Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso), de Diego Trelles Paz

Por Hugo César Moreno Hernández

La cronología de Hudson el redentor sucede en Lima. Los escurrimientos por donde se desangran los personajes tienen su herida de ignición en la década de los noventa. Fujimori gobierna y la mota (la hierba, la marihuana) es una especie de arca de la alianza (como en Indiana Jones, sin referencias al antiguo testamento) que exige aventuras y sagacidad para sortear la omnipresencia de los rayas (los pinches policías, carajo) y adquirir pase a un solaz profundo.

Lima es el escenario. Lima se filtra entre las letras con su lenguaje y acento, con su racismo y estrechez. Lima parece hermosa de tan carcomida, de tan buscada y odiada. El barrio es Libertad, según se explica, barrio de clase media. Los ánimos son adolescentes. Los dolores, cotidianos. Es Lima, pero una Lima hoy fenecida -a decir de Diego Trelles Paz en la dedicatoria que escribió para mí: “Aquí hay una Lima que ya no existe pero, como una procesión, se arrastra por dentro”.

Las playas y los amores en la Lima de Hudson el redentor dibujan mapas apestosos a humanidad pero sin caer en la tentación universalista. En su localía Lima tiene un rostro latinoamericano que bien pude suceder más al norte o más al sur. Sin embargo, el ambiente es Lima, sólo Lima. Porque el amor a la ciudad no permite traición de latitudes y Diego Trelles Paz transluce su amor al maltratar y maltratarse con el terruño. Si esta Lima ya no existe, si el Chato, Laurita, el Gordo, Raymond, Mango y demás pandilla sólo habitan fantasmales las calles de Libertad, si en el centro de Lima Hudson ya no se coge a Rebeca con asco ni escribe sobre las líneas de las arrugas y estrías de una puta vieja, entonces esta Lima, imposible, es más cautivadora, más máquina para hablar en difícil sobre sus ensoñaciones, más violenta y pandrosa.

Los capítulos o cuentos de Hudson el redentor se fijan en un punto que sólo en el tejido completo logran una panorámica donde tiempo y espacio se revuelven con las situaciones y fracasos, con sinsabores y ausencia de perspectiva. Los saltos son puntadas y los espacios vacios respiraciones que no exigen llenado. El vacío permite hacer el recorrido con las fuerzas recargadas para ser lacerado tersamente con un nuevo fracaso. Las vidas mínimas, casi infames, de los personajes dan talla no sólo a Lima, sino a todo el Perú arrastrando la historia de la década noventera de todo el hemisferio.

Pero insisto, no hay un ápice de pretensión aglutinadora. Sucede que, y de esto soy un firme convencido, cuando un autor hace autorretratos de su entorno social ciñéndose a los rasgos puros y exclusivos de ese rostro que le devuelve el espejo del entorno, consigue evadirse de la inmovilidad para estallar hacia todas partes, hacia todas las almas y no porque se haga entender o porque su escritura sea posible para todos los lenguajes, sino justamente por lo contrario, porque logra especificidad intraducible (digamos que logra ser único) para entrar con navaja en mano y cortar las membranas de lo dicho como universal. En el habla de Lima, en sus dejos, gestos y vicios, Diego Trelles Paz se lanzó en este, su primer libro, hacia el océano de las palabras para formar literatura espesa, dura, apestosa, como cualquier ciudad.

No se puede amar con imágenes idílicas a una ciudad. Lima no puede ser amada como una dama, sino como esa puta enamorada de un Hudson que no la miró a la hora de la cópula, o como esa niña hermosa que prefirió la facilidad del dolor con las lucas dispuestas o como ese chico con alma de poeta destinado al fracaso y a la muerte. No la muerte del futbolista enviciado, sino la muerte total, absoluta del fracaso como forma de vida, los relatos edificantes sobre el fracaso nos hablan de eso, del fracaso como forma de vida, como muerte en vida. Sí, las ciudades son fábricas de zombis abyectos motivados por la necesidad de seguir en un movimiento circular. Quizá esa sea su belleza. Por lo menos, en Hudson el redentor esa es la belleza de Lima y su aporte susurrado por sus autos atascados en las avenidas: No existe Hudson, no existe la redención.

Trelles Paz, Diego. Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso). Edición definitiva. Perú: Animal de Invierno / La Travesía Editora, 2013.

Hudson el redentor, Suplemento de Libros

Trelles Paz, Diego. Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso). Perú: Caleta, 2001.