Reportaje: Literatura contracapital

En la actualidad, algunos filósofos, artistas y activistas de habla hispana elaboran un discurso crítico al sistema capitalista y, de acuerdo con una cuestión geopolítica, definen diversos tipos de capitalismos y sus modalidades opositoras.
Todas estas visiones sobre la falibilidad del capitalismo especulativo establecen vínculos entre dinero, eros y tanatos. En este texto, el periodista cultural, Alejandro Flores Valencia, consulta tres voces, la de los españoles: Beatriz Preciado (“capitalismo farmacopornográfico”), María Llopis, Eloy Fernández Porta (“capitalismo emocional”); así como a la mexicana Sayak Valencia (“capitalismo gore”), cuyos puntos de cruce nos permiten entender la fase actual de la esfera mercantil.

CONTRACAPITALISMOS POP
Por Alejandro Flores Valencia


El capitalismo emotivo, la superproducción de los afectos

De acuerdo con el catalán Eloy Fernández Porta, en la esfera económica, hoy también se especula con los afectos. De esta idea parte su libro €®O$, ganador del Premio Anagrama de Ensayo de 2010: “Lo que me interesa es la fase punk del capitalismo, aquellas manifestaciones que transgreden las narrativas creadas por la burguesía clasemediera”, dijo Porta en una conferencia en C.U. en aquel año.
Para el catalán, los apartados que dejan entrever el fin de la sociedad son aquellos donde surge lo terrible, lo abyecto, y para formularlo basa su argumentación en que los afectos son una superproducción capitalista. Ejemplo: la empresa Ashley Madison, que organiza adulterios entre personas casadas, una clara muestra de cómo se produce una “racionalización de los instintos” para la producción de capital.
En nuestra memoria persiste una cuestión: “Si el amor no es espectáculo, entonces ¿qué es?”, preguntó el filósofo a los presentes.

Farmacopornografía

Las visiones de Porta y Preciado coinciden en que la abyección es la mirada que se opone al discurso burgués. Mirar la pornografía en su crudeza y sin tapujos es una de sus modalidades. Pero, además, pensar en otro tipo de porno posible es la tarea crítica.

Beatriz Preciado

En su libro Pornotopía (2010), Preciado explica que el régimen del capitalismo farmacopornográfico se caracteriza por “la aparición de nuevos materiales sintéticos para el consumo y la reconstrucción corporal (como los plásticos y la siliconas), la comercialización farmacológica de sustancias endocrinas para separar heterosexualidad y reproducción (como la píldora anticonceptiva, inventada en 1947) y la transformación de la pornografía en cultura de masas”.
Los aditivos que usa este régimen para sostener a la pornografía como una de las industrias de libre mercado más rentables (las drogas, los fármacos) son la herramienta desde donde Preciado transgrede el capitalismo creado por el hombre blanco: como ejemplo, su libro Testo Yonqui habla sobre los efectos en su cuerpo al experimentar con testosterona.

Cambiar la forma de relacionarnos sexualmente
En sintonía con Preciado, la disidencia sexual (sacar la sexualidad de la visión hetero del mundo burgués) a partir de una resignificación de la pornografía es una acción política para la artista catalana María Llopis. Ella imparte conferencias y talleres sobre postpornografía, en los que redefine la posición de las mujeres en el porno abriendo un espacio hedonista y plural en contra del discurso heterosexual que hizo del porno una industria lucrativa con una narrativa machista y donde el papel de la mujer es pasivo.
Tengo una visión muy utópica con el postporno: para mi es la revolución total, una sexualidad totalmente libre. Creo que cambiando nuestra forma de relacionarnos sexual y afectivamente en el mundo se podría cambiar la sociedad, y se tendría una sociedad mucho más gozosa. Vivimos en sociedades en las que el deseo y la producción de afectos es reprimida y eso lleva a crear soldaditos que funcionan en un sistema represivo, así creces, te casas y luego pasas de ser reprimido a ser represor”, nos explica vía telefónica la autora del libro El postporno era eso (2010), en el cual explica el movimiento postporno a partir de un relato personalísimo, a manera de bitácora, en donde su objetivo colateral es alcanzar un orgasmo personal, o como ella misma dice: “correrme solita”.

Hay mucho amor en el postporno: no es un movimiento frío porque somos personas y porque está muy conectado con la sexualidad y la pulsión de la carne. Va todo unido. Y si lo separas te deshumanizas un poco. Yo creo que eso es lo que pasó con la pornografía mainstream”, agregó Llopis.

Dinero y muerte: capitalismo gore

Sayak Valencia es filósofa y artista de performance. Nació en México pero actualmente vive en Madrid donde se desempeña como investigadora en teoría de género. A pesar de la distancia, viaja constantemente a su ciudad de origen, Tijuana, lo cual la mantiene muy en contacto con la realidad de nuestro país. Con el escalamiento de la violencia a finales de 2006, a ella le tocó ver de cerca sus efectos: un día ella iba conduciendo su automóvil por una de las vías principales de Tijuana, muy cerca del centro, y de repente se dio cuenta de que había una bolsa delante de ella. Frenó. Ella asumía que se trataba de una bolsa de basura. La fricción de las llantas del automóvil propició que la bolsa al contacto se rompiera. En ese momento ella se dio cuenta de que en esa bolsa no había basura sino el torso descuartizado de un hombre.

Sayak Valencia

Ese día entendí que ese torso era también yo y que, por ello, tenía responsabilidad”, dice Sayak, vía telefónica desde España. “Me di cuenta de que mínimo tenía que explicarme qué está pasando. El proceso en México está desatado y no teníamos un lenguaje para describirlo”, apunta. Por esa razón a la violencia y el asesinato como medio de empoderamiento de quienes llama “sujetos endriagos” en la frontera norte de México (pero que se puede expandir a otras prácticas en el tercer mundo) lo llamó capitalismo gore, cuyo libro homónimo se publicó exclusivamente en España, sin distribución en México.

Me interesa analizar un proceso que viene de la construcción de un Estado autoritario y que encuentra en el modelo del macho mexicano su más grande potestad, lo cual tiene que ver con la construcción de la masculinidad en México. En el norte, los jóvenes no tiene figuras que no estén vinculadas con el crimen. Todo mundo quiere ser un narco.

Capitalismo gore habla de un empoderamiento a través del ejercicio de la violencia y por ello ésta se vuelve rentable. Significa utilizar la muerte de otros como un espacio de enriquecimiento económico”, concluye la artista.