Rockabilly, de Mike Wilson

Por Nahum Torres.

El autor relata conceptualmente. El lector entonces piensa en un género musical, en una película slasher, en el deterioro de una época y entonces todo se desdibuja.

Novela de solitarios y resquebrajamientos morales, Rockabilly, del argento-norteamericano Mike Wilson (1974), es un compendio de personajes que provienen de un imaginario de transtorno y decadencia -a la David Lynch.

Todo sucede durante una noche aberrante en la que tras un estruendo, del cielo algo cae trastocando la cotidianidad de cuatro personajes cuya única relación entre sí es el vouyerismo recíproco. Un epígrafe es prefiguración: “Only the lonely / Know this feelin’ ain’t right” (Roy Orbison dixit).

El lector encontrará entonces arquetipos: ‘Suicide Girl’, confusa quinceañera espía de un hombre llamado genéricamente ‘Rockabilly’, en cuya piel se encarna ‘She-Devil’ (mujer-tatuaje pin-up de aires sádicos); así como a un obsesivo cuarentón llamado ‘Babyface’, con una extraña enfermedad que lo “asemeja a un dios infante“. Finalmente ‘Bones’, un perro reflexivo que narra también gran parte de esta novela de situaciones bizarras, cuya estructura fragmentada permite reconocer pensamientos, acciones y emociones de cada uno de los involucrados, los cuales parecen posesos, sin voluntad propia.

Narrativa que se difunde desde tierras chilenas pero que está más cercana a una revisión del American Way of Life a través del insomnio vintage, en el que el autor ironiza sobre ciertos códigos y fijaciones de la cultura estadounidense mediante un estilo cinematográfico; es decir, incluyendo elementos de la narratología proveniente del cine (fades out, huecos), y en específico del cine Serie B para guiar al lector, desde la primera frase (“Rockabilly se mira al espejo de un baño mugriento“) hacia el vacío americanizado de la existencia. Al submundo del white trash.

Qué mejor lugar que un suburbio en el nowhere como escenografía de la desolación: “El paisaje parece una maqueta, como si fuese en realidad la miniatura de algún lugar que existe. A lo lejos, se ve el cartel luminoso de Wal-Mart, se eleva sobre las casas. Corona el suburbio como si fuese un templo o una gema… No, mejor aún, un faro radiante que vela por nosotros.”

Al final, la precoz adolescente quema el infernal terruño materno y el infantilismo (representado por ‘Babyface’) asesinó una época que ya había cavado (cuasi los efectos de la narcosis) su propia tumba.

Wilson, Mike. Rockabilly. Alfaguara, 2011.