, requisito sine quan non para una vida feliz”) sumadas a los agradecimientos tipo Miss Universo: a los padres, a los abuelitos, a los hermanos, a Jorge Ignacio Urday, Rodrigo José Villanueva, Fernando Rafae Huacasi, Hernana Valdivia, Mayte Zarco, Erick Lozada, a los TECUSCM, a Jesús Martínez Mogrovejo, etcétera (queda claro que si el autor un día gana un Óscar o algún de galardón habrá que consagrarle un día especial para él y otro para la entrega de los demás premios). Que el autor aparezca en portada (ni que estuviera tan guapo como Ricky Martin o fuera tan reconocido como Clarice Lispector u Octavio Paz), que los textos estén fechados como si fuesen diarios o documentos importantes y peor, revelen que la hechura de un texto de apenas dos cuartillas le llevó al autor de 2008 a 2010; que, en un ingeniosísimo juego de palabras, el libro se titule El hombre de a cero.

Después de tratar de no hacer una lectura prejuiciosa de este libro descubro asombrado: qué cuentos tan malos. Su mejor mérito: al menos son cortos. No van a ningún lugar, son ramplones, de finales sacados de la manga: “Escucho gemidos, sollozos, susurros, siento olor de lirios… ¡Carajo! Me meto en mi ataúd esperando que los chistes sean buenos”. Aquí una muestra:

Alea Lacta Est

Julio César se subió el cierre de la bragueta.

Sí, yo también hice esa cara cuando leí este cuento. En fin, qué prejuicioso soy.

Nalvarte Lozada, Juan Carlos. El hombre de a cero, Cascahuesos editores, 2011.