Severina, de Rodrigo Rey Rosa

El maral de lecturas
Por Nahum Torres

A sabiendas de que incluso en la ambigüedad cabe la frase precisa, en las poco más de cien páginas de Severina, Rodrigo Rey Rosa juega al Flaubert contemporaneizado. Su logro se afianza en construir una novela romántica (un tanto comercial) auspiciada por el influjo del thriller a cuentagotas. Veamos:

Ambientada en ciudad Guatemala y Antigua, Severina es la obra menos empañada de realismo social centro o latinoamericano de este autor, acaso encontraremos como breve sustrato de ‘la realidad’ a un comando en emergencia que asiste a un hospital. Sin embargo, a Rey Rosa le bastó crear una librería en el fondo de una plaza comercial como epicentro de una relación insensata pero erótica al fin y al cabo entre un librero (sin nombre) y una ladrona de libros (‘Ana Severina o ‘Severina’ a secas), para quien robar “no era un síntoma sino una razón de ser“.

Cuando ‘Ana Severina’ roba “una edición en pasta dura de Las palmeras salvajes de Faulkner en la traducción de Borges“, descubrimos entonces que, en gran parte, Severina trata no sólo de obsesiones (los libros, las lecturas, la mujer y el amor) sino como en la novela citada también de imposibilidades: la imposibilidad del amor, sí, pero también la imposibilidad de captar (desde la óptica masculina) lo que algunos llaman “el espíritu femenino“. Las palmeras salvajes son así detonante de una imposible descripción. No por algo el melancólico librero revisa diariamente la lista de libros sustraídos por ‘Ana Severina’, pues con ella pretende comprender a esa misteriosa, seductora, inasible, casi espectral mujer.

En esta novela, el guatemalteco nos plantea una disyuntiva amorosa para nuestra época: “Una serie de figuras inconexas me llevaron a pensar en que la idea del amor recibida de los románticos, que lo asocian con la muerte y a veces con el diablo, es demasiado sombría para ser, hoy, creíble y, menos aún, deseable. El nuevo amor, el amor peculiar del siglo veintiuno, tenía que ser distinto.”

Así, entre ideas y figuraciones, el librero se adentra a un mundo de ilusión: “la liberación por medio del amor”.

Las librerías son como gusaneras de ideas. Los libros son como bichos que vibran y murmuran”, piensa el librero/narrador y nos da una pista a los lectores, para que en algún momento, repensemos esta breve novela como una obra romántica que es gran parte alimentada por una relación intensa con los libros, esos objetos de placer en los que es posible encontrar la solución a ciertos enigmas, o como portadores de un arte específico: el del engaño.

Rey Rosa, Rodrigo. Severina. Alfaguara, 2011.