El Círculo Blum, de Lucho Zúñiga

Por Hugo César Moreno Hernández

Quizá como resultado de los delirios de Lucho Zúñiga, El círculo Blum resbaló por sus oídos en una noche triste. En una noche triste y solitaria convulsa por pesadillas y la resuelta necesidad de construirse una pandilla. Pero Lucho no es de clikas sino de logias y se inventó en duermevela, recordando incidentes oníricos, una panda de locos enamorados de situaciones literarias. Personaje marcados por historias de filme reunidos por la trascendencia-inmanencia de las letras (trascendencia-inmanencia porque, a lo largo de esta especie de confesión integrada por entrevistas y relatos, la logia que le salió por las sienes se disuelve y reconvierte según el talante del narrador, inventando trascendencias en un instante de desconsuelo). Así, cuando el rostro público del grupo define su naturaleza, declara orondo, “Somos una logia literaria”. Sólo una noche de eclipse, es decir, una no-noche, una oscuridad fugaz y atronadora, podría parir una logia literaria sin sustancia pero materializada en producciones textuales.

Entre las líneas aparece el espacio de existencia no cuajado en los extremos, sino ondulante entre lo real-tangible, lo real-imaginado y lo imaginario-irreal, la ficción, campo de batalla donde la realidad sucumbe y se afianza con los escenarios, igual a una cucaracha tratando de escapar de la forma cóncava del lavabo, la realidad está fijada por la ficción: la memoria es ficción, quizá por ello, para la logia literaria de Lucho Zúñiga, “Ficción y Realidad son términos equivalentes”, sólo para no cuestionar el traslado entre una y otra, para poder disertar las realidades ficcionales que le dan sentido al invento, porque “la ficción es mucho más poderosa que la realidad”. Lo es debido a su carácter de potencia, es decir, siempre está ahí lista a explotar la realidad, desestructurarla para brindarnos panoramas diversos de un momento específico. Y es el autor el dueño del devenir de sus personajes, incluso cuando él mismo es personaje. Duelen, por absurdas, las opiniones que denuestan al escritor con vocación de golpeador de personajes, ése que maltrata sin pudor a sus creaciones. De alguna manera, Lucho Zúñiga es un golpeador de personajes, un escritor que sufre de violencia intratextual. No necesita ultrajarlos, basta con imponerse a ellos, basta con que les deje claro que “El destinocada partícula de nuestro destino, ¡está en manos del escritor!” para vapulearlos y divertirse con sus azoramientos. Sí, comparto la visión: “El escritor está convencido de que todo cuento es una criatura viva”, por tanto puede y debe ser torturada. No sé, sucede que si uno, como autor, se desenfrena contra sus creaciones es debido a la mala relación que se guarda con la realidad.

El escritor se maltrata a sí mismo con su ficción para darle menor peso a la realidad fáctica y destruirla. Tristeza y ficción se unen en la creación de la logia literaria que dominará la línea divisoria entre realidad y ficción y colocará la bandera de esta última en una parcela de la realidad: “Voy a gritar en silencio las cruces de mi lenguaje” es buena divisa para el escudo de armas franqueando las bombas ficcionales, preparando el discurso de toma del poder:

Toda nuestra historia se convertirá en la obra de un escritor. Todos nos convertiremos en personajes de ficción. Cambiarán nuestros nombres y las historias de nuestras vidas, pero no nuestro mundo interior”.

Sin bien, la pandilla de Lucho es producto de una mala noche de tristeza, soledad y realidad, la fórmula de secta deja percibir necesidad de control y dominación: dominar y controlar un mundo que, por interior, logre devenir en fuerza de transformación del medio ambiente circundante, aunque sea en forma de libro, de novela o relatos o forma-función textual que deje “presentar la existencia de su logia como ficción pura” a fin de mantenerla tan secreta como los apetitos más viles del escritor. Quizá hay un gramo de vergüenza en Lucho Zúñiga y en El Círculo Blum falten los elementos más descarnados de su plan de dominación, entonces se sienta frente al monitor (¿o la hoja de papel o la máquina underwood clásica?) y escribe el plan general de su obra: “La historia es la de un fanático de una logia literaria que conversa con un editor, hasta que lo convence de publicar el primer libro de su sociedad secreta”, con el motivo central de imponer el conocimiento verdadero: “La ficción es más poderosa que la realidad”.

El círculo Blum es el manifiesto de dicho conocimiento. En sus páginas Lucho Zúñiga crea la oscuridad del secreto para forjar al “autor [que] es el lector que abre los ojos a su autor”, como el aforismo nietzscheano, se trata de mirar al abismo para que éste regrese la mirada, la cual, si bien no es especular, sí es la mirada de quien mira, se mira hacia adentro, hacia su oscuridad y el regalo “es como si la realidad de la vida fuera anulada por la ficción, aunque sea por unos instantes”.

Zúñiga, Lucho. El Círculo Blum. Perú: Borrador editores, 2007.