Mala fe sensacional, de Luis Panini

Por Antonio Ramos.

Los cuentos del narrador regiomontano Luis Panini nos ofrecen estampas veloces y ácidas de actos de mala fe. ¿Qué es un acto de mala fe? Un hecho que nos violenta, que tiene en el abuso y la burla sus materias primas. No espere el lector en estos relatos una redención ni cálido abrazo de un amigo.
Ya desde Terrible anatómica, Premio Nuevo León de Literatura en el género de cuento, Panini había dado muestras de una prosa de furiosas dentelladas. Los cuentos que componen Mala fe sensacional son una exploración más sobre estos territorios oscuros del hombre. Breves, precisos, los relatos —alrededor de sesenta— son estampas en los que el lector encontrará un desfile de seres esperpénticos en su fabulosa naturalidad, en su vida cotidiana, pero que tienen guiños que los hacen volubles, que los transforman y nos transforman al leerlos.

Se trata de cuentos que harán enojar o reír; los harán cómplices.
Dos ejemplos: en Todo sobre mi hijo, unos padres limpian el departamento de su hijo recién fallecido. El padre, mientras ordena, encuentra una gran cantidad de películas gay y revistas que su hijo atesoraba, causándole el azoro de inmediato. En El tamaño de la familia, una madre amorosa asiste a la competencia de lucha de su hijo. Cuando éste gana, el hijo corre a abrazarla y le restriega su voluminoso miembro en el vientre. La madre no deja de sentirse orgullosa no sólo por el tamaño del pene de su hijo, sino también al ver que ya es todo un hombre y el jefe de la familia.
Pero no sólo historias como estás hay en el libro. Mala fe sensacional es una especie de muestrario de sorpresas, pero también de estructuras literarias. La mayoría de las historias narradas en presente nos permiten asistir como espectadores del momento de las tramas que el autor convoca. Son cuentos que siempre terminan en algo muy distinto de cómo empezaron, sorpresa que todo lector agradece.

También hay historias que ofrecen otras ópticas sobre un hecho ya conocido como en el cuento Dos buitres, uno espera, junto al buitre, que una niña agonizante muera, relato en palabras de la célebre fotografía de Kevin Carter, premio Pulitzer. En esta historia no se sabe cuál es el segundo buitre: si el fotógrafo que toma la imagen o el lector que siente algo ante la imagen, sea rechazo o placer estético.
La estructura de estos cuentos recuerda mucho a algunos de los relatos de Historias de cronopios y de famas, en especial, Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo.
Como Cortázar, Luis Panini nos ofrece un mosaico y al final nos sorprende con el cambio sutil de la historia, pero un cambio que nos hace movernos de la silla. Cuentos poderosos, sorprendentes, cínicos y si duda, de mala fe.
Es lugar común, además, decir que la narrativa escrita en el norte de México sólo es del narco —declaración de mala fe, además—. Con este volumen, Panini, nos recuerda que más allá del lugar común, en el norte hay narradores diversos, ricos e inteligentes que no necesitan tomar un rifle para saber golpear.

Panini, Luis. Mala fe sensacional. Fondo Editorial Tierra Adentro-CONACULTA, 2011.