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Por Claudia Guillén.

Creo, firmemente, que es riesgoso hacer una lista de los mejores libros de narradores mexicanos publicados en el 2012. Esta afirmación se basa en que, en el caso de una servidora, seguramente dejaré fuera títulos que no leí pero que deben de tener un valor estético. Así, pues, disculpen las omisiones y van mis aportaciones.

Cuentos a deshora, de Arturo Souto Albarce.
Volumen que integra al lector en esos mundos que para muchos serían ajenos. Esos mundos que no formaron parte de la vida del autor, en términos estrictamente biográficos, pero que él hizo suyos a través del conocimiento profundo de sus raíces ibéricas y que se muestran como el sustento para existir del autor. De esta forma, por este libro desfilan personajes como Unamuno, Machado, al igual que otros que podrían ser cualquiera que hubiera vivido en las épocas tanto de la guerra civil española así como de la posguerra.

Souto Albarce, Arturo. Cuentos a deshora. México: Artiga editores, 2011. 157p.

El mal de la taiga, de Cristina Rivera Garza.
Rivera Garza retoma “la estética del extrañamiento”, que tan bien le ha funcionado en toda sus libros y que forma parte de su voz narrativa, para crear una historia que presenta a personajes que parecen haber salido de un cuento de hadas; sin embargo, su estructura permite que conozcamos la realidad más cruel de esos escenarios. Por las páginas de este relato se aluden a personajes como Hanzel y Gretel, La caperucita roja, entre otros, para formar este cosmos semejante a un rincón alejado del mundo llamado La Taiga. Ese bosque que oculta la desesperanza de muchos y que se torna equivalente a un refugio con sus propias dualidades, por demás interesantes.

Rivera Garza, Cristina. El mal de la taiga. México: Tusquets. 119p.

Efectos secundarios, de Rosa Beltrán.
En un país donde no se lee existe este protagonista que se dedica al oficio de Lector, quien rechaza la lectura de las mantas que enuncian el porqué de los decapitados, o bien, lo periódicos que detallan la muerte de un “grupo de personas” que al ir a un baile se encontraron con la muerte a través de metralletas implacables, ya que prefiere internarse en el mundo de sus clásicos. La analogía que establece, la autora, entre la verdad del México contemporáneo con la de los cintillos de los libros es escalofriante, echando mano de una de una ironía puntual que forma parte de la narrativa de Rosa Beltrán.

Beltrán, Rosa. Efectos secundarios. México: Literatura Mondadori. 124p.

Insolencia. Literatura y Mundo, de Guillermo Fadanelli.
Son diversos los temas que integran este libro de ensayos y diversas las lecturas que se darán de estas reflexiones; sin embargo, en él se muestran, impecablemente, las diatribas de un pensador contemporáneo que parte de la premisa de que la libertad creativa no regida por una moral nos puede llevar a ejercicios de ficción que permitan crear mundos alternos para, así, alejarnos del desencanto de una sociedad en la que los valores se dan a partir del poder económico aplastando los intereses de lo humano.

Fadanelli, Guillermo. Insolencia. Literatura y Mundo. México: Almadía. 218p.

Brama, de David Miklos.
En esta novela el autor echa mano de un lenguaje directo matizado por un rico vocabulario que se vale de giros lingüísticos para dotar de una enunciación distinta a cada uno de los personajes, aunque todos tengan la misma obsesión: el sexo. Así podemos obtener los diversos puntos de vista de los que vivieron en esa casa y hasta de La Casa misma, para lograr una estructura polifónica que inserta el erotismo como una forma de desnudar el alma de sus personajes hasta sus últimas consecuencias. Por ende, este relato es despiadado pues nos muestra la decadencia de la naturaleza humana en su parte más profunda y por qué no, más bestial.

Miklos, David. Brama. México: Tusquets. 161p.

36 Toneladas. ¿Cuánto pesa una sentencia de muerte?, de Iris García Cuevas.
En lo personal me parece casi imposible que los escritores hagan a un lado lo que han palpado en su entorno y un buen ejemplo de esta afirmación es esta novela, finalista de los premios literarios de “La semana negra” de Gijón, España. Este relato realista, transita por los submundos que se gestan alrededor de la corrupción y el narco. Acapulco y Chilpancingo, Guerrero, son los escenarios donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Conforme la trama avanza desfilan personajes de muy distinto perfil a los que la autora les da voz desde la primera persona para ir construyendo la memoria del protagonista, al tiempo que les otorga una fisonomía humana que los muestra vulnerables ante las adversidades que se les presentas en lo cotidiano.

García Cuevas, Iris. 36 Toneladas. ¿Cuánto pesa una sentencia de muerte? México: Zeta. 162p.

Nobleza obliga, de José Woldenberg.
Cuántas veces hemos compartido con algún amigo lo que pensamos sobre temas diversos: hablamos con él sobre un personaje de la política, de nuestra propia postura ideológica, de un filme, de un actor, de un director de cine, de un libro, de la obra de algún escritor, de nuestros intereses inmediatos… Y si a este “hablar” se le da la oportunidad de convertirse en el ejercicio de un diálogo abierto con los demás, pues qué mejor. Es el caso de la última entrega de José Woldenberg, en la que el autor recoge un buen número de los ensayos sobre los que ha construido no sólo su ejercicio cotidiano, sino también su memoria más placentera.

Woldenberg, José. Nobleza obliga: Semblanzas, recuerdos, lecturas. México: Cal y Arena. 264p.

¿Hay una vida en la tierra?, de Juan Villoro.
El autor se encarga de expurgar temas que nos incumben a todos, de una u otra manera, en el sentido de que lo cotidiano logra darle sustento a nuestros actos más inverosímiles. En su mayoría, los relatos transcurren en la Ciudad de México y los que no, de cualquier modo aluden a esta nuestra gran mancha urbana. La memoria, puntual, de lo que fue y en lo que se ha convertido la urbe –por lo menos para quienes nacimos después de los años cincuenta, y en particular en las dos décadas siguientes–, permite que el lector se regocije con el humor intercalado como parte natural de cada pieza, y que se torna un eje más de la rica prosa de Villoro.

Villoro, Juan. ¿Hay una vida en la tierra? México: Almadía. 434p.

Fuga en mí menor, de Sandra Lorenzano.
El relato no tiene una estructura lineal y utiliza cambios de tipografía, a través de las cursivas, para dar voz a quienes relatan la historia del pasado; y se vale también de imágenes que permiten la aparición de pentagramas con el fin de ilustrar una pauta musical que obsesiona a Leo, el protagonista. Lorenzano echa mano de diferentes recursos para configurar su cosmos novelístico, el cual mantiene su tensión en la memoria a través del sonido y sus silencios.

Lorenzano, Sandra. Fuga en mí menor. México: Tusquets. 2012 p. 137

El beso de la liebre, de Daniela Tarazona.
Una protagonista, atípica, llamada Hipólita Thompson es quien realiza un periplo que la lleva por la vida y la muerte: para lograr su inmortalidad. Dotada por “Dios” de algunas características como telequinesia, entre otras, Hipólita se muestra como mujer cargada por sus errores a pesar de sus poderes “mágicos”. Tarazona echa mano de la ironía para la consolidación de un relato por demás afortunado que se nutre con el mundo, casi onírico, de los desdoblamientos.

Tarazona, Daniela. El beso de la liebre. México: Alfaguara. 236p.

+ Los mejores libros de narradores mexicanos publicados en el 2011.