La balada del rey y la muerte, de Koos Meinderts y Harrie Jekkers

Por José Luis Enciso

Posiblemente el tema de la muerte en la literatura para niños sea más común de lo que podría pensarse y de lo que suele abordarse en charlas familiares, quizá porque aquélla, al igual que la reproducción –alfa y omega de eso que los engolados gustan llamar “el ciclo vital”-, sigue considerándose un tabú que se finiquita con un “cállate, niño, ni lo menciones”. Tal vez sea prejuicioso afirmarlo, pero la censura en ambos casos resulta una costumbre tolerada.

Sin embargo, en libros emblemáticos destinados a los chicos, como El principito, el final de la vida ocupa un lugar importante en la historia aun cuando únicamente se hable de él sin hacerlo de modo explícito, sin usar el verbo que lo contiene; otros, a la manera de El mejor truco del abuelo de L. Dwight Holden, se enfocan en el vacío que genera la separación de figuras entrañables en la infancia, puede ser un abuelo cómplice, una especie de héroe y par, sin la promesa velada del retorno o de un encuentro posterior. Claro, la edad a quienes están dirigidos los textos tiene mucho que ver.

Para los lectores más pequeños, o aquellos que están en vías de serlo y aprenden mediante el oído, La balada del rey y la muerte, libro de Koos Meinderts y Harrie Jekkers, ilustrado por Piet Grobler, trata el tema pero desde otro ángulo que, a diferencia de los tipos de cuentos mencionados anteriormente, convierte a la Muerte en personaje y nos la muestra como una parte importante de la sociedad, con una función específica. Incluso sin convertirla en heroína, todo el argumento –con ritmo de balada, en justedad con el título- explora una respuesta a: ¿y qué pasaría si nadie muriera? El soberano protagonista plantea al inicio: “¿Qué es la muerte?”, y con esa pregunta nos invita a correr una aventura en su corte con sabios, caprichos reales, estrategias y todo lo que asumimos que encanta a los lectores jóvenes. La misión: atrapar y neutralizar a la Parca.

Se trata de un libro en el que la muerte, más que aterrar, llega a ser secuestrada por los habitantes de ese reino de osados animales –el monarca es un león-, desde una perspectiva ajena al infortunio, posiblemente la mejor forma de acercarse a una materia que se intuye difícil. La misma idea ha sido indagada en obras para lectores de mayor edad, por ejemplo en Las intermitencias de la muerte, de José Saramago, en la que su autor da inicio con una frase inquietante: “Al día siguiente no murió nadie…”

En La balada del rey y la muerte la sabiduría aportada por los consejeros del jerarca felino nos van dando respuestas a manera de preguntas que hacen del relato -acaso un poco previsible ante ojos adultos- con elementos que permiten a los chicos reflexionar no en aspectos espirituales o de tanatología, sino desde un punto de vista social, curiosamente.
Habla un consejero, en una página sin número –por cierto, el libro no tiene numeración-: “El sabio más listo dijo: -¿Me permite interrumpir? / ¿No será que con la Muerte tenemos que aprender a vivir?”

Es probable que esa frase resuma la esencia de este libro en el que la muerte ve revigorizada su fatal labor y sin perder su carácter enigmático, la solución a la pregunta del rey pasará, seguramente, a un segundo plano.

La balada del rey y la muerte, Suplemento de Libros, (SdL)

Meinderts, Koos / Jekkers, Harrie. La balada del rey y la muerte. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2011.